

TE INVITO A VOLAR SOBRE MI MONTE
por CLARA




Cuando estés relajado, tranquilo y tu imaginación dispuesta a soñar, cierra los ojos y sentirás cómo mi mano toma la tuya para llevarte a volar sobre mi monte. Nos elevaremos despacito, sintiendo la cálida brisa acariciarnos y el sonido de las olas rompiendo en los acantilados. Sobre un mar verde, transparente y limpio, los botes de los pescadores, se van acercando a la orilla para vender su pescado fresco que aún brinca sobre el fondo de las pequeñas embarcaciones. Pasaremos sobre pueblos blancos que huelen a pan recién hecho y veremos a los labradores trabajar sus tierras. Alejándonos de la costa, seguiremos subiendo para acercarnos a los pinares que cubren las altas montañas, volaremos bajito para poder disfrutar del aroma de los pinos y en uno de los claros del monte, cubierto por una alfombra de florecillas, podremos descansar unos minutos antes de remontar el vuelo hacia la cima de las montañas. Marrones, negros, rojos, amarillos, blancos... infinitos colores son los de la tierra que cubre las cumbres desde donde majestuoso se divisa el Faro que con alguna que otra cana del pasado y del mar, aún conserva en esta época. Mientras, se difumina la estela de colores rojo y naranja que, al caer la tarde, el sol ha dejado en el horizonte. Esperaremos la llegada de la noche viendo como se va cubriendo de estrellas el cielo, tantas que parece no quedar lugar para una más y tan cerca, que tememos tropezar con ellas en nuestro vuelo. El silencio, que en la cumbre es tan denso que puedes oír la respiración, se irá llenando de voces mientras descendemos, son los cánticos de los grupos de amigos que con sus guitarras se reúnen para cenar en alguno de los bodegones. Esta que ves abajo, es una villa donde todos cantan, no importa la edad ni el estatus social. Sé que esta gente acogedora y dulce, te hará sentir en casa. Para terminar nuestro vuelo, llegaremos hasta mi terraza, sobre el acantilado junto al mar y (ya que estamos soñando) escogeremos la noche que más te guste. Yo las he visto todas desde aquí: Negras de tormenta donde los relámpagos iluminan el entorno del Faro y el mar brama, con tal furia que no se escucha nada mas; Noches de luna brillando en un mar tranquilo, como si de un espejo se tratase; Noches sin luna donde puedes contar las estrellas fugaces que cruzan el firmamento... Después, te pediré que respires profundamente, para llevarte la última bocanada de aire puro de esta tierra y te iré soltando la mano, poco a poco, para que regreses a tu vida. (Gijón, Asturias) |
CLARA



