DE GRACIA TORRES

LLoviendo

Sigue cayendo la lluvia sobre la tierra,

ya ahogada, de su propio placer de vida.

 

 El incesante lagrimear del cielo

me mantiene quieta tras los cristales,

arrebujada en el calor de tu mirada,

de tus caricias, de tus palabras ahora mías,

que como lluvia persistente

inunda el suelo, prodigándole caricias.

 

Caricias desmedidas en que la Tierra se ahoga,

provocando una muerte invernal

que se trocará en primavera,

estallando en fragantes colores,

espontáneos, como cohetes de fiesta,

cuando mi mano vuelva a tocar la tuya.

 

Sigo aquí, paralizada, contando embobada

las gotas que hacen crecer los charcos.

Mi imaginación me convierte en la tierra

que acoge los charcos, incapaz de beber,

de una sola vez, toda el agua;

tú eres la lluvia de vida que me llenas de ternura,

ahogándome en una felicidad que no estoy acostumbrada

pero sabiendo, en lo más profundo de mí,

que si la acepto, si dejo que cale en mi piel

y se disuelva conmigo, podré dar de nuevo la vida

con amores frescos, renovados,

en cada uno de los miles de encuentros

que nos quedan por gastar.

 

Estoy fundida con el ciclo eterno de la Tierra:

muerte y vida, muerte y vida, muerte y vida...

Morir para renacer de nuevo, sin principio,

sin fin, sin preguntas, sin respuestas,

eternamente, sin romper el equilibrio;

armonizando los compases naturales;

simbiosis necesaria entre el cielo y la tierra;

simbiosis que el mundo aprendió

copiando de nosotros.

Gracia Torres

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