

TABERNA "LA PENÚLTIMA"
“EL ARTE HECHO CARNE”
por Manu1701
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PRESENTACION: Siempre se ha dicho que en cada esquina ha habido una historia, pero esa historia mejor se cuenta delante de un buen vaso de vino, y si encima es en buena compañía, no se puede pedir más a la vida. Hay muchos locales donde se puede tomar un vino, pero concretamente, en esta taberna no solamente es el vino, sino el ambiente que le dan los clientes. No es una taberna normal, allí se juntan los más diversos personajes de nuestra ciudad, tanto el más rico como el más pobre, pero todos se reúnen, como lo han hecho siempre, por un motivo: EL TOMAR EL VINO, deporte nacional a partir de una cierta edad. Esta taberna fue abierta allá por el año 1948, se sabe que en la puerta existe un pequeño azulejo en el que se puede leer “Esta taberna fue fundada en el año del Señor de 1.948 por D. Antonio García (padre del actual dueño)….” , y como la plaquita lo pone, nos lo tenemos que creer. La taberna, tiene una gran cristalera, desde la cual se divisa toda la calle, y una puerta de madera que al abrirla cruje. Al entrar, a la izquierda, te encuentras con una barra alta de madera, antigua, tanto como la propia taberna, por lo que mantiene un color oscuro, de solera, por el paso del tiempo; pero no así, la superficie, que la tiza blanca ha dejado el rastro de miles de garabatos. Justo detrás de la barra hay cinco grandes barriles con diversas clases de vinos cuyos nombres están escritos con tiza: mosto, vino dulce, vino de pasa, vino de naranja, moscatel... que hacen las delicias de todos los que entran, tanto a los turistas (que no entienden de vinos pero les gusta), como los clientes habituales (que si entienden y los degustan con deleite). La diferencia entre gustar y degustar, en mi pobre opinión, es la forma de tomar el vino: el gustar se bebe, y degustar se paladea. Justo al lado de los barriles, se encuentra la vitrina, donde Antonio expone sus “tapas variadas”, aunque escasas pero buenas. A la derecha, hay un rincón al que se entra por un arco hecho de ladrillos, que con el tiempo va desapareciendo la figura del referido material, y se convierte en una masa uniforme por el roce miles de manos. Dentro de este habitáculo, sin ventanas, hay tres mesas de baja altura, de color verde con adornos en blanco, donde la gente se tiene que sentar de lado pues los pies casi no pueden ponerse dentro de la mesa, es necesaria la típica pose del cantaor flamenco a la hora de cantar. Y allá, en el fondo, se encuentra nuestro rincón, donde transcurre la mayor parte de nuestras horas, ese rincón tan particular que todo aquel que entra sabe que no lo puede ocupar, está “reservado” (palabra tan moderna para una taberna tan antigua), y el que no lo sabe, ya se encargará Antonio de hacérselo saber. Está decorado con dos cabezas de toro, cinco fotos de toreros en plena faena, y dos pares de banderillas puestas en posición de aspa, lo que se llamaría un rincón andaluz, donde el paladar y el arte se mezcla en uno solo. Hoy es sábado, son las doce y media. Antonio, el dueño, se encuentra con su delantal puesto y su trapo atado a la cintura. Está limpiando los vasos de unos clientes que acaban de salir. Antonio es alto, de unos 58 años, aunque este dato se lo reserva, pues dice que “ el que quiera saber que vaya al colegio”. Tiene la piel muy blanca, pues los rayos de sol hace tiempo que no visitan la taberna. Su pelo es ya canoso, él dice que por los disgustos que le han dado sus hijas, y nosotros sabemos que no tiene hijas. Su habla ruda hace entender que no ha nacido en la ciudad sino en un pueblo muy cercano a la provincia de Sevilla, en Utrera, pero que desde muy chico ha estado yendo y viniendo con su padre, llevando las garrafas de vino que vendía en la taberna. Y ustedes dirán quien soy, el que cuenta todo esto… me llamo FELICIANO TORRES, pero en toda Sevilla me llaman el Chato, y por supuesto en la taberna no tengo otro nombre que mi mote “EL CHATO”. No hay que decir que me llaman así por mi gran nariz. Es tan grande que podrían poner todo el muestrario de gafas de la Óptica San Pablo en ella y no se caería ninguna. Nací hace 46 años en Madrid, pero por arte de magia (mas bien por el arte de mí madre, que era bailarina de un teatro de variedades y tenia que hacer magia para llegar a final de mes), dimos con nuestros huesos en esta ciudad que me acogió y yo se lo agradezco. De mi padre nunca supe nada de él, pues se fue cuando yo era niño. Algunos dicen que fue por tabaco, pero yo creo que mas bien se fue con la estanquera, pues lleva más de 30 años fuera de casa y no ha dado señales de vida. Mi madre me sacó adelante con mucho esfuerzo y algunos zapatos rotos de tanto bailar, y quiso que fuese un hombre de provecho, lo que le agradezco con todo mi corazón. En el reloj del campanario de San Lorenzo, han tocado los cuartos, eso hace que mire hacia la puerta y vea entrar a mi amigo ANDRES MUÑOZ, es tan puntual que parece el reloj de la Puerta del Sol de Madrid a la hora de dar las campanadas de Fin de Año. De mote EL MONO, pero no por su fealdad sino por todo lo contrario, es un tipo alto, con una facha bien presentable, ojos negros, con pelo negro y una pinta de señorito andaluz que no se le puede quitar de encima, con su impecable traje y con su sombrero de cordobés del que no se despega ni a sol ni a sombra, hace las delicias de todas las señoras del barrio. Anda por los 55 años, y ustedes se preguntarán ¿si es tan guapo, como le llaman EL MONO? Pues yo se lo diré… cuando nació, la madre siempre lo sacaba a pasear por el Parque de