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DE CHARLA CON MIS GUÍAS
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Me cuesta mucho escribir. Llevo muchos años intentando transmitir todos los conocimientos que me han sido dados. ¿Cómo explicar cosas que no existen con palabras que aún no han sido inventadas?. Como siempre, debemos utilizar un lenguaje equivocado para explicar conceptos increíbles, lo que lleva, en la mayoría de los casos, a no ser interpretados correctamente, a crear nuevos escepticismos o fanatismos extremos. Realmente es difícil conseguir el equilibrio, pero como me dice Mi Guía: “Debes escribir solo para quien te entienda. Hay miles de seres esperando las respuestas que tú tienes. Si solamente uno de ellos te lee y encuentra el camino, habrás completado tu misión.” Mi Guía, no tiene nombre. Bueno, en realidad no lo necesita. Él es único antes, ahora y después, en todos los planos. Igual que todos los demás, incluidos nosotros. Dice que si quiero puedo ponerle uno y llamarle como a mí me guste pero que no lo necesitamos, que cada uno es su propia luz y es tan fácil distinguirnos como una flor de una mariposa aunque se hallen las dos juntas. Cuando quiero hablar con él, le envío una burbuja de luz con mis sentimientos, preguntas o cualquier otra cosa. Él me responde igual. Noto como me llega la respuesta. Es un pequeñísimo puntito en medio de mi mente que cuando comienzo a tirar de un aún más pequeño y minúsculo cabo, no tiene fin, y este “hilo” se va ensanchando y haciendo grande hasta dar forma y color a las respuestas, como si fuese una gran pantalla de cine. Cuando lo he comprendido y me doy por satisfecha, dejo de jalar de la madeja y el resto de la información (que a veces ni yo misma sé que la tengo) se queda almacenada y surge cuando lo veo, lo leo o me lo preguntan. Sé que tengo información de muchas cosas que yo no sé que sé. Aunque con las que sé ya hay para rato. Podría estar toda la vida escribiendo y no acabaría. Dice Mi Guía que demasiada información de cosas que no comprendemos, nos descolocaría y que es suficiente con que marque un camino para que otros puedan continuarlo por sí mismos, porque este es un viaje que se debe emprender solo, aunque se puedan dar pistas, como estamos haciendo ahora. Puedo encontrar en una gruta, infinita, con lagos, bóvedas y su propio paisaje, pero ¿cómo puedo enseñarte su belleza?. Por más que quiera explicarte, no puedo hacerte sentir lo mismo que sentí yo dentro de ella. Lo que debo hacer es decirte como puedes llegar hasta allí y orientarte en todos los detalles del camino, así, cuando nos volvamos a encontrar, podremos hablar de la gruta y comprendernos comentando su belleza, luces, formas, contrastes, color, etc... Este es el camino más recto de la espiritualidad (entendida por la felicidad terrena que todos buscamos) y que se debe conocer para compartir, pero todavía son pocos los que saben llegar allí. En estos momentos estoy pidiendo a Mi Guía que mi inspire un nombre para utilizarlo aquí dada la necesidad de distinguirlo más adelante de otros Guías de los que hablaremos. Me dice que le llamemos Yogui, el oso de los dibujos animados. Me hace reír porque no me ha dicho solo “Yogui”, sino que al mismo tiempo me ha dado una imagen del mismo, haciendo una payasada. Me dice que quiere hacernos reír a todos, porque así llegaremos más rápido. La risa es un atajo. Otro de mis Guías, se ha puesto a su lado porque quiere ser Búbu. ¿Parece una tontería, verdad?. Pero no lo es, es la cosa más seria que he aprendido de ellos: La risa corre paralela al amor y son distintas formas de la misma energía, y únicamente con esa “energía” podemos conocerles. El amor (a falta de una palabra mejor que lo defina... ¡Vamos a inventarla!: la llamaremos "sindala") es el código de barras que abre la puerta de otros mundos y es una contraseña imprescindible sin la cual no se puede pasar al mundo de la Luz. Es una protección contra “vándalos” que si pudiesen acceder “allí” destruirían la armonía de lo que es y de lo que no es. Su poder no tendría