Baño en la Playa

por Yvory

Es una playa de acantilado muy alto, en sus extremos quedan vestigios de las rocas que se han desprendido del resto del terreno, y cuando la marea baja, forman un pasadizo que une una secuencia de playitas: Cuando el agua lo inunda se forma como una piscina de grandes dimensiones a la que se llega únicamente nadando, se cierra el paso, y van quedando las playitas que no se inundan aisladas. Una de esas, era nuestra playa particular, en la que normalmente nadie se aventuraba.

Solíamos ir allí a tomar el sol temprano, mientras la marea aún no había comenzado a subir. Algunas veces llegábamos tarde y estaba ya demasiado alta. Teníamos que madrugar para cogerla de día, ir de noche nos daba miedo pues podría ser una ratonera y en un momento de peligro no tener posibilidad de ayuda.

Esperábamos a que la comunicación se cerrara y podíamos entonces librarnos del bañador, tomar el sol completamente desnudos y bañarnos sin ninguna atadura pegajosa.

Realmente íbamos buscando la relación íntima al aire libre, sin que nos molestaran ni tampoco crear problemas, las playas nudistas no nos gustan, no nos interesa ver el cuerpo de los demás, ni tampoco nos interesa exhibir el nuestro.

Ante la idea y espera que el mar nos aislara, nos sentíamos acuciados por un deseo ilimitado y cuando así ocurría nuestras ansias por llevar a cabo nuestra unión nos desbordaba, esa lenta espera, nos producía una sensación morbosa que nos enloquecía; eran los momentos más pasionales de nuestra relación, no había otros que los superaran; A veces nos dábamos cuenta que alguien nos había descubierto, y la presencia de este voyeur, era un aliciente mayor y formaba parte de un juego más erótico; entonces actuábamos para él, nos esmerábamos en un amor más creativo que, pensábamos, redundaba en beneficio de todas las partes.

Al sol únicamente nos exponíamos con los juegos propios de los enamorados, las consecuencias son imaginables, y nuestro particular voyeur nos observaba desde un lugar más alto, en el acantilado desde donde dominaba nuestras piruetas, más adivinando que viendo, porque realmente el amor lo hacíamos dentro del agua.

Bañarse sin ninguna tela pegada al cuerpo es una delicia, sentir el roce del agua con la piel directamente es la mayor y más delicada caricia que puedas desear. Todo el cuerpo es receptor de esta sensibilidad en el mismo momento y esto nos producía un elevado sentimiento de placer sexual. Y así abrazados, desnudos bajo el sol de un día radiante llegábamos a culminar, como un estallido, un orgasmo pletórico de amor y erotismo .

Yvory

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