Shakespeare

El amor de los jóvenes no está en el corazón, sino en los ojos.

El pasado es un prólogo.

El sabio no se sienta para lamentarse, sino que se pone alegremente a la tarea de reparar el daño hecho.

El traje denota muchas veces al hombre.

Jamás viene la fortuna a manos llenas, ni concede una gracia que no haga expirar con un revés.

La brevedad es el alma del ingenio.

La memoria es el centinela del espíritu.

La mujer es un manjar digno de dioses, cuando no lo cocina el diablo.

La vida es como un cuento relatado por un idiota; un cuento lleno de palabrería y frenesí, que no tiene ningún sentido.

Los viejos desconfían de la juventud porque han sido jóvenes.

No existe nada bueno ni malo; es el pensamiento humano que lo hace aparecer todo así.

Prudente padre es el que conoce a su hijo.

Si el dinero va delante, todos los caminos se abren.

Tan imposible es avivar la lumbre con nieve, como apagar el fuego del amor con palabras.

De lo que tengo miedo es de tu miedo.

Los cobardes mueren muchas veces antes de su verdadera muerte; los valientes prueban la muerte sólo una vez.

Malgasté mi tiempo, ahora el tiempo me malgasta a mí.

El que muere paga todas sus deudas.

El hombre cauto jamás deplora el mal presente; emplea el presente en prevenir las aflicciones futuras.

La fortuna llega en algunos barcos que no son guiados.