Rose es madre

por Yvory

... Silenciosa con andares pausados y ligeros se acerca a la cuna y preocupada mira al niño que impaciente chupa las sábanas buscando su ansiado alimento, patalea y las muecas que aún no están definidas, parece que se inclinan por un principio de llanto, su hora es innegociable, ha llegado el momento del bibe y no cabe ninguna artimaña para retrasarlo…

Marie también tiene prisa, cada vez el pecho tiene una subida de leche más importante, con el hambre que tiene su hijo que apura en las tomas hasta las ultimas gotas, le provoca un aumento de secreción y tiene el pecho muy cargado, esto le produce un dolor que a menudo le resulta insoportable, es uno de los inconvenientes de la lactancia materna. A pesar de su aspecto infantil y delicado, Marie es una buena ama de cría y hay veces que cuando el niño se queda adormilado después de hacer la toma de alimento, tiene que vaciar lo que aún le queda con una pera de goma, pues no soporta el dolor que le produce tanta tensión. A pesar de todo se aferra a la idea de seguir alimentándolo ella sola, no quiere meter el apoyo del biberón, que le aliviaría y resultaría mas relajado.

… Al llegar a casa se pone cómoda, en calcetines con un culot y una blusa ligera pasa la tarde trajinando y arreglando sus papeles, ya no saldrá más, ahora se prepara para amamantar a su hijo, se lava concienzudamente, con agua calentita para que el niño no note en su cuerpo la frialdad que trae de la calle, es cuidadosa en sus preparativos y sus movimientos son relajados y pensados, solo se arropa con un chal y así con los pechos cargados se dispone para alimentarlo…

Es una mujer de espacios pequeños e íntimos. Cuidadosa en su quehacer todos sus movimientos son delicados y gobernados por su extrema sensibilidad. Grácil e inteligente, intuitivamente su arte de la seducción, lo despliega magistralmente cuando su compañero esta cercano.

Le gustan estos momentos de intimidad. Ha sido un cambio importante en su vida, todos los instantes los vive para su hijo; en su interior, hay una ilusión que desconocía y que tampoco podía imaginar; Se ve con una responsabilidad que le enternece cuando observa la fragilidad de un ser tan pequeño que repentinamente es tan dependiente de sus cuidados; el embarazo no despierta esta sensación maternal, es una espera que aún no tiene personalidad ni existencia, es solo una esperanza a algo deseado pero desconocido. Andy es una preciosa realidad.

Miquel se enteró del embarazo cuando un día se presentó de sorpresa cuando salía del colegio después de terminar las clases. Ya estaba muy avanzada la gestación y le fue imposible disimularlo, era una situación muy violenta, estaba cariñoso y enfadado, él pretende ser el padre aún a pesar de la negativa de Marie-Rose. Ella no quería que se enterara, fue una situación fortuita la que le llevó a este embarazo y no consideraba que fuera oportuno adquirir un compromiso con alguien que todavía no conocía demasiado, aún sintiéndose atraída por él, no le parecía acertado, se llenaba de temores, de una improbable convivencia en armonía, y no deseaba desde luego que en caso de enemistad su hijo fuera un juguete en sus peleas.

Por mucho que le niega a Miquel que sea el padre, no se lo cree y persiste en su idea. Sus cálculos son exactos y no admite que Rose haya tenido otra relación, esta dispuesto a hacer lo necesario para que se reconozca su paternidad, pero cuando ve a Rose enfurecida se acobarda un poco y transige de momento.

En un principio le rechazó, no quería saber nada de él, su presencia le resultaba molesta, le rompe los planes que tiene para con su hijo, no se doblega ante las amenazas de Miquel de reclamarle su derecho al reconocimiento del hijo de los dos, no comprende como una mujer soltera puede reconocer a un chico, y a ella le reclaman una paternidad fruto de una situación inesperada, de un mero accidente. Pero han hecho un trato; le permite que se acerque siempre que no le hable de la paternidad, y deseche esa idea.

Esta fría, y alerta de no caer en sus redes, Miquel le resulta simpático y atractivo, pero no son formas de irrumpir en la vida de una persona, el chico es suyo, ella lo ha gestado durante nueve meses, y es ella quien estará pendiente de sus necesidades, y lo seguirá alimentando de sí misma después de su nacimiento. ¡¡¡ Cómo nadie puede exigir nada, por una simple relación de un día, por un momento de debilidad, por una seducción!!!

Miquel espera que cambie su agresividad cuando realmente necesite ayuda, ahora al fin y al cabo se encuentra bien y piensa que se va a bastar ella sola.

Esta viviendo en un apartamento en las afueras de Madrid, va y viene en su coche, a las clases que da en el colegio, pero pronto tendrá que pedir la baja por maternidad, si no, corre el riesgo de verse en pleno parto en un atasco a las ocho de la mañana cuando va al trabajo.

Miquel se queda algunos días en su casa a dormir, pero tiene que seguir atendiendo su puesto de médico en Galicia. Su deseo sería coger algún trabajo más próximo, hacerse cargo de esa nueva familia siempre que Marie entre en razón y se lo permita, sus esperanzas son firmes y sabe que tendrá que terminar claudicando; es una mujer absurda -piensa desesperado-, hay momentos que le vuelve loco… pero la deja. Se lo acabará pidiendo ella cuando realmente se vea agobiada.

