El ardimiento juvenil en sus comienzos es fogoso,
pero languidece fácilmente y no dura;
es el humo de una fogata liviana.
Procura en tus estudios no saber más que los otros,
sino saberlo mejor.
No hay ninguna cosa buena
que no tenga su base en la razón.
El éxito hace parecer honestos algunos crímenes.
El mejor límite para el dinero es el que no permite
caer en la pobreza ni alejarse mucho de ella.
El poder basado en la violencia nadie ha conseguido retenerlo mucho tiempo;
el moderado perdura;
y cuanto más altos ha destacado y elevado la fortuna los poderes humanos,
tanto más conviene que se contenga el que goza de esa felicidad
y que tiemble ante la inseguridad del azar.
El que teme es un esclavo.
La malicia bebe la mayor parte de su propio veneno.
Los dolores leves son locuaces,
los grandes enmudecen estupefactos.
Nada es más contrario a la curación
que el cambiar frecuentemente de remedios.
Prefiero molestar con la verdad
que complacer con adulaciones.
Jamás se inventaría nada si todos
nos sintiéramos satisfechos con las cosas descubiertas.
La recompensa de una buena acción
está en haberla hecho.
Los deseos de nuestra vida forman una cadena
cuyos eslabones son las esperanzas.
Los que saben mucho se admiran de pocas cosas,
mientras que los que no saben nada se admiran de todo.
No hay mayor causa para llorar
que no poder llorar.
No se debe imitar a uno solo, aunque sea el más sabio.
Quien se aflige antes de tiempo
se aflige más de lo necesario.
Saber es acordarse.
Siempre es peor al día siguiente.
Una era construye ciudades.
Una hora las destruye.

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