Francis Bacon

La amistad duplica las alegrías y divide las angustias por la mitad.

Vengándose, uno se iguala a su enemigo; perdonándolo, se muestra superior a él.

La ocasión hay que crearla, no esperar a que llegue.

La perfección de la propia conducta estriba en mantener cada cual su dignidad sin perjudicar la libertad ajena.

Quien no quiere pensar es un fanático; quien no puede pensar es un idiota; quien no osa pensar es un cobarde.

Un hombre no es más que lo que sabe.

La lectura hace al hombre completo; la conversación, ágil, y el escribir, preciso.

La bajeza más vergonzosa es la adulación.

Algunos libros son probados, otros devorados, poquísimos masticados y digeridos.

La maravilla de un solo copo de nieve supera la sabiduría de un millón de meteorologistas.

El malo, cuando se finge bueno; es pésimo.

La discreción es una virtud, sin la cual dejan las otras de serlo.

El argumento se semeja al disparo de una ballesta, es igual de efectivo dirigido a un gigante que a un enano.

La felicidad de los grandes consiste no en sentirse felices, sino en comprender cuan felices piensan otros que han de ser ellos.

Es muy difícil hacer compatibles la política y la moral.

Es un extraño propósito perseguir el poder y perder la libertad.

La lógica, dado el mal uso que de ella se hace, vale más para estabilizar y perpetuar los errores cimentados sobre el terreno de las ideas vulgares, que para conducir al descubrimiento de la verdad.

La muerte es el menor de todos los males.