Cualquier hombre puede llegar a ser feliz con una mujer,
con tal de que no la ame.
El mundo llama inmorales a los libros
que le explican su propia vergüenza.
Hay dos tipos de mujeres: las feas y las que se pintan.
La tierra es un teatro, pero tiene un reparto deplorable.
Las mujeres han sido hechas para ser amadas,
no para ser comprendidas.
Mientras la guerra sea considerada como mala,
conservará su fascinación.
Cuando sea tenida por vulgar,
cesará su popularidad.
Que hablen mal de uno es espantoso.
Pero hay algo peor: que no hablen.
Que un hombre muera por una causa
no significa nada en cuanto al valor de la causa.
Siempre es bueno dar consejos,
pero darlos buenos es fatal.
Sólo publican memorias aquellas personas
que ya han perdido totalmente la memoria.
Un tonto nunca se repone de un éxito.
Una sociedad se embrutece más
con el empleo habitual de los castigos
que con la repetición de los delitos.
Vivir es lo más raro de este mundo,
pues la mayor parte de los hombres
no hacemos otra cosa que existir.
El trabajo es el refugio
de los que no tienen nada que hacer.
Escojo a mis amigos por su buena apariencia,
a mis conocidos por su carácter
y a mis enemigos por su razón.
Los hombres casados son horriblemente aburridos
cuando son buenos maridos,
y abominablemente presumidos
cuando no lo son.
Los viejos lo creen todo;
los adultos todo lo sospechan;
mientras que los jóvenes todo lo saben.
No hay nada como el amor de una mujer casada.
Es una cosa de la que ningún marido tiene la menor idea.
Todos matan lo que aman:
el cobarde, con un beso;
el valiente, con una espada.
Cuando la gente está de acuerdo conmigo
siempre siento que debo estar equivocado.
En asuntos de vital importancia, el estilo,
y no la sinceridad, es lo verdaderamente vital.

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