
EL PERIÓDICO |
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USTED DIRÁ
Por Adán sin Edén
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Mañana a las seis se habrá resuelto todo, para bien o para mal. Llegaré, pasaré, oiré lo que me tengan que decir y se acabó. No quiero darle vueltas ni un minuto más; no quiero ni mover un músculo. Las emociones son mías. Mías y de quien yo quiera que las comparta conmigo, pero de nadie más. Yo ya he hecho lo que tenía que hacer y ahora es cosa de otros, así que, que me digan lo que tengan que decirme y punto. No quiero que se me note nada. Si me tengo que tragar algo, me lo tragaré, pero no quiero que me noten a qué me sabe. Lo otro es pornografía de los sentimientos, y no lo quiero. ¿Seré capaz? Vete a saber qué pasará, qué haré. Bueno, al menos tengo la seguridad de que no lloraré. Pero ¿y si me ruborizo, si se me enganchan las palabras, si me tiemblan las piernas? Eso no lo controlo. Claro que puedo tomar antes unas pastillas, o unas hierbas, o lo que sea para tranquilizarme, para que me dé todo igual. No. No quiero. Quiero enterarme bien, tener la cabeza despejada, gozar o sufrir del todo, sin red. Eso es vivir ¿no? Vivir intensamente. Dicen que los deportistas de élite antes de la prueba la imaginan con detalle para concentrarse, imaginan que la superan, se ven a sí mismos pasándola. Pero, claro, ellos ya han hecho y han repetido el ejercicio infinitas veces antes. Yo no. Yo no puedo imaginármelo porque esto es nuevo para mí. Como mucho puedo fantasear. A ver: llamaré a la puerta, entraré suavemente y saludaré con educación (nada de esto me cuesta trabajo), me sentaré delante de la mesa y, con calma, diré: usted dirá . |
Adán sin Edén
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