límites. Con sindala, entras. Por ejemplo, la sanación. No me refiero a la sanación psíquica o magnética que solo son periódicas (como si te tomases una aspirina. Su efecto pasa, pero el mal persiste), sino a la de verdad, lo que llamamos milagros, a la energética. Pero no de nuestra propia energía, que nos debilita, como algún tipo de imposición de manos. No. Hablo de la que se trae de “allá”, en la que se hace solo de intermediario, como el grifo de una fuente inagotable. Sin sindala, sales. Puedes hacer millones de milagros, pero solo si te dejas llenar por el sindala, puro, altruista, generoso, poderoso y mágico, puedes llegar al “Poder”. Si no das el código de barras, no entras. Es así de fácil. La “magia” no falla nunca, somos nosotros los que no la alcanzamos. Hay que reír con la risa infantil, inocente y pícara. Cuando las adversidades de la vida me impregnan y me resulta difícil contactar con Yogui, utilizo un pequeño truco: Me pongo a pensar en el nacimiento de mis hijos, en el sentimiento de ternura que me embargó cuando les vi su carita arrugada y con pegotes de placenta aún en el pelo. Este amor generoso, me hace conseguir el sindala necesario para pasar el umbral y hablar con él-ella (la veo con forma de mujer, pero es la imagen que yo misma me he creado para comprender su esencia). No es que se vaya, no. Siempre está ahí, lo que pasa es que no le oigo. Me habla, me habla, pero no puedo oírle. Todos, todos, tenemos nuestro Yogui particular. Oírlo depende de cada cual. Yo os puedo ayudar marcando el camino. Los más “primitivos” solo tienen un Guía, lo que definiríamos como “Ángel de la Guarda”. Si no pueden oír a ése, ¿para qué quieren más?. Conforme vamos ganando espiritualidad, se van añadiendo otros maestros (los Guías son maestros espirituales). Yo tengo cuatro, aunque solo conozco a dos de ellos y el por qué están conmigo. Los otros dos, son todavía un misterio. Pero ahí están, junto a mí, en una piña. ¡Ja! ¿os parecen muchos?. Mi segunda hija, Zaida Alicia, tiene doce y no somos ninguna de las dos privilegiadas. Conozco a gente con 22 y hasta 32 Guías. Incluso hay entre nosotros quien los tiene todos, donde "todos" son el infinito y a él se llega con la perfección en armonía, con la unidad del cuerpo, el alma, el espíritu, la mente y la consciencia. La primera vez que tuve conciencia de la existencia de Yogui, fue cuando tenía ocho años. Era primavera, un día caluroso, las tres de la tarde y me dirigía al colegio. Al cruzar un descampado, por donde atajaba siempre que hacía tarde, alguien me habló. Me quedé tan sorprendida que recuerdo que me paré y miré a mi alrededor mientras me decía la voz de alguien invisible: “Corre, corre, que te quieren coger. Corre”. No era una voz interna, la oía en el exterior perfectamente, con urgencia, de alguien que camina a mi lado. Yo buscaba a quien tan urgente me apremiaba mirando a todos sitios, pero solo vi, un poco retirados, a dos jóvenes caminando y charlando animadamente. Desde mi posición no se podía oir su charla, así que seguro que no eran ellos a quien yo oía. Uno era delgado, de 18 años y llevaba arrastrando una bicicleta. El otro un poco más bajo y regordito, tenía 22. (Claro que lo de la edad lo supe después, son datos de la guardia civil). Miré hacia ellos y les presté un poco de atención, pero parecía que yo no les importaba porque ni me miraron. La voz seguía: “Corre, corre, que esos chicos te quieren coger. Corre”. Yo, asustada porque no comprendía de donde venía esa voz ni lo que me quería decir, anduve más despacio. De pronto, el más gordito se despidió de su acompañante y comenzó a correr para coincidir conmigo en la convergencia de los dos caminos. ¡Y me agarró!. Me alzó por la cintura y conmigo al vuelo entró en un corralón, en el mismo camino, con un gran portalón de madera. Inmediatamente entró el otro individuo y atrancó la puerta. Mi secuestrador me tapaba la boca con presión. Recuerdo que yo no pensaba en escapar, solo quería quitar su mano de mi cara para poder respirar. La voz, un poco más queda me repetía: “¿Porqué no me has