

TRIBULACIONES NUPCIALES
por ***BALTHOS***
No sé cómo decírselo, ni siquiera sé si debo decírselo. Lo nuestro fue tan reciente. ¿Cuánto tiempo pasó desde que rompimos? Año y medio, justo el tiempo que llevo saliendo con Paloma, mi futura mujer. Recordará no sólo que no tardé ni dos minutos en consolarme con otra, sino que no tengo vergüenza al decirle que me caso como si nada hubiera pasado entre nosotros, como si el rencor que nunca hubo hubiera abierto la herida más sangrante, no porque le dije cuando nos separamos sino por lo ella me ocultó. Creí que todo se esfumaría en lo intrascendente. Creí que Paloma se separaría de ella según las normas y las convenciones al uso. Pero no imaginaba que la amistad de simples compañeras del trabajo diera tanto de sí. No lo supe hasta que Paloma dijo que, llegado el día, me ocupara personalmente de enviarle una tarjeta a mi ex, comunicándole que me caso. Entonces debí tomarlo a guasa. Hoy lo considero una obligación dolorosa y llena de remordimientos. ¿Mejor adelantarme a los acontecimientos? ¿Mejor tarjeta que telegrama? ¿Mejor carta? ¿Llamada?, no, no. Enfrentarme a su voz sería como enfrentarme a una tortura, con la agravante de lo que en su momento no supe sí fui capaz de intuir, de averiguar después. Paloma no sospecha nada; sabe algo de mi historia con Laura, pero nada más. Si lo supiera todo no hubiera puesto esa cara de extrañeza ante mis excusas para no comunicarle nuestro próximo enlace; para, si tanto era su interés, invitarla a la ceremonia. Creo que ni siquiera se casaría conmigo. Además, Laura no iría a la boda por nada del mundo... Aunque, después de hacer lo que hizo, ya nadie pensaría qué bien le sienta la maternidad. |
***BALTHOS***
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