DE GRACIA TORRES

Cuando la luz se apaga

Cuando el sol muere, tras las montañas en el ocaso,
el último rayo de  luz se apaga, abandonando el mundo y con él,
las esperanzas de volver a disfrutar
la flor, nacida en la mañana.
Será imposible acompasar las ramas de los árboles, acunados por el viento
y su sonido, solo será recordado escuchando en silencio, entre las sombras.

La transparencia del agua, recorriendo el río, se tornará opaca
y dormirá el jilguero que nos amenizó la tarde con su rítmia de trinos.

Sentimientos vividos serán congelados en un negro iceberg de tristeza.
Todo muere, cuando el sol se esconde tras las montañas, en el ocaso.

Qué esconderá la noche bajo su capa que, con afán, de la luz huye.
Acaso sea la muerte, que amenaza al día segándolo con su guadaña.

El terror invade mis huesos como la niebla se apodera de la colina.

Nada me hace pensar que todavía me quedará un mañana,
plagado de luz, donde volver a vivir de nuevo las cosas queridas.

Estirando la mano quizá pueda atrapar por la cola ese último rayo
y retener conmigo esa luz que me ata a mis recuerdos amados.

Que no muera en el ocaso, el sol, tras las montañas.
Mi felicidad se desvanece difuminándose con los postreros reflejos.

No quiero dormir la muerte de esta noche eterna, invadida por el miedo,
ni aún con la promesa de mitigar la negrura con miles de estrellas,
refulgiendo en la noche, cual promesa vana de un nuevo amanecer,
una nueva mañana que no quiero conocer por no perder lo que tengo:
un puñado de aire impregnado de agradables momentos pasados.
Me aferro al hoy que recuerdo para convertirlo en mi futuro eterno.
Que no llegue el ocaso, cuando tras las montañas, muera el sol.

Tal vez me deje atrapar por la noche y me ofrezca a su guadaña,
mártir voluntario a dejar mi sangre como sello de su hoja fría.

Quién llorará por mí y sembrará una lápida sobre mi frente.
Quién grabará el epitafio con espinas sacadas del dolor de mi ausencia.
Quién se lamentará y me llamará cobarde por haber huido de la negrura.

Me aterra la oscuridad. No podré soportar la noche oculta a la vida.

Tal vez me pierda al pensar que puede volverse eterna y fría,
que no habrá más flores que se abran con las primeras luces del alba,
ni habrá ilusión que despunte con los rayos al nacer un nuevo día,
ni encontraré una nueva cara que me regale su sonrisa y la sienta mía.

Muere la luz cuando la noche la traga, cuando siega los rayos con su guadaña.

Gracia Torres

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