hecho caso, por qué?”, con voz apenada y triste. Bueno, creo que no viene al caso contar toda la historia, de la cual salí ilesa. No tengo ningún inconveniente en hacerlo personalmente a quien tenga interés. Desde ese día, no hacía más que preguntarme sobre la misteriosa persona invisible que quiso protegerme (y que al final me protegió). Por supuesto que no le dije a nadie lo de mi amig@ invisible, creerían que estaba loca. Sí que conté mi desgraciada aventura y atraparon a los culpables. Así fue mi primer contacto, que recuerde. Después, ha habido muchos más. Nos hemos enfadado (yo con él-ella, porque Yogui no se enfada nunca, todo lo comprende y lo disculpa) y nos hemos separado a temporadas, perdiendo el contacto al no poder (querer) yo, dar el código de barras que activa el conmutador (sindala). Me han puesto pruebas muy duras y me las siguen poniendo, pero ¿conoces a alguien espiritual que no haya sufrido?. Yo no. A veces (siempre), cuando creo que no puedo más, me acarician el pelo o la cara y me recuerdan que no hay ningún imposible para mí, que aún podría aguantar más si fuera necesario y que soy como el ave Fenix, que resurge de sus cenizas con más fuerza, con más brío. Mis amigas, Marietta y Pepi (entre ellas no se conocen, todavía) dicen que soy una superviviente (ellas también). Y aunque la definición no sea mía, creo que me encaja muy bien. Cada vez aprendo más, con lo que cada vez sufro menos. Me cuesta enfadarme. En realidad, profundamente no me enfado nunca, pero a veces hay que hacer el teatrillo para recolocar las cosas en su sitio. Nunca dejo que el enfado me llegue al corazón, así mantengo mi alma limpia y no tengo que hacer "limpieza" para entrar de nuevo en el sindala. No me considero ni más ni menos que los demás humanos. Tengo rachas, como todos. Subo y bajo como las olas del mar, pero eso también forma parte de mi entrenamiento, porque ¿cómo voy a entender el sufrimiento y el dolor que no he sentido?. El principio de ayuda es el Saber, porque si no sabes, no puedes ayudar. Para culminar la misión que me ha sido encomendada con el inicio de la nueva era, necesito la ayuda de los otros (de vosotros) que saben que están aquí “para algo” y no encuentran el camino. Dice Búbu que no estamos idos, que somos unos locos maravillosos y es tiempo de unirnos para el Gran Cambio. Se pone serio y añade: “ Quien quiera ser un borreguito que siga a un líder, que se busque a otro. Aquí se trata de ser iguales, de intercambiar conocimientos y experiencias y que cada cual siga su camino, caminos paralelos hacia un mismo horizonte, allá donde nace la luz, Quien pretenda que lo hagan todo por él, que piensen por él, que se limite solo a obedecer creyendo que así ganará el cielo, que se coloque a un lado del camino y no estorbe. REPETIMOS: solo enseñamos el camino, NO SOMOS EL CAMINO. Buscamos personas, humanos nada más. Cada uno con su propio valor que aporte lo mejor de sí mismo y quiera compartirlo”. Búbu, has estado un poco brusco. “Quien quiera entender, que entienda. El camino hay que andarlo solo. Cada cual tiene sus propios maestros espirituales y distinta misión. Si los maestros (encarnados) de los Nuevos Tiempos se nos adormecen, nos pasará como la otra vez que tuvimos que evacuar”. ¿Quieres que expliquemos ahora lo de la evacuación?. “No, más adelante. Aún hay tiempo. Vamos primero a despertar conciencias para aunar mentes y voluntades. Sigamos”. Debemos ser críticos para con nosotros mismos y dejar a los demás con sus propios problemas. En todo caso compadecerles y enviarles mucho cariño. ¿Conoces a alguien feliz que sea malo?. El malo es malo porque no es feliz y cuanto más infeliz es, más maldades realiza. Si le enviamos cariño, será un poquito menos malo. La base de la maldad es la falta de amor para con uno mismo. Uno es malo porque no se quiere, no se acepta como es. Reconoce en cambio, aunque no lo exteriorice, que hace daño a las personas felices, porque quiere ser como ellas (tiene celos de su felicidad) pero no sabe cómo lograrlo y ello les causa dolor. No hace falta dar la otra