Maria Luisa, y como es lógico, todas las amistades la paraban para ver que tal era el recién nacido, y lo único que la madre decía era “ Anda, no me digáis que no es mono mi niño, es lo mas bonito que se pasea por estos lugares” Y con tanto “No me digáis que no es mono…. No me digas que no es mono….” , y la mala leche que tienen los vecinos , pues hala! con EL MONO se quedó para los restos. Con un “Buenas tardes Antonio”, se dirige directamente hacia el lugar donde yo me encuentro. No hay que decir que Antonio se dispone a servirle el acostumbrado vaso de vino con unas avellanas saladas. -Buenas tardes Chato -Buenas tardes Mono, que tal por la calle, hace calor? -Pues sí, el verano empieza a hacer su trabajo y deja la garganta seca. No hace más que sentarse EL MONO y entra nuestro siguiente personaje, y perdone que le llame así, pero es una de las personas más queridas en toda Sevilla, no solo por sus características, que luego detallare, sino por su simpatía y “su arte” de contar las cosas. Se llama JOSE GONZALEZ, y como aquí nadie se libra del mote, le llaman EL REVERENCIAS, REVEN para los amigos. Es un hombre más bien pequeño, de unos 45 años, pelo castaño y ojos marrones, su forma de andar delata algo especial: A causa de una malformación de su cuerpo, le salió una inmensa joroba, y por su propio peso hace que vaya andando muy inclinado; gracias a unos hilos, y unos cuantos regalos, puede trabajar como vendedor de lotería. Aprovechándose de tan desdichada fortuna, tiene su clientela fija, los cuales al comprarle su billete de lotería le pasan por la susodicha joroba el boleto y le dicen: “A ver si me das suerte ”. La verdad es que en sus 20 años como vendedor de lotería, nunca le ha dado un premio a nadie, pero ¿quién no tiene la tentación de pasarle el billete por la chepa?. A él, le da igual. Sabe que es un motivo cualquiera para poder vender más lotería, y como de su deformado físico no se puede desprender, pues se aprovecha de él. Nos saluda y se sienta a mi derecha. Al momento llega Antonio con dos vasos de vino, uno para EL MONO y el otro para EL REVERENCIAS. -¿REVERENCIAS, qué numero salio ayer? –le dijo Antonio -El 78.542 –responde -Ojuuu! REVE, me diste ayer el 63.910. El día que acierte un número voy a tener que cerrar la taberna. No das ni las terminaciones, eso es tener habilidad pa no acertar. Anda, dame uno para mañana, pero que termine en 3. No podemos dejar de reírnos cuando Antonio se da media vuelta con su nuevo número de lotería, maldiciendo su maldita suerte. Ya nos hemos terminado el segundo vaso, cuando vemos entrar a ALBERTO TORRES, un gran amigo de los amigos, pero un truhán cuando se lo propone. Como EL CONDE, le conocemos todos. De edad no superará los 60 años. De alta estatura, ancho de caderas, ojos azules, y un bigote espeso que se retuerce hacia arriba en las puntas. En el cuello siempre cuelgan unas gafas para leer, eso es lo que siempre nos dice, pero todos creemos que no ha leído ni la etiqueta de una botella de vino. Le llamamos EL CONDE por su facha, siempre bien vestido, impecable, su camisa bien planchada, el pantalón con la raya bien marcada, su inseparable corbata (aunque él dice que tienes docenas de ellas, siempre le hemos visto con la misma), y su chaquetita haciendo juego con los pantalones. Y como no podía faltar, el pañuelo en el bolsillo de la chaqueta, asomando por las puntas. Podía pasar por un conde de verdad si no fuera porque tiene menos dinero que el que se está bañando, pero hahí esta su grandeza: siempre está metido en todos los fregaos culinarios de la ciudad y nunca paga un duro, ahora llamado euro. -A las buenas tardes tengan ustedes. -Dice EL CONDE al acercarse a la mesa. -Buenas tardes. -Respondemos todos a la vez. -Anda, siéntate, que ya mismo te pone Antonio el vaso de vino. -Le dice el MONO. Al momento llega Antonio con su vasito de vino, y tras saludar al CONDE vuelve a su barra para atender a la clientela que sigue llegando. El grupo está casi completo, solo faltaba que llegue nuestro amigo LUIS PEREZ, de mote EL TIRAILLO. De una altura pequeña, no llega al metro y medio; pelo negro y espeso; siempre va bien vestido. Sus chapetas son de las caras, pero todas tienen cierto color rojizo, porque se pasa el día de taberna en taberna y cuando llega a la última, que es donde nos reunimos nos cuenta que viene de casa. Pero damos fe de que nunca lo hemos visto ebrio. El mote de EL TIRAILLO, le fue puesto por votación popular y sin protesta del público, el día de su nacimiento (antiguamente los partos se hacían en la casa, nada de hospitales. Se llamaba al medico y con la ayuda de la comadrona venían los niños al mundo). En la hora de que este niño saliese al mundo, salió, sí, ¡pero cómo salió!, fue tan chico de medida y tan poca cosa de peso, y feo, pero feo de verdad, que el padre no sabia si tirarlo o devolverlo a los corrales. De ahí viene EL TIRAILLO. Gracias a Dios, la naturaleza hizo uno de sus milagros y al cabo del tiempo ese cuerpo empezó a coger forma y entre un poco de aquí y otro poco de allí, se puso todo en su lugar. Una anécdota que nos contaba, fue que hasta que tuvo 6 años nadie le decía guapo, todo el mundo le decía “pero qué simpático es este niño”. No hay que decir que cuando una persona no quiere herir la sensibilidad de la madre, en vez de decir que “niño tan horrendo tienes” que seria la verdad, lo cambia por un simple “ que simpático es tu hijo” así todo queda en buen orden. Al fin llega, y tras los saludos correspondientes, y con la puesta del vaso de vino, la mesa queda completa, ya no se espera a nadie más. El cuadro flamenco ya esta formado.
