Tan solo una cereza

por Yvory

 

El abuelo tenía un ciruelo, un cerezo, y dos pexegeiros (melocotoneros). Eran unos frutales pequeñitos que todas las primaveras se cuajaban de flores con la promesa de una gran cosecha que nunca se cumplía. Si no era por unos vientos locos que aparecían inesperadamente, eran los pájaros los que ponían fin a nuestras ilusiones.

Todas las mañanas, después del desayuno, salía a recorrer sus frutales y contar las frutas que iban cumpliendo con su desarrollo normal. Era frecuente alguna pequeña desilusión, pero mientras quedaban frutas en el árbol su animo no decaía. Así discurrían los días y las piezas iban poco a poco desapareciendo, eso sí, el hueso quedaba al pie del árbol, picoteado por los culpables. El conocido refrán se cumplía inexorablemente. Cando o páxaro a pica, é cando a froita esta rica.

Con estas trazas llegó el fatídico día que solo quedaba una cereza en todos los frutales; realmente era una cereza gordita, bien formada, coloradita; solo le faltaba un día o dos para recoger tan exigua cosecha. Y llegó el día y fuimos invitados a tan magno acontecimiento.

Ir, fuimos, pero estar, no estaba. Había desaparecido, no había hueso por ninguna parte con lo cual supusimos que una mano atrevida la cogió.

Pues esto no queda así, el abuelo no estaba dispuesto a ser burlado, y comenzó con sus pesquisas, uno por uno nos fue preguntando, sin que apareciera el descarado culpable.

Por la tarde unas chicas jovencitas venían a entretener a los niños más pequeños, los sacaban de paseo al campo de atrás, un prado público, donde se reunían todos los pequeñajos de los alrededores.

Los levantaban de la siesta e iban bajando por las escaleras, cada una con los niños que se les había asignado. Al final de la escalera el abuelo esperaba el descenso de los niños, les acariciaba la cabeza e interrogaba a las chicas.

-Habéis visto una cereza en el árbol que estaba ayer por la tarde? - El asombro de las chicas era descomunal-

- No, no señor, no sabemos de que nos habla.

Faltaba una, la más inquieta, y al fin bajó; se le hizo la misma pregunta.

- Si, comila eu - Respondió, tan tranquila.

-Ah pillabána !!!! -Exclamó el abuelo - Fiches ti…?

La reprimenda, fue antológica. Era un chica lista pero creo que los argumentos del abuelo sobre el respeto a no disponer de lo que no es tuyo debió de caer como agua en pleno desierto.

- Xexus !!! - Protestaba la chica – por una ceresa pequenina canto alboroto, ay ¡¡¡ miña nai del amor fermoso !!!

A la noche ya estaba contento y lleno de esperanza; el próximo año nadie se atrevería a coger su cereza.

Yvory

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