DOY FE

por MARKAMDA

El sonido del celular comenzó a recrudecer luego de unos segundos…y el bullicio del aparto televisivo, conjugaba en ilógica armonía ante los sonidos discrepantes…

Marta había hecho el amor como nunca, pues su cuerpo exhausto junto a su amante, demostraba sin tapujos el exquisito esfuerzo realizado…

Y no tenía deseos de tomar el teléfono ni de apagar el receptor; sólo seguir en el éxtasis de un orgasmo provocado por el furor del encuentro…

Apretó suavemente la tecla send, y con tono apagado, contestó el llamado…

El viaje se tornaba monótono; no por el paisaje muchas veces visto; sino por el cansancio que divide la realidad con la fantasmagórica fantasía de lo ficticio; donde las líneas paralelas de la ruta, comienzan a confundirse con oblicuos cruces en las retinas cansadas del que conduce; colocándolo en abruptos espasmos hacia la visión esforzada…

Todos dormitaban… Carlos… Marcos… Fabián…. sólo Aníbal, con sus manos nerviosas; aferraba sin seguridad la barra circular del firme volante…

Héctor tenía la imperiosa necesidad de llegar... pero entre el destino y su ubicación, aún distaban algunos kilómetros y tiempo de viaje…

El cansancio se hacía notar en su cuerpo, pero más en la sencilla necesidad de estar con su pequeño hijo Luís; fuerza de todos sus esfuerzos; dicha de todas sus angustias…

Apretó aún más el acelerador; quería avanzar en la desesperación de la llegada; y la ignorancia del perjuicio desconocido…

El perro vagaba a la deriva de su olfato, oliendo cada hierba y pedregullo del costado de la ruta….hacía horas que no probaba comida, porque su apetito sexual se había centrado exclusivamente en su sencilla mente; por una perra marrón de largas orejas blancas…

Trotó en zigzag hasta confundir el desparejo suelo con el liso y áspero cemento…

Héctor amaba los animales; pues tenía a Bronco; un perro lanudo y viejo que había encontrado en un paraje de camiones…y ganó su corazón con la ternura de su mirada, y el juego alegre de sus saltos y volteretas; la misma silueta y estilo de aquél animal que se erguía frente a una de sus ruedas delanteras…

Su brazo derecho se cruzó hacia su izquierda en un acto reflejo de arrojo y de duda…y su rostro rápida e instintivamente se dirigió hacia el espejo retrovisor externo…

El perro se acurrucó desesperado; y con un alarido; se arrojó hacia las malezas de la ancha zanja… Aníbal, se sintió encandilado por el reflejo tan potente como el impacto de los hierros… y luego… el silencio…

No existe ser humano vivo que en una situación de desesperación y angustia, haya absorbido con lujos de detalles, la horripilante escenografía que presenta un cuadro traumático…porque cada involucrado lo vive a su manera, lo siente en su dolor y su angustia, lo observa y coteja en el reducto de su limitada conciencia…

Vapor y humo se confundían entre los elementos retorcidos; alguna que otra chispa ante los circuitos eléctricos destruidos… una cubierta se desinflaba lentamente, como dando un aire de respiro a la fatídica escena…

Los grillos acallaron sus melodías; los pequeños vidrios que aún rodaban por doquier, se igualaban a prismas entre la luz de la imponente luna, y los faros del camión… cientos de partes grandes y diminutas, regaron el panorámico y tétrico paisaje entre campos cosechados…

Marcos no entendía los sucesos; sólo sentía la presión del asiento delantero, y algo caliente que le mojaba sin cesar ambas piernas doloridas…

Quiso abrir rápidamente sus ojos, pero un baño de sangre le incomodaba el movimiento ocular… estiró su única mano libre, y aferró al descuido, los pelos de la cabeza decapitada de Fabián…y quiso gritar… quiso maldecir a la desesperación patética de la impunidad de la muerte; pero sólo logró golpear con fuerzas, el apoya cabezas de Aníbal…