mejilla, con que te abofeteen una es suficiente. Se les devuelve un chorro de cariño y te apartas de su lado. Con el tiempo verás que conforme vas ganando espiritualidad, te vas volviendo invisible para ellos, igual que ellos desaparecen para ti. Voy a dejar que sea Yogui quien lo explique. “Todos habréis oído hablar de los niveles de evolución. Éstos corren paralelos y sus bordes se entremezclan como los colores del Arco Iris. Los niveles son velocidades de vibración. Imaginaros la hélice de un motor o los radios de una rueda de bicicleta, da igual. Se ve cuando está parado y a medida que aumenta la velocidad, desaparece. A mayor espiritualidad, mayor el es nivel de vibración y mayor la invisibilidad para planos inferiores. Esto es algo que se comprende cuando ocurre, por lo que tendréis que ir comprobándolo por vosotros mismos durante vuestro aprendizaje. En un futuro no muy lejano, la muerte ya no os supondrá ningún trauma, puesto que elegiréis cuando os queréis ir y tras celebrar una bonita fiesta y despediros de vuestros amigos (incluyo a todos los seres queridos, incluso familiares), desapareceréis a vista de todos, despacio y con una sonrisa. Esto se consigue vibrando a mayor velocidad. Quizá ahora os parezca un poco complicado de entender, pero espero que lo tengáis un poco más claro antes de que pongamos el FÍN. Podréis volver siempre que queráis (refrenando las vibraciones) a tomar forma física en este vuestro plano, aunque seguramente nunca lo hagáis (por respeto). La sabiduría consiste en tener poder para cambiar las cosas, entenderlas, y dejarlas como están para que continúen su evolución natural, sin interferir. Es muy importante enseñar a nacer y aprender a morir. Eso es tarea vuestra, pero aunque lo sabéis, no lo practicáis. También os enseñaremos a hacer eso” El poder ser visible o invisible no es tan difícil ni descabellado. Por ejemplo las embarazadas: solo las ves, cuando estás encinta. Parecemos una plaga. Nos vemos todas, por lo menos cuatro o cinco distintas cada día ¿a que sí?. No tengo comparativo masculino, pero me imagino que cuando se rompen una pierna, verán escayolas por todos sitios, cuando en un estado normal, pasan desapercibidas. A eso lo llamamos la vibración por simpatía. Si no vibras a la misma velocidad, no los ves. Somos invisibles unos para otros. Hay también otro sistema de ocultación que consiste en formar una burbuja de luz que nos cubra. Es muy fácil, solo se necesita práctica. Yogui y Búbu, me piden que os transcriba una poesía. Es un principio de no juzgar. Me la dictaron ellos en uno de esos momentos tontos de mi vida. La hemos titulado: UN KILO DE AMOR, POR FAVOR.
Son preguntas sin respuesta, porque para responderlas debemos conocer la espiritualidad, la esencia misma de la persona en cuestión. Las cosas no afectan a todos de la misma forma y las decisiones sobre como utilizar la vida, depende de muchos factores que desconocemos, por lo que sentenciarlos sería como si un juez dictara sentencia antes de comenzar el juicio. Somos parciales para juzgar y crueles para sentenciar. Condenamos con ligereza los actos o debilidades de otros y sin embargo justificamos los nuestros con mil excusas. Cada individuo tiene su camino y su propio aprendizaje. Todo es bueno porque son distintos caminos para llegar al mismo lugar. No seamos jueces, no tenemos ningún derecho. Yogui, Búbu, es la hora y el momento. ¿Puedo?. “¿Estás preparada para lo que vendrá después?”. No lo sé, pero hay que hacerlo. Lo he callado muchos años, demasiados... Sí, estoy lista. “Pues cuéntales un cuento”. Allá va: Todo lo que veis, lo que sentís, es una de las vibraciones más bajas de lo que Es. La palabra “vibraciones” tampoco es exacta, pero no tenemos otra mejor que lo defina. Ya hemos visto que el sindala es la forma más pura y armoniosa del “Ser”; es la comunión con nuestra verdadera esencia, la entrada al mundo mágico de la perfección y los deseos. Es el teléfono que nos comunica con nuestra casa desde la distancia. Nos acerca a los seres queridos, nos reconforta y revitaliza. El sindala es