AMORES

por PRÍAMO

Había estado paseando todo el día por los muelles de la ciudad vieja. Casas oscuras y llenas de humo; marineros que salían a borbotones de las tascas y casas de lenocinio; mujeres ataviadas con amplios vestidos que dejaban ver sus ampulosas formas, sus nalgas grandes y bien plantadas y unos pechos prietos, sostenidos por corsés casi asfixiantes, muchas de ellas pintadas de viruela, y profiriendo risas y susurros, unas veces audibles y otras solo imaginables.

Los marineros, borrachos como siempre, dejaban entrever su nariz enrojecida, cuando la tenían, y unos dientes negros, escasos de tanto mascar tabaco, que ahora los barcos traían desde las Indias Españolas.

Había llegado un día antes al puerto de Cádiz, ciudad pequeña y blanca, resplandeciente de luz, calles apenas adoquinadas que le daban aspecto lujoso, cuando no, vestigios de épocas pasadas.

El era el último miembro de una familia acaudalada, con amplias posesiones en la vieja Valencia, en donde sus antepasados vivieron con lujo y boato, con descaro y con prebendas, mientras fueron dueños de algo que, poco a poco y gracias a fastuosas fiestas, mujeres y deudas de juego, habían perdido poco a poco y del que solo quedó un porte recio, unos andares comedidos, una educación intachable y unas maneras definidas que marcaban la diferencia.

Buscaba, entre la maraña de velas aquella otra que lo transportara a un mundo lejano, a una tierra remota, en la cual no tuviera pasado ni historia y solo consigo mismo pudiera ser dueño de su vida. Atrás quedaría su tierra, por que a pesar de su origen él había nacido en Sevilla, tierra de luz y de flores, aromas de naranja y azahar, ciudad llena de vida y de ganas de vivir, en donde quedo un amor, tendido y rendido, sublime, e imposible.

La conoció apenas un año antes, mientras los naranjos daban sus primeras flores primaverales, y toda la ciudad respiraba azahar; Cuando las gentes aún se acababan de despertar del incienso y aparcaban ya sus capas, abrigos, y los pantalones de pana, para renacer en las mujeres los colores y en piropos los hombres. ...¡ No había mujeres más guapas!...

Mientras paseaba un día por la Alameda, denotó que delante suya iba una dama, frágil y pizpireta en sus andares, acompañada de su sirvienta que le paraba los rayos de sol con una sombrilla de encaje y raso. Ella en su andar saludaba casi imperceptiblemente con un ligero descenso de su cara a todas las personas que por su lado pasaban, a la misma vez que se cubría la boca con un discreto abanico a medio abrir. Todos paraban un instante y para todos tenía una mirada, un par de ojos sobrevenían de todo y se hacían más grandes conforme te acercabas, pero él no tuvo palabras que decir, ni gesto que responder, ni mirada que transmitir.

Siguió caminando tras ella, hasta que entró en una casa de paredes ocres y cantoneras rojas, con ventanas cuadradas y rejas verdes, de donde colgaban numerosos tiestos de geranios y gitanillas; Puerta recién pintada en marrón oscuro y brillante con aldaba de bronce.... Calle San Vicente nº 9.

Una casa típicamente Sevillana, de mediana importancia, rodeada de naranjos plantados en arriates que demarcaban una pequeña callejuela empedrada, por donde las calesas transportaban a las personas que aún podían pagarlas.

No supo más de ella hasta pasado por lo menos un mes y medio, en el que la vio de nuevo detrás de una mesa en el Ayuntamiento de la Ciudad, en donde él trabajaba como Delegado. Había llegado allí, tras haber estudiado en la Universidad católica de Salamanca y gracias a unos parientes que tenía en la ciudad, y que por cierto, poseían un enorme cortijo en Ecija, logro ser admitido en el Ayuntamiento Hispalense, plaza que le reportaba unos estipendios desahogados para poder solventar su vida, que hasta esos momentos era especialmente normal.

