DE GRACIA TORRES

Ayer... Hace tanto tiempo!

No sé cuando... (ayer quizá)

mis sueños eran distintos.

Esperanzas, antaño nuevas,

yacen viejas y plegadas

con surcos profundos, arados

sobre una piel de cartón.

Mis ilusiones han muerto

como las flores en otoño:

soñando con la primavera.

No voy adelante ni atrás.

Aquí me quedo,

contemplando lo que he sido

y no volveré a ser nunca,

nunca y jamás.

Mi tiempo está quieto

en una quietud engañosa,

como un reloj sin manillas.

 

Ayer... ¡hace tanto tiempo...!

Hoy (o ayer, o mañana)

palpé arrugas en mi cara,

vi luz de plata en mi pelo

y heridas agrias en mi alma;

Irreparables, incurables,

ganadas a llanto. Mías!.

 

¡Hace tanto tiempo...! Ayer.

Entonces mi risa era fresca

como agua de manantial

transparente, cantarina,

como perlas de cristal batidas.

 

¡No volverán las risas, lozanas,

inocentes, de juventud a verme!

¡No volverán a florecer

rosas frías en mis mejillas,

ni volverá a quedar blanca

la pureza de mi inocencia!

 

Ayer... ¡hace tanto tiempo...!

El otoño eterno sigue a mis días

y ya, casi, adivino el frío.

Gracia Torres

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