entregado, generoso, altruista; es el amor en la más pura de sus formas; es la risa, la simpatía, el perdón; es la conexión con el Universo, con la naturaleza, con los Humanos y los demás seres vivos. El sindala es el código de barras (el único) que nos permite ser dioses con el raciocinio del que seamos capaces. Es la conexión con otras dimensiones; con el mundo (mundos) invisible, que no podemos ver pero que podemos sentir y comunicarnos con la misma sencillez que una charla entre amigos. Las dimensiones las delimitan los niveles de conocimiento y todo el conjunto se define y se diferencia por las distintas velocidades de vibración de la energía (átomos). A cada grupo de más-menos (máximo y mínimo) velocidad, se le asigna un número y este número determina el nivel de evolución de los seres vivos. Yogui, Búbu y los demás, están en el nivel 7. Nosotros en el 4. Cada número-nivel se divide asimismo infinitas veces, así, por ejemplo, dentro del grupo 4, estamos todos los humanos del planeta, pero dentro de este grupo, cada uno tiene su propio nivel, desde el 4.000... al 4.9999... El cuatro punto cero corresponde al humano primario, por lo que ya no queda ninguno y el nivel cuatro punto nueve, son pocos los que lo poseen. Aún nos falta un poco para el nivel 5. En los niveles superiores, a partir del 6º, se posee la capacidad de mezclar los átomos propios (de nuestro cuerpo de luz) con otros más lentos sin que dejen de ser cada uno lo que es y sin interferirse mutuamente. De hecho, sus abrazos consisten en fundirse unos con otros (literalmente) y compartir cada uno con el otro lo que es. Una velocidad determinada X, siempre puede frenar su impulso, lo que hará que sea visible para vibraciones a velocidades inferiores. Por ejemplo, cuando se para un ventilador: conforme se ralentiza su velocidad, más visibles son el contorno de las hélices. imaginemos a dos pilotos en una cabina: cuando están parados son visibles por todos, si superan la velocidad de la luz, serán apenas una sombra que cruza rápida y si consiguen aumentar la velocidad, ni siquiera serán percibidos por el público espectante... en cambio, los pilotos no dejan de verse entre sí. Los pilotos viajan paralelos a la misma velocidad, por eso pueden verse. Dos elementos a la misma velocidad, dirección y ritmo, se ven constantemente y su propia consciencia de movimiento parece que desaparece. Cuando somos conscientes de nuestra propia vibración y frenamos el movimiento (o reducimos la velocidad) podemos comunicar con niveles inferiores: animales, plantas, piedras... Pero como no podemos (sabemos) vibrar a mayor velocidad, no podemos ver, ni comunicar con niveles superiores. Ello no significa que no existan, de hecho todos sabemos que existen, porque en mayor o menor medida, a lo largo de nuestra ésta vida, tenemos pruebas que ellos mismos nos dan y son señal de que somos: o discípulos aventajados o maestros venidos en “misión” y que, además, tenemos permiso para comunicar con ellos a voluntad mediante el sindala. Los alumnos, por muy aventajados que estén, siguen gobernando su destino, pero los maestros, no. “Ellos” nos marcan el camino para cumplir un determinado fin y si nos desviamos de la ruta marcada, nos devuelven a “pedradas” a la dirección que nos ha sido marcada. Hay siempre dos caminos para todo, que se ramifican en un sistema binario infinito. Hay dos formas de aprender: Por comprensión o por dolor. Si no lo comprendes y/o te sales del camino -por que no comprendes que tu vida no es tuya, sino que la has ofrecido para el beneficio de los demás- lo sufres. Todo te irá mal. Llorarás, sufrirás, conocerás toda clase de miserias hasta que comprendas por qué y para qué estás aquí, vuelvas al camino y saborees sus mieles. Esto no me lo han contado mis Guías, lo he sufrido en carne propia. Han sido las veces que me he separado de Ellos. Bueno, me dicen a dúo que formaba parte de mi entrenamiento la mayoría de las veces. A lo largo de mi vida, he conocido a gentes maravillosas, maestros en misión, que me han enseñado y maravillado y que encontrarán su sitio