No se le conocían disputas o reyertas, cosa muy frecuente en la España de principios del siglo XIX, tampoco falto de honradez y estrictamente chapado a la antigua, de moral rancia y de principios incombustibles. Tuvo en su juventud esposa e hijo, pero a una la perdió victima de las fiebres puerperales, allí en Salamanca, su hijo quedó con sus tíos y abuelos maternos, como también era costumbre. El mensualmente mandaba cierta cantidad de maravedíes para su cuidado y recibía habitualmente cartas de su hijo, ahora ya con 16 años, pero cuando cerraba los ojos, no lograba ver sino un bebé acurrucado en sus brazos que movía sus manitas y que casi ni podía sostener por la torpeza de sus manos.

Desde entonces su corazón estaba mudo, ni latía ni sentía, no es que la amara tanto, que la amó sino que no quiso buscar nada para no tener que pasar por la pena de amar a alguien y que luego se separara de él, por eso no se le conocían amores ni amantes.

Siempre iba vestido a la moda, con chaqueta y pantalón a juego de color gris o gris marengo, con bastón de cantonera plateada y con su cabeza despejada, odiaba el sombrero. Sus días los pasaba entre el trabajo y la lectura de obras de grandes poetas y literatos. Quería conocer, y ansiaba saber más, pero aunque su ciudad era ilustrada, él adolecía de algo que aún ni sabía que existía.

Aquel día volvió a verla, no exactamente, vio unos ojos que estaban ocultos tras un abanico, y allí en ese instante recordó esa mirada que, frugalmente se cruzó con la suya. Por la tarde, mientras estaba en el calor vespertino del patio de su casa, se acordó de ella, y recordó.... Calle San Vicente nº 9. Se levantó y se vistió de forma adecuada, pidió un coche y dio la dirección. Conforme llegó al lugar recordó perfectamente la casa y ,bajando despacio se dirigió hacia la puerta, en donde tras dos golpes de aldaba apareció una criada de aspecto envejecido y olor a alcanfor.

La señora no estaba en la casa, según le comunicó, estaba en el Hospital de la Caridad, atendiendo a los enfermos allí ingresados. Y tocándose la frente se disculpó y tras él se cerro la puerta. Tomó de nuevo el coche y le dio al cochero la nueva dirección, en el Arenal, al margen del Guadalquivir, junto a la Maestranza. Fundado en el siglo XVI por el gremio de mareantes y bajo auspicio de la comandancia de marina, en los días de hoy atendía a todo tipo de personas, ricos y pobres, y gracias a sus amplios jardines, era lugar frecuente de trato y reposo para los muchos afectados de Tuberculosis, que por entonces había en España.

Entró despacio y un poco asustado, nunca había estado en un hospital, la muerte y el sufrimiento no eran parte de su vida, y odiaba ver la maldad, tanto en el ser humano como en el cuerpo. Miró por salas y rincones, no podía preguntar, no sabía como se llamaba; Patios y recovecos tomaron tiempo de su devenir, y allí, al final del mismo, entre flores que bordeaban naranjos estaba ella, con sus manos extendidas sobre un anciano que la miraba fijamente.

Su sonrisa era amplia y llena, deba vida y los ojos, tan llenos de luz. Quedó embobado y paralizado en medio de aquellas galerías.

•  es bonita verdad?

Oyó decir detrás suya, es preciosa y linda y además muy buen médico. Al volver la cara vió a una monja de amplias alas en la toca que también miraba en la misma dirección

•  que ha dicho madre?

•  Que es como tener un ruiseñor en casa todo el día

•  Se llama Ana, ......

Le contó la monja que hacía poco que estaba allí, pero que su presencia le había dado color y alegría a muchas personas.... enfermos y..... no tan enfermos.....

•  y...... usted a que viene??

No supo que responder, y solo murmulló que era un admirador

•  Otro!! ............ dijo la monja.