LA BODA DEL REVERENCIAS Tras tomarnos unos sorbos de vino, EL TIRAILLO nos explicó el por qué llegaba tarde a la cita, pues otra cosa no tendrá, pero puntual es como el que más, así como el resto de la mesa. Me he encontrado cerca de aquí, con la vecina. Su hija se casa hoy por la tarde, y entre unas cosas y otras me ha entretenido- explicaba EL TIRAILLO ¿Te acuerdas CHATO, el día de los preparativos de mi boda? Cada vez que me acuerdo, pillo un rebote que me pongo a cien- Hablaba el REVERENCIAS mientras tomaba un trago de vino. Como no me voy acordar, REVE, si fuimos los dos a comprar el traje de novio… Anda cuéntaselo al CONDE que él no lo sabe. No hay que decir que para poder mirar al REVE, el CONDE tuvo que hacer una serie de maniobras, antes de el REVE empezara a relatar cómo nos personamos los dos al sastre para la confección del traje. “Era un Lunes, nunca se me olvidará el día cuando quedé con el CHATO, a las once de la mañana, para ir al sastre, que vivía en la Calle Sierpes, numero 5. Después de recorrer medio centro de la ciudad, llegamos y tras golpear la puerta con los nudillos, nos abrió una amable señorita, que nos indicó que podíamos pasar, que nos estaban esperando. Cuando entramos, nos metimos directamente en el taller del sastre, estaba todo lleno de rollos de telas de múltiples colores, y en el centro de la habitación se encontraba una mesa muy grande donde se hacia los padrones y el corte de las telas. Al final de la sala había una pequeña habitación donde el cliente se metía para hacerse las pruebas. La amable señorita nos ofreció asiento, y nos dijo que esperásemos que pronto saldría, pues estaba terminando de arreglar un traje que tenia que entregar por la tarde. Y así fue, al poco tiempo salio el sastre y con un apretón de manos nos identificamos, él se llamaba SEBASTIAN. Tras los respetuosos saludos, nos dijo al CONDE y a mí que nos volviésemos a sentar que nos iba a sacar una serie de telas para ver cual era la que queríamos. Después de deliberar, nos decidimos por una de color clásico, ¿te acuerdas CHATO, anda que no era bonita la tela y el color?, era de un color azul oscuro, muy adecuado para la ocasión…. y para los restos de ocasiones que tuviese, pues ese traje serviría para todos los eventos que me surjan. Pero de repente, se levanta el sastre, y sin mediar palabra, le dice al CHATO, con el metro en la mano, “levántese que le voy a coger las medidas para el traje”. Sorprendido el CHATO, le dijo que él no era el novio que era yo… (Será hijo de su madre el cabreo que me hizo pasar) y tras una repaso ocular, pues el tío se tuvo que agachar para verme el cuerpo entero, dijo que si esto era una broma, a lo que yo le respondí, “la broma la hizo su madre al poderle parir”. Después de unas disculpas, y unos mil perdones, se me pone a medir, que al decir la verdad era bueno midiendo pues con la joroba que tengo no sabia como saldría el tema… y después de múltiples anotaciones en el bloc, me dijo que me pasase dentro de una semana para hacerme la prueba antes de la ceremonia. Transcurrido el tiempo, nos fuimos los dos a ver al sastre. Nos abrió él en persona, y nos dijo que nos sentásemos que iba a por el traje que lo tenía en la otra habitación. Al poco tiempo viene con el traje y me dice que pasase a la habitación que había al final para ponérmelo y ver como me sentaba. Tras unos minutos de esfuerzo, que la verdad que me costo mucho trabajo en empaquetarme la susodicha prenda, salí a la habitación donde se encontraba el CHATO, y el sastre. La cara de sorpresa del sastre y sobre todo la sonrisa disimulada, me hacia temer que esto no terminaría bien. En un principio me dijo “pongas recto” (como leches se pone uno recto siendo jorobado pensé yo), luego me dijo “tienes que levantar el brazo izquierdo” y con esa posición, luego me dice “sin mover el brazo levantado, estire usted el brazo derecho hacia delante”, ya podéis imaginar la postura que me hizo hacer el “remendador” de trajes, y después de tanta postura por aquí, tanta postura por allí, me quede en la forma de una marioneta que se le corta los hilos, las dos manos hacia delante, las piernas medio flexionadas, y el culo hacia atrás, y me dice el buen hombre, por no decirle un recordatorio a la madre, “ Ea ya esta terminado, dando unas puntadas quedara usted perfecto, se le va a quedar el traje mejor que lo que yo pensaba” Será mamarracho, pensé. Pero si tengo una postura que siquiera puedo andar – le dije, a lo que me contesto poniéndose de cuclillas y mirándome a los ojos “Mire usted, si su madre lo parió así de mal, no quiera usted que mis trajes resuelva su mal físico” No hay que decir que de mi boca salio una bocana de insultos y maldiciones que en mi vida lo había dicho, me vestí de nuevo y salimos corriendo del taller sin mirar hacia atrás”. Yo no dejaba de mirar a mis amigos, los cuales no sabían como disimular la risa que le estaba entrando, imaginándose la postura de su amigo, el MONO se puso a toser para así amortiguar las carcajadas, EL CONDE hizo el intento de beber con la precaución de no hacerlo pues se podía atragantar, EL TIRAILLO, con la mano se tapaba la boca para no reírse en su cara, y yo aguantando el tipo con dos lagrimones que me salían de los ojos de aguantar la risa y de recordar dicha escena. El CONDE, tras respirar profundamente, y secarse el sudor que le produjo tanta risas, les dijo al REVE.. ¿y como te casaste al final? Con una camisa Cubana que me trajeron unos vecinos que hicieron un viaje a Cuba. Ya las risas y las carcajadas no se