en este manifiesto. ¿Quienes somos, de donde venimos, por qué estamos aquí, por qué se nace, por qué se muere, a donde vamos después?. Todos los humanos (que no es una forma física, sino una condición), cualquiera que sea su especie o forma, cuando nacemos, no lo hacemos aquí. Somos solo un pequeño puntito de luz del nivel 7. Nuestro alimento no es la comida sino el conocimiento, la sabiduría. Para crecer, necesitamos saber y en nuestra casa (nuestro mundo), no podemos porque es un mundo perfecto. Podríamos copiar, ser como nuestros mayores, pero no nos serviría de nada. Seríamos como los ángeles, querubines, elementales... que son seres perfectos, creados perfectos (en un nivel superior al 7). Son lo que son y no pueden ser otra cosa. Su misión es determinada y han sido creados para nuestro servicio. No pueden elegir. Son buenos, pero no saben lo que es ser malo. No saben de envidias, celos ni odios porque ni se lo cuestionan, ni tienen donde comparar. Son seres anodinos. Repito que son perfectos, pero la palabra “anodino” la utilizo simbólicamente y con todo el sindala de que soy capaz. No conozco a ninguno, pero sé de su existencia a través de Yogui y Búbu. No pueden pensar por sí mismos, solo obedecen con mucho sindala y con exquisito sindala son tratados. Nosotros, en cambio, somos perfectos con consciencia y conciencia porque elegimos la luz después de deambular por las tinieblas que nos dan el conocimiento-saber. Para este conocimiento-saber, tendremos que inventarnos una nueva palabra que lo defina: Le llamaremos lei. Es el Conocimiento Supremo, el que te permite vislumbrar a Dios (cuyo término tampoco es correcto, pero por el momento lo dejaremos así). Más adelante se irá aclarando el concepto. Para conseguir el lei, nuestros Mayores han creado “colegios” o “escuelas”. Nos envían al colegio cada día para adquirir ese lei que nos convierta en adultos. La escuela dispone de todo lo necesario: Patio, aulas, recreo... No tiene verja, pero no podemos escapar debido a nuestra propia vibración. La verja son los límites de este Universo (hay más, pero si no nos acabamos éste, para qué queremos saber de otros) y que solo los universitarios pueden aproximarse a estas latitudes. Para los parvulitos hay un patio interior para cada aula (sistemas solares) y el aula en sí, es un planeta. No debemos tener la consciencia de quienes somos, porque entonces no aprenderíamos nada. No. Debemos olvidar quienes somos. Por ello necesitamos un proceso de borrado que se llama “nacer”. Con este proceso borramos nuestra consciencia y solo nos traemos la conciencia, que es el cúmulo de todo lo aprendido en días de clase anteriores (vidas pasadas, donde cada día es una vida) o nuestro nivel de lei y es lo que nos impide retroceder en nuestra evolución. ¿Porqué en una familia de delincuentes pueden ... - en este instante he tenido que interrumpir la narración porque un pequeño pájaro a venido a visitarme. El pobrecillo estaba muy asustado. He hablado con él, le he dado las gracias por la visita y le he prometido no hacerle daño y sacarlo de la jaula (pequeño despacho) en la que estoy metida. Pero le he pedido que antes debía dejarme acariciarle y transmitirle mi sindala. Se ha quedado quieto, sin mirarme. Me ha dejado cogerlo, acariciarle y ambos hemos cumplido el pacto: Le he ayudado a salir y le he invitado a volver cuando quiera. Este tipo de encuentros ¿casuales? son numerosos cuando estás en el sindala. GRACIAS.- ...surgir seres espirituales, o en familias pudientes, de buena educación, principios y ejemplo, surgen auténticas “piezas”?. Porque cada vez, vivimos cosas nuevas para aprender otras tantas. Recuerda: Por comprensión o por dolor. La consciencia es el YO SUPREMO, nosotros mismos en todo nuestro lei. Sin nombre, porque no lo necesitamos, somos nuestra propia luz que crece y brilla en la medida que aprendemos. Es el Conocimiento mismo. La conciencia es la esencia de nuestro YO SUPREMO, de nuestro lei. Es con lo único que venimos a “clase”. Un individuo no es malo o bueno dependiendo del ambiente en el que se eduque