DE GRACIA TORRES

Confidencias

Demasiado tiempo fui tu confidente. Demasiado tiempo levantándote de amores caídos, conociéndote en tus intimidades, compartiendo tus sueños, dirigiendo la mirada a otro horizonte donde yo no estaba.

Te fui descubriendo sin que supieras que te miraba, sin que buscases en mí mas que unas orejas amigas, sin rostro, sin cuerpo, sin sexo, sin forma, sin ganas, sin boca, sin sueños, sin ansias, sin manos, sin caricias, sin besos, sin que para ti fuese más que un altavoz para tus quejas.

Así, sin darme cuenta, me enamoré de ti, Me di cuenta cuando mil rabias me inundaban contra ti, contra ella, contra Dios, contra el mundo. Odios para mí desconocidos que nacían de la impotencia.

Ignorada por Dios y por ti, llenabas mi cara de un amor por mí deseado, haciéndome suspirar los suspiros que ella te negaba.

Respetaba tu dolor con mi silencio mientras dejaba que entrases en mí odiándola, sin saber que la odiaba, sin saber que te amaba, sin saber que me pasaba cuando oía tus lamentos de amor llorado, rasgado por un desplante que no entendías, que no merecías... Me imaginaba dándote todo aquello que ella te negaba, imaginaba mis manos en tu cara prodigándote mis más tiernas caricias, devolviendo tus besos con más besos, bebiéndote... Después quedaba sola con mi dolor cada vez que por ella declamabas las infinitas horas que yo imaginaba mías.

Celos enfermizos entristecían mis ojos, sabiendo que moría tu tiempo con ella, humillándote en un intento desesperado por recuperar el sueño unísono que pudo uniros un día.

¡Cómo te gritaba! ¡Cómo lanzaba llamaradas de fuego que se perdían en el aire!

Soy yo...  mírame... soy yo... no te das cuenta?

Y me miraste.

Ahora me da miedo la culminación de mis sueños.

No sé cómo, solo ocurrió. Nuestros ojos se cruzaron y amanecimos despiertos en una noche nueva. Por primera vez, palabras de amor resbalaban de tus labios sobre mis orejas, traspasando la piel y mezclándose con mi carne, con mis huesos, con mi sangre... y las hice mías.

Poco tiempo para saciarme de un amor tanto tiempo deseado.

Ahora, tras la separación vuelven mis fantasmas arrancándome dolorosamente las entrañas, desbordando como mi alma de angustias quizá injustificadas, pero son mías y no puede evitarlas.

Cuántas veces al día me repito que soy yo, que por fin te has dado cuenta pero eso no es suficiente para tranquilizarme, puesto que las mismas veces mi travieso diablo me dice lo contrario, en pugna constante entre mis dos yo.

Necesito más, amor mío, quiero que te des cuenta de cuanto te necesito, que me repitas hasta el cansancio que soy yo quien ocupa tus sentidos, que soy quien hace brotar las caricias en tus manos.

Hazme sentir segura. Hazme sentir que formo parte de ti. Necesito saber para calmar mi angustia que no hay lugar en tu cuerpo que yo no esté

Gracia Torres

VOLVER