podían aguantar, y fueron tantas que Antonio nos llamo la atención. Pero ahí no queda la cosa, ahora queda relatar la ceremonia de la boda que también fue lo suyo. Antes de todo hay que decir que su novia, ahora su mujer, se llama LUISA, de edad, mas joven que él, tendría alrededor de 23 años cuando se caso. Cabello corto, de color negro, ojos marrones y de pequeña altura mediría 1'55, y de poco peso. Juntos parecían los muñecos de la tarta nupcial. Fue a las ocho de la tarde en la Iglesia del Divino Poder, un sitio muy visitado por los devotos y por los tours turísticos. Como no había dinero, los novios vinieron por separado montados en sendos SEAT 600 los cuales los alquilamos los amigos y eso fue el regalo de bodas, eso sí blancos inmaculados y llenos de lazos. El novio primero como es la norma, y la novia con su retraso estipulado, vino después. Cuando se juntaron, los dos agarraditos del brazo, se dirigieron al interior de la iglesia donde todos los invitados lo estábamos esperando. La marcha Nupcial estaba sonando, y el paso firme pero seguro de los novios nos hacia intuir que la ceremonia iba a ser bonita. Tras llegar al altar, llego el cura y se puso delante de los novios, y empezó la ceremonia. No hay que decir que a causa de la joroba la posición del REVE no era la más apta para dicha ceremonia, pues parecía que estaba buscando los anillos que se le había caído al suelo. Y llego la hora del SI QUIERO, y aquí tenemos la estampa del REVERENCIAS que parecía que estaba buscando algo, a su novia que no llegaba al reclinatorio, y al sacerdote que los miraba de una forma que no sabia si casarlos o darles las primera comunión. Después de hora y media de predicación y de oraciones, y entre el intentar que la excursión de japoneses, que se metieron a la mitad de la ceremonia se quedaran quietecitos y no sacasen mas fotografías de la “Típica Boda Española”, se producía la parte mas importante de la ceremonia, Las preguntas del Si Quiero. - Luisa quieres como esposo a José …….. – dijo el cura con voz firme - Si, Quiero. Contesto ella - Y Tú José quieres como esposa a Luisa…….- dijo el cura con voz profunda Y se produjo un silencio sepulcral…. Lo único que se escuchaba eran los flash de los japoneses, y el llanto del REVERENCIAS, el cual estaba tan emocionado que no podía ni contestar. A lo que el cura por segunda vez repetía la frase del Sí Quiero, a la cual no se produjo ninguna contestación, solo un llanto desconsolador, y ya, al tercer intento, se escucha con una voz muy fina y muy bajita, entre el hipo del llanto y la poca fuerza que le quedaba, un SI QUIERO, a lo que los invitados y el grupo de japoneses (que no comprendían lo que estaba sucediendo) le soltaron una ovación, que ni en las mejores corridas de Curro Romero se producían. La salida de la iglesia fue como todas, lanzamiento de arroz, eso si, con mucho cuidado, que por causa de la postura que tenia el novio, no queríamos que el arroz se metiese dentro del la Cubana. Entre las felicitaciones de todos los invitados, y los japoneses que pasaron uno por uno a felicitar al nuevo matrimonio, aprovecharon la oportunidad para hacerse una ultima fotografía con los recién casados. La boda duro casi 2 horas. Acto seguido el nuevo matrimonio se subieron al 600 dirección al Parque de Maria Luisa para hacerse el reportaje fotográfico, y el resto nos dirigimos al salón de celebraciones que estaba situado a las afueras de Sevilla. Cuando llegamos nos recibió primero un portero, que con gorra en mano nos iba dando la bienvenida y nos invitaba a entrar. Después de una hora haciéndose fotos en el parque, cogieron nuevamente el coche con dirección al salón, pues los invitados ya estaban esperando. Al bajarse del coche, EL REVERENCIA, le dijo a su mujer que se fuese primero para el salón, que ahora iría él, pues tenía que arreglar un asunto con el chofer del SEAT. La mujer cuando llego a la puerta del salón, recibió las felicitaciones del guarda, y este muy amablemente le abrió la puerta para que entrase. Pero ahí viene ese novio con su camisa Cubana, dirección a la puerta del local, con toda la rapidez del mundo pues ya llegaba tarde para el convite, y con un “ buenas noches” quiso abrir la puerta, pero se lo impidió el guardia que estaba allí. Este le dijo: ¿Dónde va usted? Le dijo el Guardia ¿Como que donde voy?, voy a la boda- le dijo EL REVERENCIA ¡¡Invitación!! – le volvió a decir Mire usted, le dijo EL REVE,- yo soy el novio de la boda y si usted no me deja entrar vamos a tener una buena bronca Con que el novio, jajajajajajaj, le contesto el guardia… Mire usted, con esa pinta aquí no se cuela nadie porque yo no quiero ¡Que si, que soy el novio, pregúntale a cualquiera que este dentro y veras como le dicen que soy yo!… - ya con un tono mas alto Yo, que estaba dentro, y viendo que el novio no llegaba y la novia estaba impaciente, pues teníamos que hacer el brindis, me dirigí hacia la puerta para ver que es lo que había pasado, pues la tardanza ya me empezaba a preocupar. A cada paso que daba en dirección a la puerta, yo ya sentía la voz del novio, una voz nerviosa de esas que describía que algo estaba sucediendo y que no era una cosa buena; y al abrir la puerta, me veo al REVE discutiendo con el guardia, en voz al grito diciendo “QUE SOY EL NOVIO, QUE SOY EL NOVIO, QUE ME DEJES ENTRAR” Aclarado el tema con el guardia, el convite se desarrollo con toda normalidad, el menú a gusto de todos los invitados, y tras una copiosa cena, se celebro el baile que duro hasta las altas horas de la madruga.
