LA VERDADERA AMISTAD

por Yahaira

Una de mis frases preferidas es: “Nunca estarás solo si tienes un verdadero amigo”. Y lo que os voy a contar, tiene mucho que ver con esta frase.

Estamos a finales de los años sesenta. Por aquél entonces Cristina tenía 18 años, dos menos que su buen amigo Rafa, su amigo del alma como ella solía llamarle. Se conocían desde pequeños porque vivían en la misma urbanización y ahora estaban ambos en la Universidad, aunque en distintas Facultades ya que Rafa estudiaba Ciencias Físicas y ella Filosofía y Letras. Pero estaban en el mismo edificio, lo que les permitía verse con mucha frecuencia entre clase y clase, a la hora del desayuno o en la Biblioteca en las horas muertas aprovechadas para estudiar, y así siguieron manteniendo y alimentando esa bonita amistad.

Cristina era de una familia de clase media alta, muy conservadora, católica y por más detalles muy influyente en la sociedad de su ciudad en aquella época. Su padre, un señor muy serio como ella solía decir, era muy estricto con la educación de sus hijos y sumamente cuidadoso con el comportamiento de aquellos, tanto en casa como fuera de ella, porque no fueran a manchar su “buen nombre” y aquello repercutiera negativamente en su reputación. Su madre, aunque menos estricta que su progenitor y con más facilidad para perdonar algunas faltas a las reglas establecidas, no se atrevía llevarle la contraria en nada, así que en ella tampoco podía encontrar Cristina a aquella madre-amiga que tanto habría necesitado.

En aquél año, primero de su carrera, Cristina conoció a mucha gente nueva y empezó a gozar de una libertad que en sus años de colegio no había tenido. En la Universidad conoció a Manuel, un chico muy guapo que se traía de calle a la mayoría de las compañeras de Cristina. Y Manuel empezó a tontear con ella hasta que acabó enamorándola. Era el primer amor de Cristina y no veía más que por los ojos de Manuel. Además, en el fondo, se sentía orgullosa de que ese chico tan atractivo se hubiera fijado en ella y la hubiera preferido a las demás compañeras. Así que se inició entre ellos una bonita relación que Cristina le contó a su amigo Rafa y éste se alegró con ella. Estaba feliz de que su amiga hubiera encontrado el amor y encantado de su felicidad. El, por su parte, ya sabía lo que era aquella sensación porque también la había experimentado, ya que hacía unos meses que salía con una chica de la que estaba también muy enamorado.

Pasaron los meses y un día Cristina se sintió mal al levantarse por la mañana. Hacía por lo menos dos semanas que le faltaba la regla y pensó que sería porque le iba a venir ya… pero nada más lejos de la realidad. Cristina se había quedado embarazada. Al tener la seguridad del embarazo, horrorizada, se lo dijo a Manuel y el chico le dice que ahorre dinero y se vaya a abortar a Londres (era donde se iba en aquella época). Cristina se echó a llorar desconsolada porque no concebía semejante cosa, creía que era un asesinato y le propuso seguir con el embarazo y que ambos se hicieran responsables de sus actos y sacaran adelante al niño. Manuel, que no estaba de acuerdo con echarse encima responsabilidades de ningún tipo, se negó y muy cortésmente se despidió de Cristina, desapareció y allí la dejó con el problema. Problema especialmente grande ahora porque le tocaba decírselo a sus padres y no sabía como podían reaccionar, pero con toda seguridad nada bien…

Efectivamente su padre no reaccionó bien. El enfado fue tremendo, los reproches más, y al final le dijo a Cristina que la internaría en un centro de monjas hasta que tuviera al niño, que lo darían en adopción y que después ya verían lo que pasaba con ella, porque era una vergüenza para la familia y su buen nombre. Ella se negó a dar a su niño en adopción y entonces su padre le dijo que, en ese caso, se buscara la vida, se fuera lejos de ellos y se olvidara que tenía una familia.

Cristina, desesperada, acudió a pedir consejo y ayuda a su amigo Rafa. Nunca se pudo imaginar la respuesta que daría su buen amigo a su situación. En cuanto lo supo todo, le dijo que le hacía un sitio en su casa, que se casaría con ella, para que ese niño tuviera un padre y unos apellidos y que él cuidaría de los dos el resto de su vida. Se pondría a trabajar, seguiría estudiando en sus ratos libres y saldrían adelante. Cristina lloraba y lloraba según Rafa le iba diciendo lo que quería hacer y al final, dándole un abrazo muy fuerte le dijo que lo mejor que le había pasado en toda su vida era haberle conocido y tenerle como amigo. Que sólo ese hecho le daba fuerzas para seguir su camino sola, sin estropearle a él su vida, sabiendo que detrás siempre le tendría a él y contaría con su cariño, amistad y apoyo.

Como es natural, Cristina dejó sus estudios se buscó un trabajo cuidando niños y se metió en un centro de monjas que daban cobijo a madres solteras desamparadas. A los cinco meses de embarazo, por cosas extrañas de la naturaleza, abortó espontáneamente… Cuando se recuperó siguió con su trabajo, ganándose la vida y volvió a la Universidad. Su amistad con Rafa siguió en aumento. No volvió nunca a casa de sus padres ni jamás estos se interesaron por ella. Terminó su carrera y hoy día es una feliz madre de familia, trabajadora, profesora en un Instituto y con un amigo al que ve con mucha frecuencia que ha sido para ella más que un hermano, más que un padre y más que una madre… Rafa, su amigo del alma.

YAHAIRA

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