

NOSOTROS MISMOS
por PRÍAMO

Estaba en la habitación de una sala de Urgencias, en un hospital cualquiera, de un ciudad cualquiera, un día, que más da!, sus manos aún temblaban y estaban frías y sudorosas, mirada lánguida, perdida entre la multitud de fantasmas que pululaban por su mente, los ojos dilatados, parecían que la pesadilla aún no había terminado y de vez en cuando movía la cabeza a un lado y a otro, buscando, ..... Estaba cansada de andar por las calles de la ciudad, llenas de gente, pero vacías para ella, tropezando con las sillas, papeleras, obras. Gente y más gente a su alrededor pululaba sin hacerle el menor caso, ser anónimo entre muchos otros anónimos que se cruzan diariamente por la vida, que son solo sombras en movimientos, sin caras, sin gestos, sin historias cercanas, solo aire al pasar o un sonido pasajero. Estaba cansada de comer en cualquier sitio, y de los rollitos de primavera que siempre le decían que mañana tendría un gran día, y de los neones de anuncios que deparaban felicidad por un abrigo, o amor por un perfume, o belleza por una crema, estaba tremendamente cansada de verse inmersa en un mundo en el que sobraban las verdades y se llenaban de mentiras los bolsillos de los potentados. Una habitación en un hotel de carretera, vacía de contenido, una cama, papel pintado en la pared, de tonos ocres y marrones claros, una persiana recogida y unos visillos echados, que dejaban traspasar escasa luz , un bote de barbitúricos que había sacado del bolso estaba en la única mesilla y de donde colgaba un cable con un interruptor, un libro con paginas amarillentas, marcador de cinta entre las hojas..., olor a césped recién cortado y no escuchaba nada. Su corazón, su alma, su espíritu se había esfumado lentamente entre los días de su vida, y ya no le quedaba nada entre las manos que poder ofrecerse a sí misma, ni tan siquiera una ilusión. La vida le había defraudado, ella quiso vivirla intensamente, a su manera, pero no la dejaron hacerlo, los pasos equivocados, el corazón ensangrentado por las heridas, el amor que no encontró, ni para dar ni para recibir. Paseo por los lugares entre sus recuerdos, y no encontró un lugar en donde sentarse, y aspiró los aromas que alguna vez sintió pero tampoco logró pararse y encontrar de quien eran. Ahora ,mientras ojeaba las últimas paginas del libro, miraba atentamente al bote de pastillas, que le asegurarían por lo menos un retorno a su origen, el paso hacia una ilusión, que solo había tenido en sus sueños, y recordaba, y se asustaba, y volvía la cabeza para negar semejante decisión, pero miraba por la ventana y no veía, y el aire movía los visillos, pero no traía su nombre, y cada vez se alejaba más y más del mundo real para adentrarse en el sueño de lo imaginario, en donde todos podemos, todos logramos, todos sentimos, todos nos hacemos grandes y mejores, en donde podemos ser lo que queramos ser con solo cerrar los ojos. Tomó el bote completo, y siguió leyendo, y mientras miraba a la luz, se cerraban uno tras otro los resortes de su consciente, y la sombra aparecía en el alma, y los recuerdos se desvanecían, y las lágrimas desaparecían de su cara, y sus manos, ya no estaban vacías, estaban llenas de suspiros y de luces de colores, sus ojos se cerraban poco a poco y aparecía la niebla en donde emergía el sueño que todo lo cambia, la mano que te tienden, la caricia que deseaste, la mirada que anhelaste, ese beso perdido que nunca te dieron, y ese cariño que no encontraste. Allí, sí, allí se encaminó, con paso tortuoso y dubitativo, alcanzando con la punta de los dedos la luz que no quemaba, y la paz que tanto buscó. Sus miedos y temores desaparecieron y se encontró sola contra el espejo de su propia vida para tan solo preguntarse: ¿Acaso tú, tienes la respuesta?. No .. No .. su historia es una más entre un millar de desilusiones, una más en el camino que día a día vadeamos sin tan siquiera pensar en los pasos que damos, una más de las muchas que todos y cada uno podemos tener. Pero a ella.... no la dejamos que cambiara de camino, ni de lugar, ni le encontramos la felicidad, ni pudimos hacer que creyera que la vida era mejor con ella, ni la convencimos de que todos perdemos cuando alguien se va, que nos quedamos más solos aunque ni la conozcamos.... No, no pudimos. Dos semanas después ingresó muerta, se había precipitado desde un edificio para asegurarse que los dioses no le impidieran andar por otro camino. |
PRÍAMO