Pues sepa su señoría que acuden muchas personas a buscarla, le ten regalos, le mandan flores hermosas en cestos de mimbre, muchos caballeros acuden aquí solamente para verla, invitarla a fiestas, teatro, comedias, gentes de bien, poderosos rentistas y grandes hacendados,....pero ella solo sale cuando su doncella acude a recogerla, diariamente, sobre las 5 de la tarde en una calesa,.... que por cierto está a punto de venir........

Quedó mudo, ciego, y sordo, no podía moverse ni hablar, no supo que decir cuando la vio acercarse hacia donde él estaba, y allí apreció que su pelo era negro, brillante, azabache, sus ojos profundos y su cara, la más bonita que nunca había visto,.... y se acercaba....

•  ¡ Buenas noches madre!!

•  ¡ Buenas tardes hija!!

Y pasó ante él sin detenerse, pero una saeta, en forma de mirada le había atravesado el corazón.

La siguió hasta la puerta, pero solo vio el baúl de atrás de la calesa que se la llevaba de su vista y que se contorneaba ante el resplandor anaranjado de la languidez del sol.

Volvió el aroma a azahar y a pino, los jazmines y damas de noche abrían por fin sus flores en el atardecer del día y sus aromas se mezclaban en el aire,..... pero solo uno se diferenciaba de todo, el que ella dejó tras si.

Pasaron días en los que diariamente y al atardecer se pasaba por el Hospital, solamente para verla salir, siempre coqueta, siempre preciosa, siempre con esa sonrisa y esos gestos de cariño hacia los que la despedían, y siempre se marchaba calle arriba en el coche que la recogía. El, después iba a su casa y tras una frugal cena se ponía a leer, pero no podía, su imagen lo envolvía todo, y volvía una y otra vez; sus ojos, sus sonrisa dominaban su mente y ansiaba dormir para poder despertar pronto y que el día pasara rápido.

No entendía lo que pasaba, él que había rechazado proposiciones, que había abandonado todo el placer del mundo, sonreía al recordarla; La veía en las sombras de la noche y la oía en su corazón.... Se había enamorado de un sueño, y ese sueño le acompañaba ya siempre.

Quizás estaba solo, y era por eso por lo que sentía de esa manera, pero recordó que llevaba ya mucho tiempo solo y que nadie, a pesar de los intentos de sus amigos había logrado abrir su corazón, que siempre se había permitido la inflexibilidad y la solidez de su pensamiento, .... pero allí estaba, pensando que hacer para llamar su atención.

Los días pasaron, y el Verano caluroso, dio paso al Otoño, hojas en el suelo, retazos de lluvia vespertina, luces opacas para acompañarlo en su caminar.

Un día, sin darse cuenta, sin darse cuenta, se encontró con ella en el Prado de San Sebastián, venía de frente y mirando a su alrededor en una preciosa tarde Otoñal, algo de frío ya tenía, y sobre su vestido rosa palo, lucía una toquilla de finísimo encaje. No se apartó, es más se acercó lentamente y cuando estuvo a su lado la llamó.

•  Señorita Ana!!!

Levantando los ojos, lo miró lentamente, con rigor y dulzura, con fuerza y con alegría, lo miró y él.... quedó minimizado al cruzar la mirada con la suya, tan triste hasta entonces, profunda, recia, directa, pero llena de amargura y pesar....

•  Si?

•  Nos conocemos????

•  No, no tengo el gusto,..... pro la he visto muchas veces

•  En el Hospital ....................

Pero sus palabras se ahogaban en la profundidad de su corazón, Miró a su alrededor y pareció que la doncella se había retirado presurosamente de su lado y estaba unos metros más adelante, con un gesto de la mano la despidió.

•  Puedes irte María.............

