Friedrich Nietzsche

Olvida uno su falta después de haberla confesado a otro, pero normalmente el otro no la olvida.

La demencia en el individuo es algo raro; en los grupos, en los partidos, en los pueblos, en las épocas, es la regla.

La edad de casarse llega mucho antes que la de quererse.

Los que más han amado al hombre le han hecho siempre el máximo daño. Han exigido de él lo imposible, como todos los amantes.

Cuando se tienen muchas cosas que meter en él, el día tiene cien bolsillos.

Yo necesito compañeros, pero compañeros vivos; no muertos y cadáveres que tenga que llevar a cuestas por donde vaya.

El sexo es una trampa de la naturaleza para no extinguirse.   

La sencillez y naturalidad son el supremo y último fin de la cultura.

Lo absurdo de una cosa no prueba nada contra su existencia, es, más bien, condición de ella.

Las razas laboriosas encuentran una gran molestia en soportar la ociosidad.

El pensador sabe considerar las cosas más sencillas de lo que son.

La mentira más común es aquella con la que un hombre se engaña a sí mismo. Engañar a los demás es un defecto relativamente vano.