LA PRESENTACION DEL NOVIO DE LA HIJA DEL CONDE Tras recordar la famosa boda del REVERENCIA, que cada vez que lo hacemos, le entra una mala leche que se tiene que tomar un vaso de vino de un trago, sale la conversación de los hijos, y como no de los futuros novios que les han salido. Es cuando, EL CONDE, nos quiere contar como fue la presentación del novio de su hija Esto fue hace un año, en tiempo de Semana Santa, y mi hija me dice: Opaito ( porque ella me llama así) mañana por la tarde va a venir mi novio y quiero que lo atiendas. Pues nada hija, tráetelo para que lo conozcamos,- le respondí Al día siguiente, Martes Santo, llaman a la puerta, y me levanto, y cuando la abro, me encuentro a mi hija con una persona vestida de nazareno con una túnica de color negra y el antifaz puesto y con el cirio aun encendido, pues a causa de tener el capirote no pudo apagar la vela. He aquí mi primera sorpresa. Después de decirles que entrase, le dije a mi hija Mira niña, dile a tu novio que se quite el antifaz, pues así no podré hablar con él. A lo que me respondió: Opaaaa, no se lo puede quitar, pues el sudor ha puesto blando el cartón del capirote, y si se lo quita se le va abrir y luego no se lo podrá poner. (Una observación con respecto al poner y quitar el capirote o antifaz: Todo nazareno cuando sale de su casa o de la iglesia, tiene que ir siempre con el capirote, pues son normas de la hermandad, y aclarado esto proseguimos). Bueno, chiquillo, entra y siéntate Para que le dije eso, al primer paso que dio, con el capirote le dio de lleno a la lámpara del salón cayéndose cinco cristalitos. Tuve que disimular mi alegría al ver caer esos trocitos, pues esa lámpara fue regalo de mi suegra el día en que nos casamos, y yo ya no sabia como deshacerme de ella, porque fea es un rato, no sabré nunca de donde la saco, aunque yo deduzco que fue comprada en el rastrillo que ponen los gitanos los sábados; y gracias al novio de mi chiquilla esa pesadilla ya había caído, descanse en paz la lámpara. Al decir esto último, mis amigos, que me estaban escuchando muy atentamente, y con una sonrisa de oreja a oreja y el típico cachondeo que tienen, se santiguaron, y quisieron rezar un responso por la lámpara caída en acto de servicio. - Venga menos cachondeo, que luego no sabía como explicarlo a mi santa esposa – les dije mientras ellos seguían riendo. Después de mucho esfuerzo por sentarse, le di una copa de coñac, que para su desgracia no pudo tomárselo, pues con el antifaz puesto se lo impedía. Aproveche que mi hija se iba a no se donde, pues quería que estuviésemos los dos solos para poder hablar más tranquilamente, le pregunte: - Bueno, ¿y tú como te llamas?,- le dije para romper el hielo al asunto, y así intentar olvidarme de lo que llevaba puesto Y una voz de ultratumba me dijo: “me llamo Eustaquio” - ¿y tu padre es de posibles? - De posibles no, es de Sevilla – me contesto Tras esa contestación, y con la vocecita del mas allá que le estaba saliendo, y el mosqueo que me estaba entrado viendo a semejante personaje, le dije que la próxima vez que viniese con su puñetero padre. Y vaya si lo hizo, al día siguiente vino con el padre que era notario.” Después de muchos años de novios, se casaron, y llegaron a mis oídos que el marido de mi niña, a parte de ser un pelin torpe, era gafe. Lo cual me creía lo primero, pero eso de gafe pues no entraba en mi cabeza, pero me comentaron que sí, que era verdad, y me contaron un sucedido que mi hija me oculto por vergüenza: Estudio para ser capitán de barco, de teoría muy bien, pero de practica mas bien cortito…., en su primera salida a la mar se puso a los mandos del barco, y cual fue su sorpresa, y la de los 55 hombres que componían la tripulación, que hundió el barco en Canadá, y como seria el rescate que el barco que fue a su auxilio se hundió también ¿Pero bueno y porque no fue un remolcador que son especialistas en recuperar barcos? –pregunto el MONO Pues precisamente fue eso lo que yo le dije al amigo de mi hija, dijo el CONDE No, si el remolcador también iba, pero a la hora de arrastrarle, también se hundió- me contesto el amigo No hay que decir que fue la primera y la última salida que efectuó el niño, pues la naviera no estaba dispuesta a perder toda la flora en un mes. Y ahora esta el pobre en el paro, pero no porque no quiera trabajar, porque voluntad no le falta, sino porque empresa que lo contrata, empresa que cierra sus puertas por quiebra. Como no, nuestras carcajadas volvieron a fluir, y el CONDE, no pudo evitar el contagiarse y allí nos ven toda la gente a cinco personas adultas riéndonos como niños.