o desenvuelva, sino que su carácter y personalidad va marcado por su nivel de lei, o sea, por lo que haya aprendido (experiencias) en vidas anteriores. La involución solo se permite en los primeros cursos. A partir de un nivel determinado, es simplemente un “no ha lugar”. Donde, en los primeros cursos, los Guías no intervienen, a partir del segundo de primaria se hacen patentes y donde antes era suficiente con uno, después se van añadiendo más. No es más espiritual quien más Guías lleva consigo, sino que éstos van determinados en función del cometido a realizar. Para poder aprender de nuevas experiencias, o las ya vividas desde distintas perspectivas, debemos volver a casa. A esto le llamamos “morir”. Para nacer y morir, nuestros Mayores han inventado el “tiempo lineal”, que, además, es el que nos impide salir de nuestro “patio”. En nuestro caso, de nuestro sistema solar. Estamos bien custodiados en él y no podremos salir, hasta que estemos, por lo menos, en el nivel 5 más del 50% de la población del planeta. En nuestra escala de estudios, la que estoy utilizando como ejemplo, en 8º de E.G.B. se vislumbran los primeros indicios de otro “tiempo” y otro “espacio”. Se comienza a dar los primeros pasitos, pero no será hasta el 3º de Bachiller, que podamos realizar viajes de ida y vuelta por nuestro sistema solar. En C.O.U. por nuestra galaxia y, hasta la universidad, no podremos explorar las otras 99.000 millones de galaxias restantes en este Universo (datos científicos terrestres). Yogui, primero les cuento lo del “tiempo” o lo de la “puerta de entrada”?. “Tú misma”. Se supone que me estáis ayudando... “Lo haces muy bien”. Gracias. Otro para ti, Búbu. Bien, decido el “tiempo”. El “tiempo lineal” es la llave que nos cierra y nos abre la puerta del colegio. Al mismo tiempo (valga de redundancia) nos impide salir de nuestro sistema solar (de momento) para no cometer “vandalismos” irreparables. Por supuesto que para aprender se deben hacer pruebas y cometer errores, pero todo tiene su momento, ¿Dejaría, cualquier persona sensata, jugar a un niño de un año con un cuchillo afilado?. Además, si no comprendemos a nuestro planeta, nuestra madre Gaia; no la respetamos y explotamos sus recursos no renovables sin escrúpulos; si le estamos provocando una agonía consciente y en complicidad, cuando la deberíamos cuidar y proteger para cuando volvamos, y podamos volver las veces necesarias ¿qué no haríamos en otros “lugares”?. ¿Y si manejásemos el “tiempo real”?. No lo quiero ni pensar. Porque el “tiempo real” puede resultar en años (para que lo comprendamos) de tantos ceros como saldrían del resultado de pegarlos por los bordes y unir el primero con el último alrededor de nuestro planeta. ¡Y todos de 1 mm de diámetro!. O quizá más. Cada segundo se puede “abrir” indefinidamente (por ejemplo, 200 millones de años), vivirlos, regresar al mismo segundo y volver a abrir ese o el siguiente. En el tiempo “real” de nuestro mundo del nivel 7, cada vida nuestra es como un suspiro. “!Je, je!. Van a pensar que estás loca”. Ya, pero qué le hago?. “Sigue, sigue”. Que lo haga Búbu, por favor, él lo explicará mejor. “Como os ha explicado Gracia, para crecer se necesita sabiduría. Ésta a su vez se adquiere con entrega y dedicación. Para crecer hay que dar, y para llegar a viejo y trascender a un nivel superior, hay que trabajar mucho. En el mundo de la luz (lo llamaremos así, porque no necesita nombre) el más respetado es el que más sirve a los demás, el más humilde y voluntarioso. Lo explicaste muy bien en “Sanartah, más allá de la luz”. Mi viaje al sol fue estupendo. “Sanartah es la versión material de lo que aquí ocurre: quien ostenta el poder es el más respetado (su gesto es considerado poco menos que heróico) y el que menos uso hace de él. El hecho de que sea un grupo de personas quienes gobiernen no tiene otro objetivo que el de repartir el trabajo. Aceptar un puesto en el consejo, supone más trabajo y responsabilidad para quien lo acepta y se debe tener un gran espíritu de solidaridad y colaboración para llevarlo a cabo. En