•  Espérame en casa..... no tardaré

Y quedaron los dos solos, él era un poco más alto que ella y al cruzar sus miradas dos mundos parecieron fundirse. Penetró en sus ojos y le dijo cuan hermosa era y cuan prendado estaba de sus ser. Ella calló y bajo la mirada y así comenzaron a caminar. Sin darse cuenta, casi como si se conocieran de toda una vida se contaron sus vidas. Iban solos, a pesar de las gentes que los rodeaban, o a ellos les parecía así, no vio a persona alguna...sus ojos eran solamente para Ana, no escuchaba sonido alguno salvo su voz, no sintió perfume o aroma, salvo el que desprendía su pelo.

Cuando al poco llegaron a la puerta de su casa, él no se atrevió a insinuarle que lo sabía, que había estado allí y que alguna vez al pasear había visto una tenue luz por el enrejado.

Ella le contó un poco de su vida y de sus inquietudes, su origen y sus prebendas, su lucha por sobrevivir y progresar, sus amores despechados y que................ como él no creía ya en el amor, creía que todo era pasajero, la vida, la amistad, el dinero, la posición.... Tenía 30 años y había decidido ya no creer en nada que no fuese tangible, pensaba que la vida había que vivirla y que ella era feliz haciendo feliz a los demás y ayudándolos, aunque en el fondo tenía miedo al fracaso, a no estar a la altura que ella misma se había puesto, o quizás su familia, o quizás todos un poco.

Creía que el amor era un bien preciado, que había que cuidarlo, pero que estaba segura de que al poco tiempo era aburrido y tedioso, que no tenía futuro y que conocía a mucha gente que vivían el desamor todos los días,.... y que por tanto prefería estar tal y como estaba ahora.

Al cabo se despidieron y él le susurró que cuando podría volver a verla.......................

•  Ya veremos................

Volvió a su casa henchido de felicidad, pero triste por lo que había oído. Creyó ver una estrella fugaz, rápida, solo un instante...... tanto como su paseo con ella.

Pasaron los días, él no volvió al hospital, ni ella dio señales de vida. En las noches le hablaba y le recitaba poesía, recordaba su voz que lo acompañaba en sueños ... y estaba decidido a demostrarle que estaba equivocada....

No!! Mi dulce sueño,.............. le hablaba en la oscuridad, existe el amor cuando se ama, existe el amor en los gestos y palabras, a veces confundimos las cosas y pensamos que es amor algo que no lo es, pero el amor no termina al poco tiempo, siempre existen cosas que compartir cuando se quiere hacerlo, reír, decir, sentir ............ siempre existe por encima de todo la lucha de uno mismo por ser mejor y progresar. El amor hay que cuidarlo y mimarlo día a día,...pero...¿ es que no estas dispuesta a ello?.. por que la sensatez en los actos y los latidos del corazón no se pueden llevar a la vez?. Mis padres estuvieron agarradas de las manos hasta que se murieron,..... eso es amor???..... quizás después de una larga vida juntos no existe la pasión, pero el amor se torna entonces el más bello acto de fe que se puede tener cuando ya las arrugas marcan tu cara y las canas peinan tus cabellos, cuando quizás necesitas un bastón para caminar y tienes esa mano .

Quizás eso es amor, y se logra con el tiempo, con la serenidad, con la complicidad de dos personas ,............... hasta entonces..........

Se lo repetía muchas veces a si mismo y a ella en sus noches de insomnio, no sabía si le escuchaba, ojalá pudiera transportar su nombre el aire, y las estrellas llevarle su recuerdo, pero los días pasaban y solo tenía un sueño.

Se despertaba sudoroso, noche tras noche, con inquietud, su último pensamiento y el primero del día era para ella, decidió ir de nuevo a verla. La encontró, como siempre, rodeada de pacientes,.. o lo que fueran, a él poco le importó, entró decidido en la sala y la buscó con la mirada y acercándose con pasos recios la tomó de la mano ..... allí, en medio de la nada, unas lágrimas mojaban sus mejillas, ella se las retiró dulcemente con las puntas de los dedos y salieron al atrio de hospital. Allí le habló de sus ojos, allí le dijo que no tenía descanso sin ella, que necesitaba verla, que todo su ser gritaba su nombre y que desde que no la veía su tristeza lo impregnaba todo.

