

JOSÉ MARTÍNEZ SEVILLA




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Te ví de soslayo
en lugar confuso,
pero me llegó inmediato
tu aroma de eternidad.
Comenzamos a hablar
demorándonos en cada frase,
degustando las palabras
como quien saborea pausadamente
el discurrir del tiempo.
Notaba al leer
tu boca las frondosas venas
de tu alma,
la rio caudaloso
que recorría cada poro
de tu piel suave.
Parecía nuestro diálogo
cual velada romántia,
poética,
con sensuales besos
entre líneas.
María,
repetí una y otra vez,
y solo estas palabras
se transformaban
en luz y viento
humedecidos de ternura
al alcanzarte.
En la sosegada tarde
nos hicimos amigos
y tos ojos me miraron
trémulos e inmensos.
Hasta mañana,
me dijiste,
y ya cada día
que amanezca
será como tú,
eterno.
Jose Martínez Sevilla




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