

CRIMEN O SUICIDIO
por MARKAMDA
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“Para Julita…” El cuerpo del joven hombre se encontraba sentado sobre la mullida silla de cedro opaco… Bajo su mano derecha; dada la inclinación de su cuerpo; un revolver calibre 38 mm. diferenciaba una muerte de otra… la del crimen o suicidio… El detective de homicidios ingresó al comedor, con menos ganas que la que tuvo al colocar los pies fuera de su cama a las 02:00 A.M. … encendió un cigarrillo con la parsimonia que tomara un café, y se deslizó hacia la escena guiado por un agente de la policía federal… Los ojos avezados cotejaron rápidamente el panorama, acostumbrado a cientos de casos de los cuales siempre serían distintos… porque el ser humano es distinto… de la misma manera sus acciones son distintas… sus móviles son distintos… pero en algo… solo en algo son realmente iguales… en la muerte… la cruda y fría muerte… Se paró junto a la mesa servida; observando cada detalle de ella… los cubiertos colocados en posición correcta… y recordó la vez que su novia le incitara a que hiciera un curso de urbanidad y buenas costumbres… porque “debes tener más recato y comportamiento a la hora de almorzar o cenar en los agasajos”… le había increpado… como también recordaba en el libro de Manuel Carreño de una edición mexicana, donde decía que la mesa “es el lugar donde se revela el grado de educación y cultura de una persona”… porque todo tiene una regla… como el tenedor, que se impuso hacia el año 1500 en Italia, y de allí se extendió hacia el resto de Europa…porque de esa época viene la costumbre de colocarlo sobre el costado derecho y con el filo hacia adentro… Lo primero por necesidad de tener el escudo en la izquierda; lo segundo por no tener un accidente cortante… Dos platos distribuidos, contando con el del cadáver… sólo éste último, contenía t oda la cena servida… sin embargo… sólo sus cubiertos y demás elementos estaban ligeramente movidos del lugar… el resto, mantenían el alineamiento de su preparación… Caminó sólo unos pasos, para dar junto al cuerpo que yacía inclinado sobre su silla… Un repaso etiológico desde la posición de su mano caída junto al arma y la del revólver le hizo ver que la muerte había sido espontánea… pero… suicidio autoprovocado ?... Recordaba lo que siempre le había recalcado su madre… que “a las armas las carga el diablo…”; y claro… en el curso de pericia, el profesor le demostró que el diablo no era ni más ni menos que el mismo ser humano… maldito… asesino... o desesperado… En este caso, el arma era propia… nombre dado a la que fuere creada para un fin… Se agachó sintiendo el sonido de sus rótulas, y cotejó silenciosamente la perforación en el costado de su cabeza… La curva parabólica de la trayectoria, no se presentaba como efectuado a corta distancia o a quemarropa… sino como realizado a aproximadamente un metro del cadáver, puesto que no se hallaba tatuaje o manchas en la piel… tampoco pelos chamuscados… y la herida era ovalada y presentaba la famosa cintilla erosiva-contusiva y cerco de limpieza… Como tampoco tenía orificio de salida… Esto le hacía indicar que el poder de penetración calculando la energía cinética en el momento del impacto, que se necesitarían 61 metro por segundo, deberían ser de entre 20 y 30 perf. (Dividiendo energía cinética en Kgm en el momento del impacto, entre la sección del proyectil, en Cm2)… Dio vuelta rápidamente su cabeza, y observó la ventana cerca del occiso… la misma se encontraba cerrada pero sin el pistilo de seguridad… de inmediato solicitó a un ayudante una prueba de clasificación dactilográfica bidéltica, sobre las huellas digitales que podrían encontrarse en el marco de la misma… Cada momento que se sucedía, más se acercaba la posibilidad de un crimen a un suicidio… pero nunca debía de apurarse… porque toda investigación tiene un resultado… y todo resultado una verdad… Además estaba el fenómeno cadavérico... el establecimiento de la causa de muerte… porque aquí se desarrollaba una muerte sospechosa… porque no había traumatismos, no había forcejeo, no había resistencia… Se paró sobre sus pies… pensó un instante sobre los hechos y consecuencias… y luego, como empujado por una mano invisible, se dirigió hacia cada sala del hogar tenebroso… Luego de inspeccionar los demás lugares, recaló en la habitación principal, que estaba realmente impactante… una cama estilo colonial, cuyos sostenes del elástico de madera, eran troncos grabados cuyos relieves se aproximaban casi reales a un árbol añejo… colgaba de su techo una especie de funda color verde vegetación, haciendo parecer un cobijo bajo un frondoso portento arbolado… bajo la misma, la alfombra de pelos espesos se entremezclaban como pastos, al mejor estilo Jumanji… Y pensó en su novia Esther… en el tiempo que pasaban acostados en la cama de una plaza, en el apartamento de dos ambientes de la calle Tucumán… y no se sentían incómodos… porque la comodidad se acoplaba perfectamente entre los cuerpos desnudos con sabor a piel fresca… a amor compartido… Y luego qué?… que pasó en ella?... qué la distanció de los pensamientos tan profundos hacia su ser ?