Aníbal se encontraba recostado sobre el volante y apretado contra el asiento… cortado a la mitad… como aserrado por la motosierra de las parcas… sus intestinos se esparcían sobre el resto de sus piernas y pelvis, y el torpedo que a duras penas , aún lograba entrever la velocidad marcada en el impacto…ciento sesenta kilómetros por hora…

Diez metros mas adelante; entre el chasis del camión y el letrero que rezaba máxima ochenta; el cuerpo acurrucado como un trapo abandonado de Carlos, ofrecía decenas de quebraduras expuestas; y el estallido de su cerebro, regaba con su blanco contenido, las pequeñas florcitas amarillas de plantas silvestres…

Existe la tolerancia entre lo irracional y la estupidez?... hay coherencia entre el amor propio y el deseo de ser amado?... hay lógica entre la muerte y el suicidio?...

Héctor; lentamente y con dolor; desenganchó el cinturón de seguridad de su asiento; la parte delantera de su camión se alzaba mas arriba de su mirada, porque el golpe la había elevado metro y medio sobre el nivel del asfalto… con el hombro de su brazo izquierdo, golpeó la puerta hasta hacerla crujir hacia el exterior; y a duras penas; comenzó a bajar por los torcidos pescantes… cada movimiento era un suplicio… cada respiración era una agonía…

Cayó sobre la línea divisoria de la ruta, y tomó el celular ileso de entre sus ropas; y sin pensarlo; marcó el desesperado número cien…

Marta escuchó incómodamente la voz del oficial… luego tomó con una de sus manos la desprolija cabellera; y en un sollozo, saltó de la cama gimiendo desconsolada…

Caminó descontrolada hasta la cama de su hijo; y abrazándolo con reproches internos; comenzó a rezar por la salud de su esposo Héctor…

Osvaldo no entendía nada; sólo recordaba un encuentro mas con el cuerpo de su amada… las sábanas revueltas… el reflejo de la luz de la calle… los contornos de Marta… y a medio hablar, ella le contó los sucesos…

Marta tomó las llaves del coche, y con su hijo ya despierto; se prestaron a partir rumbo al accidente…

Osvaldo se fue caminando, con un halo de preocupación; pero interiormente feliz de saber que no era su desdicha; pues su esposa y su hijo, estarían gozando de una exquisita cena… la misma que ellos creían que él estaría disfrutando…

Acomodó su pelo; sus ropas; e ingresó hacia el interior de su hogar… su esposa María se encontraba mirando complaciente una hermosa comedia; pues su hijo Carlos, había salido con sus amigos Marcos; Fabián y Aníbal…

El jefe del cuerpo de Bomberos llamó por beeper a todo el personal de guardia, y sin demoras, puso en calentamiento a las unidades de rescate… el cuartelero cotejó los elementos a usar, e instintivamente rogó por que su esposa no le haya prestado el coche a su hijo menor Aníbal; mientras se colocaba las pesadas y reforzadas botas…

Alberto llamó por segunda vez a su hijo; pero del celular no recibía contestación… debía trasladarse a cubrir la nota de un accidente en ruta, y su esposa se encontraba en reunión de amigas en un bar. Céntrico; y dejando la llave en la maseta bajo una ventana, tomó la filmadora y partió rumbo al siniestro…

Marcos; con la única mano móvil; trató por todos los medios de llegar al celular ,que de repente, calló su música… y se sintió desgraciado y confundido… y no pudo más que comenzar a llorar…

No existen los augurios… existen los malos deseos… no existe el destino… existe la estupidez intolerante… no existe la casualidad… existe el accionar circunstancial… porque así como existe Dios, también existe la muerte…

Imagine usted este patético cuadro… cierre los ojos y colóquese como un espectador en la primer butaca de la más cara platea VIP---palpe la desesperación e impunidad de las víctimas… describa con la elíptica de su visión, la magnificencia en la mortalidad humana… imagine la sangre derramada por las causas que usted crea prejuzgar… y aunque usted piense que cree estar viendo con su imaginación los hechos relatados; yo le aseguro; que en el infinito accionar de su magnífica inteligencia; y sin desmerecer su excepcional esfuerzo; nunca podrá ver; en lo más profundo; una situación similar…

Doy fe…

MARKAMDA
www.reflexionesmarkamda.com.ar

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