UNA DE BOCADILLO En este momento, la clientela estaba servida, y Antonio hace un descanso en su trabajo, y con un vaso de vino se nos acerca a la mesa y se sienta. ¿Qué tal os va? – nos dice Antonio Pues ya ves, aquí contando algunas cosillas – contesté Ya os veo, que no paráis de reír. Pues yo os voy a contar una de esas cosillas que me pasa a mi, mas concretamente con mi chiquillo, en Semana Santa Esto me paso hace un par de años, en Semana Santa, como ya sabéis soy Hermano de la Hermandad del Cerro, y apunte a mi hijo Miguel como hermano, él tenia 12 años cuando salió por primera vez. Y como es normal, ese año deje de salir de nazareno para ver a mi hijo durante el recorrido. Y como sabéis esta hermandad sale el Martes Santo a las 12 de la mañana y se recoge sobre las 2 de la madruga. Antes de salir, le dije a mi hijo que esto de salir de nazareno no es una cosa de risas, hay que comportarse en todo el recorrido e intentar no hablar durante el trayecto, mi hijo me contesto que no habría problema que sabia perfectamente comportarse dentro de las filas del cuerpo de nazarenos, que yo me sentiría muy orgullos de él. Como el recorrido es tan largo, quede con él que sobre las 6 de la tarde nos veríamos para darle un bocadillo con un refresco, pues tendría que recuperar fuerzas para todo el trayecto que le quedaba, y así lo hicimos. Lo vi salí, iba muy guapo, todo de blanco, muy inmaculado, y con un brillo en sus ojos que delataban la ilusión que tenia, nunca se me olvidara. Cuando terminó de salir toda la cofradía, que me tuve que tragar casi los 1500 nazarenos, a pleno sol, pues os podéis imaginar la sed que me entro. Al lado de la capilla, hay un bar que pone la cervecita muy fría, llamado “La Requefria” y allí me junte con mi gran amigo Felipe Martínez, y entre un “tomate una cervecita que te invito” y “ahora me toca a mi invitar” y “otra por mi suegra que se va de vacaciones a Cancún a buscar a Curro” y “otra a la salud del piloto que falta le va hacer por llevarla” pues llegamos casi consumir un barril de cerveza. Íbamos los dos más contentos que todo nos parecía bien. Cuando me di cuenta eran las 6 de la tarde y artito de cerveza, recordé que había quedado con mi hijo para darle el susodicho avituallamiento. Cuando llegue al tramo de nazarenos, saque de mi bolsa de plástico un pedazo bocadillo de tortilla de patatas que no se lo saltaba un galgo, y dicho y echo, se lo desenvolví y le dije “toma hijo que tú madre te lo ha preparado con todo su cariño”, el chiquillo como dijo que haría el voto de silencio por todo el camino, pues alargo la mano y recogió el bocadillo, pero había una cosa que me extraño, que el chavalillo que iba detrás, no paraba de guiñarme el ojo, y hacia unos movimientos con los brazos muy extraños, como diciéndome algo, lo cual yo no entendí, bueno tampoco podría entender nada pues entre el calor que tenia por la carrera y las cervecitas de mas que yo llevaba, pues poca cosa podía hacer. Yo lo único que le decía a mi hijo era “Miguelillo estoy viendo a tu compañero de atrás y me esta dando una pena, pues mira que no traerle su familia algo para comer, el pobre lo tiene que estar pasando mal” y la única contestación que podía percibir de él era una inclinación de cabeza, mientras que el otro entre el movimiento de los brazos, y los guiños de los ojos, no dejaba duda alguna que el chiquillo lo estaba pasando mal. Antes de irme le dije a mi hijo que ya nos veríamos a la hora de recogerse la Cofradía, y con el susodicho movimiento de cabeza me confirmaba la cita. Cuando me iba alejando de la fila, me estaba dando cuenta con que ansias se estaba comiendo el bocadillo, y con que penita le estaba viendo el compañero comerse el bocadillo. Y llego la hora de recogerse, hasta las 3 de la madruga no se recogió la Hermandad, me puse en la parte trasera de la Iglesia por donde salen los nazarenos. Y allí estaba saliendo mi Miguelillo, con una carita de cansado que no lo podía aguantar. Cuando le vi. le di un fuerte abrazo pues estaba muy orgulloso de él, se había comportado tal y como él lo había dicho, un comportamiento ejemplar. - ¿Qué tal te ha ido el recorrido? - Bien hasta que te vi llegar esta tarde con el bocadillo- me contesto - ¿Cómo es eso? Si cuando me vistes aparecer con el bocadillo, se te puso los ojos chispeantes de la alegría que te entró, vamos, no tenía punto de comparación del que estaba atrás, que se le puso una cara de pena que casi me pongo a llorar. - Papá, el que estaba atrás era yo, te habías equivocado en contar, y el bocadillo se lo estabas dando a un desconocido… como que no te iba a poner cara de alegría.. se estaba comiendo mi bocadillo y bebiendo mi refresco. Antonio tenía que dejarnos, pues nuevos clientes estaban entrando, y el negocio es el negocio y no lo podía desatender, esa era su excusa pero la verdadera fue que sentía vergüenza del despiste tan grande que tuvo con su hijo.
