La amistad duplica las alegrías
y divide las angustias por la mitad.
Vengándose, uno se iguala a su enemigo;
perdonándolo, se muestra superior a él.
La ocasión hay que crearla, no esperar a que llegue.
La perfección de la propia conducta
estriba en mantener cada cual su dignidad
sin perjudicar la libertad ajena.
Quien no quiere pensar es un fanático;
quien no puede pensar es un idiota;
quien no osa pensar es un cobarde.
Un hombre no es más que lo que sabe.
La lectura hace al hombre completo;
la conversación, ágil,
y el escribir, preciso.
La bajeza más vergonzosa es la adulación.
Algunos libros son probados, otros devorados,
poquísimos masticados y digeridos.
La maravilla de un solo copo de nieve
supera la sabiduría de un millón de meteorologistas.
El malo, cuando se finge bueno; es pésimo.
La discreción es una virtud,
sin la cual dejan las otras de serlo.
El argumento se semeja al disparo de una ballesta,
es igual de efectivo dirigido a un gigante que a un enano.
La felicidad de los grandes consiste no en sentirse felices,
sino en comprender cuan felices piensan otros que han de ser ellos.
Es muy difícil hacer compatibles la política y la moral.
Es un extraño propósito perseguir el poder y perder la libertad.
La lógica, dado el mal uso que de ella se hace,
vale más para estabilizar y perpetuar los errores cimentados
sobre el terreno de las ideas vulgares,
que para conducir al descubrimiento de la verdad.
La muerte es el menor de todos los males.

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