

Eran unas manos de hombre
por Yvory
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Eran unas manos de hombre; la palma ancha de dedos cortos que se movían pausadamente y solían estar tranquilas mientras pensaban; la derecha cerraba el puño y sobre ella, la izquierda se posaba con firmeza y así juntas, mantenían un dialogo de amigas. Se hacían compañía y se ayudaban en sus preocupaciones, nada ocurría sin que se lo comunicaran entre sí. Cuando estaban contentas se acariciaban, se frotaban una contra otra y a veces daban una palmada al aire, era señal que el asunto se había resuelto satisfactoriamente. Cuando la preocupación era muy grande, la izquierda cogía los dedos de su compañera y con intensidad y afán, iba retirando las cutículas de las uñas de la derecha y luego a la inversa, era una ocupación meticulosa que necesitaba mucha concentración. Después se miraban: si el ejercicio era de su agrado pasaban a otro de estiramiento de los dedos, comprobaban que todas las articulaciones funcionaban bien, y entonces contentas se frotaban complacidas en una aproximación de amistad, un decir: “no te preocupes habrá una solución”. Pero cuando no veían solución a su problema se observaban la una a la otra, ora la palma, ora el envés, se abrazaban y así podían estar mucho tiempo. Y así estaban aquellas preciosas manos de hombre: Tenían que hablar con otras más finas y largas, huidizas, que no querían ser prisioneras, que no aclaraban su inquietud, ellas sabían que si llegaban a cogerlas con firmeza y mantenerlas protegidas de los miedos e inseguridades, se dormirían tranquilas. Tenían que tocarse y con los dedos entrelazados fortalecer esa unión. |