UN DIA DE PLAYA Después de un corto silencio, y una profunda meditación de lo ocurrido a Antonio con su hijo, salio el tema, y no se porque motivos, de la playa. Ese lugar donde muchos no le gusta ir pues entre la multitud que se aglomera a las orillas, que hay que coger turno como en las carnicerías para poderse mojar los pies, y la arenilla que se mete en los filetes empanados que lleva nuestras esposas, hace que ese día sea inolvidable. Pues yo os voy a decir lo que me ocurrió un día, cuando nos fuimos a la playa con la familia – nos dijo EL TIRAILLO. ¿Anda cuéntanoslo, que seguro que lo que a ti no te pase, no le pasa a nadie – le contesto EL REVE. Somos 5 de familia: mi mujer, mis dos niños, mi suegra y yo. Esto fue el verano pasado, le dije a mi señora que el Sábado nos iríamos a la playa a pasar el día. Como se que a ella le gustaba, pues le quería dar esa alegría a su cuerpo. Y ya la veis empanando filetes, haciendo el aliño de papas, y metiendo tres toneladas de comida en el frigorífico para el gran evento. Y llego el día del exilio, yo lo llamo así, pues parece que con la gran cantidad de cosas que llevamos no volveríamos más. Y a continuación detallo parte del equipaje que se le puede meter a un SEAT 127: - Mesa de playa, 4 sillas, un sillón, una sombrilla para el sol, 2 pares de sabanas (para hacer mas sombra), 4 bolsas de comida, 2 neveras, 2 flotadores, un cubito para que la suegra se moje los pies, el flotador de neumático de camión (inflao, porque no habría pulmones suficientes para inflarlo en plena playa), y una bolsa llena de potigues para que nadie se queme……. Entre otras cosas. Cuando ya estaba todo metido a presión, y después de hacer el intento de dejar en tierra a mi suegra, que es una santa (y eso siempre lo digo… bueno cuando esta delante mi mujer), y con la negativa de mi mujer que no se queda nadie atrás… nos ponemos en circulación. Son las 10 de la mañana de un Sábado de Agosto, todo el mundo ya esta metido en ese coche que no se como se estira, pues después de llenarlo, aun había sitio para la bolsita de la costura de mi “santa” suegra. Nos parecemos a los coches de los Marroquíes cuando van de vacaciones a su país, solo nos faltaba el colchón encima de los bultos que teníamos en la vaca del coche; la verdad sea dicha que mi mujer también se lo quería llevar, para así poder dormir la siesta en condiciones, aunque después de la carita que le puse se echo para atrás. Ya en marcha, y poco a poco, y después de cuatro paradas que tuvimos que hacer para que se enfriase el coche, y dos para que los niños bebiesen agua, llegamos a Matalascañas. Después de descargar todos los bártulos fuera del coche, nos disponemos hacer una carrera hacia la playa, pues había que coger sito, y luego dicen que ir a la playa es para descansar. Aún no he llegado y ya he practicado el deporte de: Pesas, Atletismo, y sobre todo el deporte de la paciencia. Después de montar el tinglao, que parece el campamento de moros, nos disponemos a darnos nuestro primer baño. Anda niño, tráeme un cubito de agua para mojarme los pies –me dice la abuela Ya mismo señora – le conteste. ¿Anda LUIS, porque no nos metemos en el mar?- me dijo mi señora Maria, ya sabes que no sabemos nadar, no nos podemos meter mucho pues podríamos tener problemas. Tranquila, nos agarramos de la manita y poco a poco nos vamos metiendo hasta que nos llegue el agua a la rodilla – me comento Maria Y así lo hicimos, nos íbamos acercando a la orilla del mar, y veíamos que había poco oleaje, hasta ahí bien, sin problemas. Pero cuando nos íbamos acercando a la orilla, mi mujer se puso a mirar hacia abajo viendo como el agua se acercaba y se retiraba. Y yo ya se lo iba diciendo “Maria no mires para abajo que te mareas.. chiquilla porque no me haces caso que te conozco” … pues nada, como el que escucha llover, ella seguía mirando hacia abajo.. y ¿Qué paso? Pues lo que yo me imaginaba, se mareo. Y con sus 83 kilitos de na, y ese cuerpecito cayendo hacia abajo, solo se le ocurre agarrarse a la susodicha parte, que por haber menores que puedan leer esto le llamaremos “el mandao”. En ese momento todo los que estábamos sentados en la mesa hicimos un gesto de dolor, ese gesto que no se puede evitar, era como si a cada uno le diese un tironcito en la parte antes mencionada. ¿Y que paso, después? TIRAILLO – le dije yo Después de que ella se agarrara, no podía evitar el gritar, y ya os podéis imaginar una playa repleta de gente, todo el mundo bañándose, y solo se escuchaba una voz que decía “¡¡Maria suelta, suelta, que me la arrancas!! Y no queda ahí la cosa, que mis hijos viendo el espectáculo que estaba dando su madre decían a pulmón lleno: “Mamá, mamá suelta el mandao de papá, que se lo vas arrancar”… No he pasado más vergüenza en los años de mi vida. ¿Y la gente que decía? –le pregunto EL CONDE La gente no podía decir nada, se arremolinaban alrededor nuestra, y con unas carcajadas se pusieron a sacarnos fotos de la posturita que tenía mi señora mareada y yo intentando sujetarle las manos para que no tirase más. Después de soltarme, pego un cabezazo en el suelo, vino una ola y la arrastro unos metros mas hacia fuera; adiós peluquería. Entre el dolor que yo tenía en el bajo vientre, y el revolcón de mi señora, ya el día de playa estaba terminado, y eso que eran las 1 de la tarde. Me lleve toda la tarde mandando a mis niños por hielo para bajarme la inflamación. No hay que decir que el viaje de vuelta fue muy callado, no por nada, sino pensando si entre la gente de la playa habría alguien del barrio que nos pudieran identificar. Las carcajadas se escuchaban en toda la taberna, el TIRAILLO se puso colorado de la vergüenza que le entro, pero después de unos segundos se le contagio la risa y se unió a nuestra fiesta particular.