realidad, son voluntarios los que ingresan en el consejo, porque tanta carga no se le puede imponer a nadie. Ser regente, supone tener menos tiempo para uno mismo; es trabajar mano a mano con quien lo necesite; mantener el equilibrio del entorno; es no decir nunca no y lograr que todo siga en su sitio sin que se desmorone. El tiempo, lo abrimos, alargamos y manipulamos sin alterar las cosas porque deseamos permanecer en este nivel el máximo posible. No porque el siguiente no nos guste, no. Lo que pasa es que (para que lo entendáis) dejamos la vida operativa para dedicarnos a la burocracia. Nos gusta estar aquí porque nos sentimos más útiles haciendo trabajo de campaña”. Quiere decir que su “espíritu de grandeza” significa colaborar con los de más abajo, los niveles inferiores y colaborar directamente en su evolución. Les gusta estar en contacto directo con nosotros, se lo pasan muy bien. “Sois muy divertidos. Tenéis unas cosas que nos enternecen y otras que nos hacen reír. Además, desde éste nivel podemos nacer a voluntad, para vivir historias que nosotros mismos nos inventamos”. Diles que no tenéis cuerpo. “!Je, je!. Es verdad. No tenemos ninguno porque así los podemos tener todos. Somos esencia, energía viva. Crecemos en luz”. Sus formas de manifestarse son muchas y diversas. Dependiendo de lo que se pretenda y a quien vaya dirigido el mensaje, sus manifestaciones pueden ser materiales (frenando sus átomos a nuestro ritmo o naciendo de nuevo), lumínicas, transparentes o como lo son permanentemente: invisibles a nuestros ojos. También pueden adoptar cualquier forma, que exista o que se la inventen. Recuerdo alguna de las veces que se han materializado para darme un mensaje importante, cuando no los escuchaba por no entrar en el sindala voluntariamente. Una vez, estaba yo muy angustiada y me marché a la Basílica de la Virgen a llorar. Es uno de esos lugares mágicos cuya energía te renueva. No fui allí para rezar ni pedir nada. Solo a llorar, nada más. Cuando salí, a espaldas de la Basílica, un vagabundo dormía tumbado a lo largo de un antiguo portal. Al pasar por su lado se incorporó y me dijo: “ Te tienes que venir conmigo, pero no tengas miedo ”. Me sobresalté y aceleré el paso, mientras Yogui me repetía: “Vuelve y pregúntale a dónde te tienes que ir con él”. Como en muchas otras ocasiones no hice caso, inventándome mil excusas mientras entre dudas aceleraba el paso, por lo que cuando me decidí a escuchar a mi amigo invisible tuve la excusa definitiva de: “Ahora no voy a volver, estoy demasiado lejos”. A los pocos días vino a buscarme un personaje hermoso, transparente y radiante de una bella luz. Llegó por la noche, estando yo en mi cama y me tendió la mano. Solo recuerdo que se la tomé y supe inmediatamente a dónde íbamos. Lo que recuerdo después es directamente Sanartah. Sanartah es una ciudad secreta que se encuentra escondida en el corazón de los Pirineos a la que tuve el privilegio de visitar por gentileza de mis Amigos. A la mañana siguiente desperté como todos los días. Sabía que tenía que acordarme de algo, pero no sabía qué. A los tres días, de golpe y de una sola vez, se me llenó la cabeza de recuerdos. ¡Estuve en Sanartah seis meses!. Seguro que haya quien diga que lo soñé, pero... BENDITO SUEÑO!!! Otra vez estando esperando al autobús, encendí un cigarrillo. En eso que llega un anciano que se coloca a mi lado y me dice: “Sabes que el tabaco te hace daño, ¿por qué fumas?”. Miré a mi alrededor y por lo menos media docena de personas más estaban fumando. ¿Por qué tenía que dirigirse precisamente a mí?. ¿Quién era él, por muy anciano y respetable que fuera a meterse con mis vicios?. Así que de forma despectiva le respondí:” Porque me gusta y porque me da la gana. Además, de algo hay que morir, ¿no?”. “Con que, ¿es eso? -me respondió- Pues ¡hala! sigue, sigue”. Dio media vuelta y se alejó. Creo que fueron algunas frases más, pero ésta fue la base de la breve conversación. Al momento arrepentida le busqué, pero había desaparecido. Continuará........ |
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