

DE GRACIA TORRES




Querido padre borracho
El silencio tras tu muerte proclama la inocencia de haber perdido la vida sin haber tenido consciencia. Que mudo te has quedado... que sereno estás ahora... mi boca cínica sonríe y mis ojos, no queriendo, lloran. Tres días pasaste en coma del último trago que diste y feliz te mueres ahora sin saber lo que me hiciste. Y aquí, ante ti me postro, a tu lado de rodillas lavando tu pálido rostro con agua de mis mejillas. Siempre quise tener un padre y la muerte me lo dio, un padre que me escuchase y al que abrirle el corazón. Ahora escucharás de mi boca, mi querido padre borracho, lo que me amargaste la vida siendo todavía un muchacho. La muerte te ha llegado suave, sin avisarme siquiera para poder ir a comprarme, por luto, ropa de fiesta. Que mal lo pasé en la vida, que malos tragos bebiste, te sentaba tan mal la bebida, que malos tratos me diste. Cojeo por la soldura del hueso que me rompiste y mil cicatrices me adornan que tú mismo las hiciste. Cuando ahorraba cuatro chavos, tú me los quitabas a “hostias” y dime con qué dinero debo enterrarte ahora. Porque el cura quiere “duros” aunque el Dios altísimo no coma, que dice que en lo económico, aquí paz y allá gloria. Te amortajaré con mi traje nuevo, aquél que compré a plazos y será lo último que te dé mi querido padre borracho. Te enterraré en Tierra Santa, por mi honor, en Campo Santo, aunque tenga que pedir puerta a puerta mendigando. Pero una vez que te entierre, entiérrame tú también a mí, que si en vida no me lo diste, de muerto, no quiero nada de ti. |
Gracia Torres




![]()