… Sentada próxima a la ventana con su hijo al pecho, Rose disfruta de estos momentos, le emociona tener ese niño, le parece precioso, tan rubito, peloncete, solo se le ve una pelusilla blanca, le acaricia mientas mama, con cuidado, aún se le nota la abertura que tiene en la cabeza, el pediatra ya le ha advertido que tenga mucho cuidado con la fontanela; siente al pasar la mano, el latir del cerebro. ¡¡¡Que obra tan maestra!!! -piensa mientras le sonríe-

Con el flequillo cayéndole sobre el rostro… Rose parece una niña…

Mantiene su aire infantil a pesar de su cambio hormonal; esta más desarrollada, ha engordado un poquito, pero en general sigue con el mismo aspecto. Estos meses que va a tener para dedicarse al niño quiere que sean perfectos, después espera que su madre le eche una mano al menos hasta que el niño esté más crecido. Luego se meterá en los líos de las guarderías y tal vez encuentre una chica que la sustituya mientras está en el trabajo. Aquí en Madrid es más difícil encontrar una persona en quien poder confiar… nadie se conoce. Indudablemente no es como en Bergantiños, allí la vida era bastante más tranquila y todos se conocían… Sin duda, para el niño sería una vida más fácil; la idea de reencontrarse con su antigua amiga (la novia de Miquel) no le atrae nada, en su momento en vez de hacer frente a la situación, huyo dejando a todos desconcertados, y sobre todo a Julia. Le resulta muy difícil volver a aquella antigua amistad.

… El solecito que entra a través de los cristales ilumina la cabecita del niño que glotonamente engulle satisfecho, ahora de un pecho, luego del otro, pataleando y gordocho palmotea el pecho de su madre, es todo vitalidad. Los pezones de Marie han sufrido durante le lactancia, estirados y más desarrollados reflejan la fuerza con que succiona el niño, es una operación delicada que deja a la madre maltrecha, con grietas que le producen fuertes dolores en su momento de amamantar. y se convierte esta unión entre madre e hijo en un autentico suplicio.

Tiene que cuidarse y aplicarse cremas cicatrizantes que eviten una posible infección…

Miquel ha fotografiado muchas veces esta escena, tiene cajas llenas de Marie contra la ventana y el niño en el regazo, acunándole, cantándole nanas, tratándole de dormir meciéndolo en sus brazos. Marie es un modelo perfecto, su imagen sencilla y muy luminosa, es la delicia de cualquier fotógrafo; la naturalidad es su estilo, la elegancia su mérito, la seducción su arte.

En la cama al amanecer le reclama otra vez el bibe, desnuda y casi dormida Rose lo pone al pecho, el crío ya conoce el pezón materno y cuando nota su roce, deja de llorar, es un mamoncete insaciable. La pobre presenta un aspecto desolado, es muy jovencilla para sufrir este tute, que agota todas las energías. A medio día, como en estos momentos ya bañado y limpio es un momento realmente hermoso, Miquel disfruta de una paternidad que por mucho que Rose se lo niegue él no se lo cree, es un sentimiento muy fuerte el que tiene, sabe que es su hijo. Miquel asiste a esta plena dedicación de alimentación del niño, un tanto estremecido. Teme que Rose se esfuerce excesivamente, por ser la madre perfecta, a pesar de su desgaste. Y la cuida, y se encarga de mantenerla sin los problemas de escozores y pequeñas heridas que pueden llegar a producirse. Pronto, cuando empiece con las papillas de frutas espera que deje descansar a su madre.

… De rodillas entre las piernas de Rose, Miquel recoge esas gotitas que caen, le ayuda a descargar los pechos que rezuman ese liquido dulcecito, con cuidado, para no hacerle daño, es consciente que la sensibilidad en esa zona está muy alterada, chupa mientras le aprieta el pecho con los manos; le enloquecen estos momentos. Rose se deja llevar por la pasión, y se derrumba en sus brazos, son situaciones en que flaquea y casi está decidida a claudicar y dejar de hacer esa guerra particular que se ha inventado, es feliz con Miquel, le atrae enormente, y una vez más se abandona a merced de los mimos y el cariño con que Miquel la abraza…

El niño duerme feliz. Tiene ese olor característico de los bebes, a leche, es un cerdito rollizo y saludable, con el mismo colorido de su madre, indudablemente no puede negar su procedencia anglosajona, de momento Miquel no esta en situación de decir " esos ojos son como los míos” . Pero nota y está convencido que la rendición de Rose está próxima.

Solo desea que el niño se independice un poco. Le apena ver a Rose, tan jovencilla, casi una cría, sometida a unas obligaciones que tanto sacrificio exigen. Le duele ver lo que es capaz de hacer para que el chico esté bien, apenas descansa por las noches, hace tiempo que no sabe lo que es dormir todo seguido, de un tirón.

Realmente no quiere renunciar a ella, la necesita como amante, para besarla y poseerla, para disfrutar de su proximidad, de sus atenciones, de sus mimos. Quiere acariciarla y liberarla del cansancio, resbalar sus manos por sus torneadas caderas, por sus larguisimas piernas y morderle en el culete. Rose es suya.

Yvory

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