Nacida en Córdoba, el 9 de octubre de 1966. Hija de Ana del Carmen Pérez Amaro y el pintor cordobés Juan Cantabrana.
Sus comienzos pictóricos se remontan diez años atrás, a pesar de ser gran amante de éste género desde muy corta edad. Sus conocimientos son amplios, por haber sido aprendiz de su padre y haberle inculcado éste las técnicas de los que se caracterizan sus trabajos, todo esto sellado con la personalidad y el toque esencial que ponen el broche de oro a las pinturas de Carolina, de las que ella ha sabido sacar partido en su máxima plenitud.
Su admiración por la pintura, como ya se ha dicho, viene de lejos, pero oficialmente se dedicó a ella durante su estancia en Valencia, donde permaneció casi diez años. Y como la pintura es una descripción connotativa de la realidad, supo mezclar los colores frios y apagados de los que ésta región se caracteriza, con la melancolía que a ella le producían, por ser gran amante de la luminosidad colorística de Andalucía.
Su gama es amplia, empezando por los nocturnos hasta los desnudos, sin olvidarnos, claro está, de los paisajes diurnos cordobeses y de los patios, de los que incluso se puede percibir el aroma a azahar, símbolo absoluto cordobés.
Para terminar, solo queda decir que ver una pintura de Carolina es un camino abierto a una realidad pura y coloreada, donde se transmiten todo tipo de sensaciones. |