Prefiero equivocarme creyendo en un Dios que no existe,
que equivocarme no creyendo en un Dios que existe.
Porque si después no hay nada, evidentemente nunca lo sabré,
cuando me hunda en la nada eterna;
pero si hay algo, si hay Alguien,
tendré que dar cuenta de mi actitud de rechazo.
El hombre tiene ilusiones como el pájaro alas.
Eso es lo que lo sostiene.
Nuestra imaginación nos agranda tanto el tiempo presente,
que hacemos de la eternidad una nada, y de la nada una eternidad.
Poca cosa nos consuela porque poca cosa nos aflige.
La grandeza de un hombre está en saber reconocer su propia pequeñez.
El hombre está dispuesto siempre
a negar todo aquello que no comprende.
Los mejores libros son aquellos que quienes los leen
creen que también ellos pudieron haberlos escrito.
Si no actúas como piensas,
vas a terminar pensando como actúas.
No poseemos la verdad ni el bien nada más que en parte
y mezclados con la falsedad y con el mal.
Cuando no se ama demasiado no se ama lo suficiente.
Lo último que uno sabe es por donde empezar.
He hecho esta carta más larga de lo usual
porque no tengo tiempo para hacer una más corta.
¿Puede haber algo más ridículo que la pretensión
de que un hombre tenga derecho a matarme
porque habita al otro lado del agua
y su príncipe tiene una querella con el mío
aunque yo no la tenga con él?
No vivimos nunca, sino que esperamos vivir;
y disponiéndonos siempre a ser felices,
es inevitable que no lo seamos nunca.
Muy débil es la razón
si no llega a comprender
que hay muchas cosas que la sobrepasan.
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