NO HAY QUE FIJARSE EN LAS APARIENCIAS EL MONO es una persona de buen comer y por motivos de su trabajo solía hacerlo muy a menudo fuera de casa. Viajaba por toda España, y parte del extranjero, pero como el bien decía “como la comida de casa no hay nada “. EL MONO, un sevillano corpulento, pero de una nobleza que no se le podía negar. Es muy culto, pues llego a la universidad, pero por las desgracias de la vida tuvo que dejar de estudiar y empezar a trabajar, pero eso sí, con una gracia que a nadie corresponde. Él se hacia protagonista de situaciones que unas veces eran ciertas y otras menos, pero el hombre las contaba con tal gracia que todos las creíamos. Contaba que en un viaje a Huelva, iba solo, y llegado la hora de comer, se paro en un restaurante llamado La Orilla Suiza, que por su pinta le parecía que estaba bien. Entró en él, y después de elegir la mesa, justo enfrente de una cristalera que daba a la orilla del mar, pensó “¡olé el sitio que me he metio, aquí me voy a poner las botas!” En ese momento, le llego el maitre, según él parecía un pingüino de lo tieso que venia y le dijo: - Buenos días caballero, permítame, caballero que le dé mis expresiones de sincera enhorabuena por elegir los fogones de esta casa, que es la suya…. Ya con esta forma de hablar ya me olía a que este tío se iba a enrollar mucho, y lo que yo quería era comer. Pero le deje continuar pues quería saber como iba a terminar esta parrafada. “Nuestro cocinero suizo, que es pariente de Henderles, es un virtuoso de la cocina, conocido en todo el mundo por sus premios y sus publicaciones en las mas altas guías del Groumet, y es el artífice que avala nuestro renombre” ¿Tomara un entrante para crear sensaciones? Por lo pronto una cervecita bien fría y unas olivitas para acompañar, y después, como entrante una racioncita de jamón y unas almejas marineras. Muy bien señor, buena elección – me contesto el señor con todo su peloteo- ¿y como segundo que desea el señor? Pues no lo sé, ¿usted que me recomienda? Permítame el caballero que le dé un consejo entonces. Yo le sugiero un” rinatto en salsa de Bracamonte.” ¿Y ese plato en que consiste? Ese plato, señor, contiene básicamente lomo de rinoceronte, previamente macerado durante mil y una noches, en una mezcla de cúrcuma, alitas de saltamontes, ajonjolí y yerbaluisa, pan de higo, y chicharrones; todo ello bien regado en sus justas proporciones por leche de dromedario, traído desde lugares muy remotos de Egipto, babilla de caracoles, el sudor de una morcilla, y el zumo de tres limones. La carne así macerada, en filetes se dispone cual el tournedó Rossini, sobre crujientes panes tostados, de pan de habichuela, eso es de importancia enorme, pues que si el pan es de trigo todo el invento se jode. Ese conjunto se cuece durante quince minutos, en salsa cuya receta no he de darle, pues es un secreto de nuestro chef, usted lo puede comprender. Después de escuchar la parrafada del susodicho persona, que la verdad no me entere muy bien de lo que llevaba, pensé, que todo eso metido en un plato seria para estar comiendo tres días con sus respectivas noches. - Pues nada pórgame ese plato tan exquisito que me ha detallado y no se hable mas. - Enseguida, señor, y que usted lo disfrute. Después de darle rienda suelta a mi gran paladar sobre el jamón y las almejas, no tardaron en servirme el “ rinatto Bracamonte”. Introduje el cuchillo en la carne deforme, con un inútil resultado pues la carne estaba tan dura que parecía de bronce, o tal vez de neumático Michelin o Firestone. Solo el olor de la salsa el vientre se me descompuso, y de inmediato llame al maitre, y cuando llego, le dije: Dígale usted al cocinero suizo de los cojones, que se meta esta bazofia por donde usted ya sabe. Si se refiere al culete, ahora mismo doy la orden Y de inmediato coge el plato de la mesa, y se va corriendo hacia la cocina, y después de unos minutos regresa y me dice: - Su propuesta ya está en marcha, pues sus deseos son ordenes pero tendrá que esperar , y le pido mil perdones, pues no tardara mas de cinco minutos, cinco como mucho, porque nuestro cocinero suizo que nos da tanto renombre , por el intimo orificio que usted citó y bien conoce, se está metiendo ahora mismo una paella para doce. Ya suenan las tres de la tarde en el reloj de la iglesia, es hora de salir, pues las parientas nos están esperando para comer. Después de pedirle Antonio la cuenta, y su posterior pago a escote, pues así lo habíamos acordado “en los Estatutos” de nuestra primera reunión, hace ya unos 20 años, nos dirigíamos todos a la puerta de salida, y con un simple hasta mañana Antonio, los cinco nos íbamos por diferentes caminos, pero sabiendo que al día siguiente nos encontraríamos en el mismo lugar y contado diferentes historias. |
Manu1701
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