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He tratado siempre ser un buen marinero, y acompañaba al capitán fielmente a todos lados. Cuidaba mucho el barco, porque se convirtió en mi hogar. Lo pintaba y lo adornaba y lucía hermoso bajo un cielo azul. Hasta las gaviotas deben haber encontrado el gusto, porque cada vez que nos acercábamos a una isla, nos andaban acompañando.

Me sentía feliz y segura. Pensaba que era suficiente: un barco bonito y un buen capitán. Pero había algo, que siempre me entristecía de él; su cambio repentino. Era muy difícil, porque no hallaba ni cómo hacer para que estuviera contento. De repente parecía, que nada era bueno lo que hacía y me manchaba los muros recién pintados diciendo: “Eres una inútil.” Yo quería saber porqué, pero nunca recibí respuesta. Nunca supe porqué estaba todo mal lo que yo hacía. Cabizbajo me retiraba, me encerraba en mi camarote, inclinándome sobre mis piernas, llorando en silencio.

Pero al día siguiente, otra vez veía al Capitán contento y siempre me acercaba para decirle: “Buenos días Capitán Girasol”, así se llamaba, “a sus órdenes, aquí esta su marinero.” Este capitán no era cualquiera. Tenía un carácter recio, no temía nada y siempre era exitoso en sus empresas. Su inteligencia lo hacía único. Eso me daba seguridad, que estando en Alta Mar, es indispensable. Así pasaban los meses, ya que andábamos dando vuelta por el mundo.

La última parada fue en China, y nos divertimos porque comenzaba hablarme en mandarín. Fue, cuando lo vi la última vez sonriendo. Lamentablemente, el tiempo no estaba a nuestro favor y desde lejos se veían presagiando nubes amenazantes. Yo vi la cara del Capitán nuevamente molesto y mejor ya no le dije nada. Solamente tomé mi abrigo para protegerme de la lluvia, la cual ya hacía sentir sus gotas pesadas.

El Capitán solía llevar nuestro barco a las peores tormentas, pero nunca como esa, la que veía venir. El siempre se atacaba de risa cuando me resbalara sobre los pisos mojados, me golpeara mi cabeza en los muros de los pasillos, me enterara astillas en mis manos, cortara mi cara. Solo me curaba para seguir mis quehaceres de marinero, pero esta tormenta encima de nuestro bonito barco se convirtió en trampa mortal. Esta vez me tropecé y, como estaba en la orilla, no pude más que caer al agua. Una heladez sobrevino mi cuerpo, la lluvia venía golpeando fuerte las olas violentas del mar, y solo logré ver un Capitán Girasol muy borroso; y, lo último que le escuché decir era: “¡Tu tuviste la culpa, tonta!” En ese momento arrancó el barco y mi esperanza por un salvavidas se había ido. Mis gritos de auxilio se silenciaron bajo el ruido de los motores, y el Capitán sin voltearse, me dejó en medio del mar en compañía de la tormenta.

Y ahí flotaba al ritmo de las olas. La noche era oscura mientras los rayos me sirvieron de linterna para saber, que estoy totalmente sola. Veía entre mis lágrimas, cómo el barco, que tanto cuidaba y era mi casa, fue alejándose cada vez más y más. Me había abandonado. Y ahí estaba, en mar abierto.

El frío se apoderaba cada vez más y más de mis huesos y mi cuerpo comenzaba sentir debilidad. No sé cómo termino, porque tal vez me morí, tal vez sigo flotando, o tal vez me rescataron y estoy profundamente dormida. Solamente sé que estoy escribiendo, entonces debe ser que estoy soñando.

P.D. Pido disculpas si gramaticalmente no esta correcto, pero el Español no es mi idioma natal. Gracias !

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