SALADINO I
(1138-1193)

 

    Salah al-Din Yusuf, conocido en occidente como Saladino, nació en 1138 en Takrit, en lo que hoy es Irak. Era de origen kurdo, y su padre Ayub era jefe de una famlia poderosa, los ayubíes. A los catorce años entró al servicio del gobernante sirio Nur al-Din. Saladino destacó en tres expediciones enviadas por Nur al-Din entre 1164 y 1169 para ayudar al califa fatimí de Egipto, cuyo reino había sido debilitado por los ataques que los cruzados habían organizado desde Palestina. 

    Por sus logros en la defensa de Egipto fue nombrado en 1169 comandante en jefe del ejército sirio y visir de Egipto. Aunque estaba sujeto en principio al califa de El Cairo, Saladino contaba principalmente con la fuerza de sus seguidores sirios y de su familia. 

    Saladino revitalizó eficientemente la economía egipcia, golpeada por los problemas de comercio con oriente producto de la presencia de los cristianos en Palestina, y organizó el ejército. Logró de esta manera rechazar a los cruzados y defender Egipto. Confiando principalmente en la autoridad siria, Saladino suprimió el poder de los fatimíes, convirtiéndose en Sultán de Egipto en 1171.

    Con un gran ejército y un país próspero, el Egipto de Saladino fue visto por Nur al-Din como la fuerza que necesitaba para rechazar a los cristianos de Palestina. Sin embargo, por consejo de su padre, Saladino se opuso a los planes de su antiguo señor, situación que estuvo a punto de producir una guerra entre ambos. 

    Nur al-Din falleció en 1174, y Saladino empezó expandir su autoridad de Egipto a Siria. Ese año Damasco fue conquistada, Alepo en 1183 y Mosul en 1186. Con estas importantes ciudades bajo su mando Saladino contaba ya con un gran ejército, y sintió que ya estaban listos para combatir a los cruzados. En 1187 las fuerzas de Saladino invadieron el reino latino de Palestina, y tras derrotar a los cristianos en Hittin de Galilea, lograron conquistar Jerusalén. 

    Ante la pérdida de la santa Jerusalén (por no mencionar las rutas comerciales con oriente que ahora estaban bajo control islámico), los reinos europeos lanzaron la Tercera Cruzada, convocada por el papa Gregorio VII para reconquistar Jerusalén. A pesar de la capacidad militar dirigida por Saladino, el bloqueo terrestre y marítimo impulsado por los cristianos obligaron al bastión de Acre en Palestina a rendirse. Sin embargo los esfuerzos de los cristianos por retomar Jerusalén fueron infructuosos.

    En el año 1192 Saladino firmó un acuerdo, la Paz de Ramla, con el rey cristiano Ricardo I de Inglaterra, al que llamaban Ricardo Corazón de León. Según este acuerdo las costas palestinas y sirias pertenecerían a los cruzados, pero Jerusalén permanecería bajo el poder de los musulmanes. 

    La nobleza y las actitudes caballerescas de Saladino lo conviertieron no sólo en un héroe del Islam, sino que incluso en los reinos cristianos se le reconocía como una gran señor, y su nombre era respetado tanto en las cortes europeas como en las musulmanas. Después de una corta enfermedad, Saladino falleció en la ciudad de Damasco, en 1193.