Pasearon de nuevo hasta su casa, pero ella, le pidió que esperara fuera, y se cambió de traje, marchándose a cenar a una Fonda de las cercanías de su barrio. Apenas hablaron, pero con los ojos se dijeron todo lo que sus días se habían dicho en sueños. Al terminar él le pidió que fuera a su casa.

Allí, tras pasar la puerta, ambos se miraron y se entendieron, depositaron un suave y tímido beso en los labios del otro, los ojos se cerraron, los labios enmudecieron, y los oídos solo escuchaban el latido del corazón del otro...... solo había sentidos para ese roce de labios,..al que siguió un profundo y prolongado abrazo. Sus ojos volvieron a derramar lágrimas, ya no de tristeza por su ausencia sino de felicidad por su presencia, y tembloroso levantó la cara de su precioso sueño, allí estaba, cerca, tan cerca, mirándolo fijamente y estableciendo un mundo que solo a ellos le pertenecía..

Cuando se quisieron dar cuenta estaban desnudos en la cama, casi no había luz, por que la ventana tenía persianas, él la levantó un ápice, quería verla, sentirla, y la acarició tan dulcemente como sabía. Seguía viendo esos ojos que lo miraban con pasión, y le devolvió todo lo que él tenía, y todo el amor que era capaz de reflejar.

Se abrazaron fuertemente mil veces, y otras mil se volvieron a mirar, y mil besos se dieron, y sus corazones latían deprisa, el suyo ya carecía de control. Y así continuó, caricias suaves, manteniendo el contacto, explorando y sintiendo, no quería perderse nada, tenía que recordarlo todo, tal y como era, se acercaron otra vez y ella le susurró que quería ser suya para siempre, y él que lo que deseaba tanto o mas que ella, que tantas veces lo había soñado se introdujo en su ser despacio y comedido mientras no apartaba los ojos de ella.

La luz tenue se reflejaba en su cara y ella, de vez en cuando abría los ojos, no decía nada, no hacía falta, él tampoco, aunque deseaba gritar su amor por ella, como si fuese la primera o la última vez. Sus manos entrelazadas se apretaban fuertemente, como si no quisieran soltarse por temor a perderse. Sus piernas rodeaban su cintura y le hacían realizar un movimiento acompasado, de vez en cuando paraba y la miraba y la veía con la cabeza ladeada en medio de su melena, y quiso morir allí mismo para llevarse en el alma su recuerdo.

Su sueño estaba frente a él, su vida, hasta entonces vacía, ahora tenía sentido, era feliz. Su belleza sin fin lo deslumbraba todo y tras derramar su vida se quedaron abrazados el uno al otro con las miradas convergentes en un punto de la nada, en medio de ellos mismos, diciéndose sin palabras,...era solo amor, cariño, comprensión, complicidad,...eran....

No lo quería pensar, ni lo necesitaba, solo deseaba que la noche no acabara, que no amaneciera, que el mundo se parara y que solo ellos quedaran así. Recordó que ella no creía ya en el amor, pero lo estaba viendo y lo estaba sintiendo, no , no podía ser real,...... se pellizco, pero no, no era un sueño.....era su sueño.

Durante los dos años siguientes la buscó por toda Sevilla, por toda España, preguntó, inquirió, sobornó, rogó y pidió al cielo la muerte mil veces en su desesperación...pero este no le escuchó, caminó por sendas y caminos, abandonó su trabajo, fue robado y asaltado, apaleado y timado, perseguido por animales y hombres, pero no la encontró. Siguió soñando cada día, y cuando veía una figura morena y frágil corría, la llamaba......

Y allí estaba, demacrado, sucio, mojado, triste y desesperado, y oyó una voz a su espalda... en esos muelles de Cádiz, al atardecer que le pregunto.....¿Merecía la Pena?

•  Claro que mereció la pena

Y la abrazó con toda su fuerza.

PRÍAMO

volver