

SON DEL MAR
por PRÍAMO

Todos y cada uno de los sentidos vibraban al unísono al avanzar el día, unos quedaban atrás al avanzar, impertérritos y lejanos, mientras la distancia se hacia más intensa y me alejaba de mi pasado, acercándome al futuro, a un paso de mí mismo, a un ayer que tuve, que todos tuvimos, pero solo es el ayer, A veces las nubes pasaban sobre mi cabeza con sus caprichosas y variables formas, y me recordaban algo, el mar, una casa, arboledas, girasoles, caminos infinitos hacia ninguna parte, tan cambiantes y tan fácilmente, que solo podía prestarle una escueta atención a todos ellos, ya no estaban allí. Mis recuerdos se alejan, aquellos años, aquellos momentos junto a ti, junto a mí, en la plenitud de vida se iban esfumando tan rápidamente que quizás fueron siempre un sueño, aquel que de niño se tiene, que en la juventud se espera, y del que un adulto carece. Entonces pienso que ese tiempo nunca existió y me acordaba de aquella casa blanca, rodeada de otras muchas también blancas e inmaculadas, anónimas, y de aquel río, que mil veces pasé con miedo a caerme entre las resbaladizas y mohosas piedras, ó aquel atardecer apoyada mi cabeza sobre un hombro reflejando el naranja de la puesta de sol, del que hoy añoro; Y así se movían las distancias y así también llegaba y perdía a la vez, en medio del mar, en la inmensidad del mar que todo lo cubre, que todo lo llena, con sus avatares diarios y su infinita y transmutable marea ,me consolaba a mí mismo pensando en la naturaleza humana. Sentado sobre el recuerdo y la vista en cualquier parte, en el horizonte, el más allá, lo incógnito, lo arcano se acercaba a mi, y yo a el, y tuve miedo, por mi, por ti, por todos, por que no veía un lugar en donde recoger mi angustia y vararla en alguna playa desierta y olvidarla, como cuando se tira un trozo de madera al agua, sin rumbo ni dirección, sometido a las modificables corrientes, y a los múltiples caprichos de todos los que componemos este precioso mundo. Quizás me estoy despidiendo de todos, de todos nosotros y a la vez de mí mismo, y eso me asusta, pero no doy un paso hacia atrás. Subo a lo más alto del mástil de la esperanza para intentar ver algo que me saque de la oscuridad, que ahora envuelve mi barco, pero solo llego a ver más oscuridad, pero aún así me quedo sentado allí, con el aire fresco y salobre sobre mi cara, mis cabellos hacia atrás y mis manos apoyadas firmemente la una sobre las otra. Estoy tan seguro como pudiera estar un cervatillo frente a un león hambriento. Las horas pasan y pasan, despacio, la noche lo colma todo y aparecen esas pequeñas luciérnagas que tintinean a lo lejos, allí arriba esta toda la historia, ese es mi abuelo, esa mi abuela, esa que parece guiñarme mi padre, ó mi hermano, ó quizás me esta llamando, y quedo embobado con la magnificencia de lo que me rodea, y me siento pequeño, muy pequeño, y al mirar hacia abajo, aún veo cosas, gentes más pequeñas que yo, más desamparadas y más tristes, una carcajada cruza como un trueno la cerrada oscuridad y se pierde el eco en la lejanía. Quiero ser como soy, como soñé ser, como me enseñaron a ser, a respirar, a creer, ser yo mismo y aprender de mi mismo, de mis errores y mis victorias, quiero estar suspendido eternamente en un columpio o en el astil como una bandera para que mi escueta barba se mueva al son del mar. Y así llegue a ese bosque, a esa tupida masa de verde que casi oculta el cielo si miras arriba, que a veces es cabalgada por nubes que se deslizan suavemente, casi imperceptiblemente sobre ellos, como un manto opalescente que todo lo cubre, con esa sensación de frialdad que te refuerza la mente y el cuerpo. No!, no puede ser verdad que después de tan arduo viaje me encuentre caminando por un sendero estrecho, con olor a moho y a pino, a humedad y a tilo, que solo escuche el rumor de las hojas al caer, y el latir de mi corazón, que poco a poco, y mientras mis pasos se afianzan sobre el camino que desconozco, se tranquiliza mi espíritu y mi alma descansa, y entonces dejo de volar, y me lleno de vida, y el aire me hace daño al entrar en mis pulmones, y los ojos se humedecen y caen lágrimas amargas por lo que estoy sintiendo. ¡ Dios mío estoy en paz! El sendero es largo y tortuoso, vadea valles y riachuelos, casas de piedras y recintos de madera desvencijados y podridos, en donde se aventaba el trigo, allí están aún las hoces, el trillo y la mula, y paso delante de todo y me quedo mirando al triste animal, que a la vez parece que me mira a la vez, y hasta diría yo que me habla. ¡ Eres peor que yo! ¿Oigo?, Yo solo sirvo para dar vueltas y cargar sobre mi lomo el peso que otros no quieren llevar, y tu?, Que no tienes que hacerlo, por que lo haces?. ¿ Serás burro! Y vuelvo a reírme de mi mismo, de mis miserias, de lo que actualmente soy y no quiero seguir siendo, y quizás nos guiñamos ambos los ojos y nos entendemos, al fin y al cabo ambos, al final somos dos burros. Las gaviotas me anuncian de nuevo la proximidad de la mar, vuelan y vuelan con sus amplias alas extendidas, y me miran desde arriba con curiosidad, señalándome el camino, y de vez en cuando se posan descaradamente delante de mí, mirándome, para luego volver a levantar torpemente el vuelo, que hace que todo a su alrededor también se atreva a volar. ¿ por que no me siento y miro?, miro a gentes como yo, con las mismas arrugas y los mismos ojos, que, aún así, sin conocerme me saludan con un golpe liviano sobre su gorra, o una sonrisa ó unas palabras que no entiendo pero que comprendo. ¡ Bienvenido al fin del mundo ¡ Por más que mire no veo, por más que piense no recuerdo, por más que añore no deseo, no deseo nada, ni a mi mismo puedo pedirle mas de lo que ya he dado durante tanto tiempo. Uno es solo el resultado de sus actos, los pensamientos y las ilusiones se cargan en un zurrón al principio del viaje y conforme andamos nos vamos desprendiendo de ellas, por que es inútil forjar una vida en la esperanza, en un mañana que no llegará, en un futuro que no existe ó en un ayer que no se recuperará. Hasta donde mi ignorancia me ha llevado?. Hasta aquí. Quizás aprenda algo en este tiempo, con el son del mar. |