EL CIRUJANO DEL DIABLO

por MARKAMDA

A mi amigo Leopoldo…”

 

El hombre se ubicó sobre el costado derecho del paciente… un joven de 16 años de edad, de tez blanca y estatura mediana… elegido entre miles… de raza aria… vaya a saber de qué lugar de Alemania…

Aunque siempre quiso saber algo más de sus pacientes; la orden directa de su superior había sido estricta… inalterable… y la operación número dos, debía proceder efectivamente… sin sobresaltos…

Recordaba aún al primero… cuanto hacía de eso ?... muchísimo ya, no ?... tanto, que no recordaba casi su rostro… pero claro… sí recordaba los sucesos… y el hecho de lograrlo, le erizaba la piel y los vellos de la parte superior de la cerviz….

Quiso maldecir, pero recordó el poder de su jefe… y luego pensó, que después de todo, casi era imprescindible… sino; para qué lo querría aún entre los mortales ?...

No quiso pensar más… es que su trabajo no era pensar… era anular el circuito de los registros cerebrales… y recordó el día en que se le presentó… hermoso… poderoso… sutil… maléfico… y colocó sobre su mesa un rollo, donde mostraba con lujos de detalle, la maquinación perfecta en una avanzada y científica manera de cortar el lazo más importante de humano alguno, con la conciencia y la sensibilidad…

Y era esto posible ?... podría persona alguna, insensibilizarse por intermedio de términos quirúrgicos, lo que el cerebro humano encierra como único e inalterable, y que todos denominan amor ?...

Y en un esfuerzo por recordar el rostro de su primer paciente, ingresó una especie de pinza esterilizada por la ranura de la corteza prefrontal…

Suavemente se deslizó por entre las cavidades cerebrales… milímetro a milímetro… pues su destino final era el hipotálamo… y al estar cerca de éste, con un pequeño e imperceptible movimiento, apretó levemente el Nudo de Accumbens y luego el de Septum… segundos después, como dando por terminada la faena, revisó el área Tegmental Ventral, y se sintió medianamente satisfecho…

Retiró ligeramente el adminículo de la frente del joven, y se dirigió a la garganta… con una pequeña incisión penetró hacia las amígdalas, y una leve mueca como una risa, dejó escapar de entre sus transpirados labios…

Los pequeños golpes en las palmas de las manos, sacaron como aplausos callados en los oídos a espaldas del neurocirujano... inmediatamente giró su cabeza, y no pudo más que tratar de agradecer tímidamente el cumplido… luego, como viniera; desapareció…

Nuevamente, miró al joven acostado, y comenzó el trabajo tedioso de sutura…

Un tiempo después, se prestó a evaluar los efectos sobre su paciente… miró la hora en el reloj de madera del siglo dieciocho… 16, 45Hs del 15 de enero de 1910…

Sus apuntes en una carpeta de cuero marrón opaco decían lo siguiente…:

“… Al igual que mi primer paciente, y de acuerdo a los datos descriptos en el rollo que aún conservo intacto; he logrado anular con éxito la liberación de dopamina que irrigan a los cuatro puntos cerebrales como el Nudo de Accumbens; el Septum; la amígdala y corteza cerebral… los cuales unidos, activan el hipotálamo, centro de las reacciones emocionales… de esta manera, los fuertes lazos emocionales, no lograrán inhibirse, no afectando el circuito normal de las emociones negativas…”

Sopesó sobre los datos privados del paciente, y el igual que el primero, las elecciones habían sido exactas… perfectas… porque…”… el acompañamiento de los componentes en el amor, la alegría, la ira o el miedo; no sólo se vale de neurotransmisores y neuronas… sino también de ingredientes como cambios somáticos y viscerales…” y cerró la carpeta complacido por la tarea realizada…

El hombre de mediana edad leyó las últimas líneas de la página trece, y con delicadeza, lo abandonó sobre la pequeña mesa de tres patas, que depositaba una pequeña lámpara con adornos floreados y luz tenue… se levantó rápidamente, y con grandes pasos se dirigió hacia el espejo grande del dormitorio… se acomodó el cuello y la insignia que tapaba al primer botón de la camisa… con un cepillo, peinó el rebelde cabello en la frente, y mojó con algo de saliva en su dedo, el pequeño y recto bigote… trató de colocar en encuadre el lazo rojo con un símbolo en su brazo izquierdo… y se dirigió al balcón donde lo esperaba su amigo de campaña…

El libro cerrado bajo la suave luz, dejaba observar el título de su portada… La traición de Judas… afuera, miles de miles de gargantas al unísono, proclamaban lo que luego sería nombre de infamia… Haeil Hitler…

15 de enero de 1955… el neurocirujano desenvolvió el rollo por tercera vez…. pero esta vez se cercioró sobre la identidad del joven paciente… un americano llamado J.W.Bush…

MARKAMDA
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