… es que se cansó de la tediosa vida de un policía… de sus corridas a cualquier hora de la noche… a cualquier hora del día… o tal vez de los comentarios que se enmarañaban con la absurda realidad entre lo ficticio y lo real ?... La mano tocó su hombro… la realidad volvió a su mente… y recordó el efecto que produce en la rana si es arrojada hacia un recipiente de agua caliente… un salto… una percepción del peligro… pero si ésta es colocada en uno de agua natural y luego calentada gradualmente… no hay salto… no hay realidad del peligro… y luego qué ?... Lógicamente que la muerte… El oficial le instó a que se acercara a la repisa sobre el televisor de plasma… y le mostró las fotos de la persona fallecida junto a una bella mujer de tez morena y labios con botox… Ella se encontraba en su casa quinta… tan tranquila… tan distendida… que al detective le costó mantener un orden en su método de interlocución… En realidad era bella… tanto, que las líneas precisas de su rostro se comparaban a los de cualquier trazo en los mármoles renacentistas… y su voz… tan sensual como la melodía de las sirenas de Homero… Las preguntas comenzaron tenues… luego se acrecentaron ante la disparidad de los hechos… porque la disposición de los sucesos, no concordaban con la lógica… y la lógica tiene concordancia... En un momento de su exposición, pareció como si un delgado hilo de agua salada comenzara a brotar de entre sus lagrimales… pero supo contener estoicamente el embestido… mantuvo la forma que la proclamara reina absoluta de la frialdad y el orgullo… El recinto del laboratorio de análisis científicos de la Policía Federal se comparaba a un pequeño barcito, con la diferencia de elementos variados y de última tecnología… En la mesa de vidrio con asiento de metal, se repartían placas con huellas dactiloscópicas sacadas de la ventana junto al occiso… el detective tomó para sí una de ellas y las comparó con otras, que retiró de un cajón del archivo metálico… y no había concordancia… luego recordó la conversación con la dama de hierro… puso pies en polvorosa y se dirigió hacia el domicilio del que fuere su sirviente… La casa se encontraba en un barrio residencial… mucho para un lacayo de su categoría… de acuerdo a unas fotos que le habría mostrado la esposa del industrial. Se trataba de un apuesto joven de algunos veintiocho años… tez bronceada… jovial y cara de astucia… luego de algunos intentos, nadie respondió a los llamados de la fuerza pública… sacando la orden del juez de entre el bolsillo del saco gastado, dio orden a los acompañantes para que derribasen la puerta… El primer panorama fueron las piernas colgando, con calzado deportivo a la moda… estos danzaban suavemente, pero bajo ninguna canción de rock o cumbia… sino al ritmo de las parcas… su cuerpo no manifestaba el rigor mortis, porque era una muerte fresca… nueva… Sobre la mesa ratona del living, un sobre se observaba como desafiando la rara investigación… como una posible declaración que unía a dos personas y un solo fin… El juez abrió la carta lentamente… teniendo el mismo cuidado como cuando cambiara por primera vez a su pequeño hijo… y leyó minuciosamente su contenido… El detective comenzó a escuchar meticulosamente las palabras que emanaban del texto… amor… desesperación… hastío… necesidad… bronca… ira… desconsuelo… Miedo a perder… miedo a la soledad… miedo de que vuelva a su esposa… dolor… venganza… y el detalle de los hechos… el arma cerca del cuerpo… la fuga por la ventana… y cerró los ojos al cansancio… El escritorio de su oficina se encontraba atiborrado de papelería mil veces leídas… abrió el cajón en el costado derecho del mismo, haciendo un ruido a madera reseca… extrajo una lapicera color marrón con capuchón blanco y la destapó… se la llevó hacia la boca, como un acto reflejo, o una maldita costumbre… la hizo girar sobre sus labios sin morderla… y abrió la carpeta con la ficha del caso… La introducción resumía los hechos acaecidos… luego le seguían las actuaciones y pericias… tanatología con etiología y cronotanatodiagnóstico… balística con sistema de disparo, de efecto, trayecto… trauma térmico y patogenia… clasificación dactiloscopia… y resumen sobre el desencadenante al suicidio del autor del hecho… lectura de carta… constatación de culpabilidad… planilla de reparo, donde el investigador da por concluido o abandonado el caso… La lapicera se colocó justo encima del trazo a rellenar… él pensó por un momento la frase a escribir… cerró por última vez sus ojos a la realidad, y un halo de inquietud corrió por su frente… y descubrió pensando en los hechos, la magnificencia en el intrincado laberinto de las pasiones humanas… en las consecuencias sobre actos impropios… en los desvaríos que impone la voluntad ante la encrucijada de tenerlo o perderlo todo… en las manifestaciones descabelladas de unos para perjuicios de otros… en el tiempo que se consume… en las vidas que se pierden… y escribió sobre el espacio a llenar… crimen… o tal vez podría haber puesto suicidio?... La golpeante voz del locutor de radio anunciaba una nueva pericia en el misterioso e irresuelto caso de Nora Dalmasso… |
MARKAMDA
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