BRAM STOKER

DRÁCULA

   Escribir un diario es desnudarse en la intimidad. Secretos pertubadores, deseos indecibles, profundas angustias, verdades y mentiras, lágrimas, sangre, sonrisas, todo se aglomera en este registro textual de una persona, de sus memorias.

    Drácula de Bram Stocker es una novela escrita con formato de diario, por lo que desde el inicio se prepara al lector para entrar en un ambiente prohibido, es un discurso vedado para el escrutinio público, está destinado a ser leído sólo por su autor.

    Cuando esta prohibición se rompe, el lector sabe que está transgrediendo un espacio, que está ultrajando la privacidad de otro (por supuesto inconscientemente). De esta manera, Drácula introduce desde el inicio una atmósfera subterránea, de complicidad, en la que sin duda el lector se verá apelado directamente, pues de manera inevitable se va a identificar con el personaje que escribe su historia.

    Pero su estilo es aún más complejo, pues incluye también noticias de periódico, cartas entre los personajes y telegramas, que le dan un gran respaldo. Este recurso literario se conoce como verosimilitud. El texto presenta diversas fuentes que respaldan lo que se está contando, por lo que el lector no cuestiona lo que lee y asume una posición totalmente receptiva y creyente. Se le enciende la fe.

     Escrito en el siglo XIX, este texto pertenece a la corriente más fuerte de la literatura de esa época, el romanticismo. Con ese estilo construido con diferentes fragmentos de historia, un contexto gótico, mares oscuros, tormentas aterrorizantes, un castillo que parece embrujado, y la presencia latente de la maldad en su forma más pura, que atrae y enloquece, se considera una de las mejores muestras de este género.

     Este clásico no pierde su vigencia, y aunque sin haberlo leído se puede pensar que ya no tiene mucho que decir, cuando se lee Drácula se conoce el miedo en su máxima expresión.

    Si bien estamos en una época en que el hombre tiene más conocimiento, y las supersticiones o leyendas se han ido perdiendo, es innegable que hay cierta inquietud cuando se habla de vampiros o de fantasmas.

      El vampiro es un muerto que camina, también conocido como no-muerto. La muerte anda con ellos, esa muerte a la que como seres perecederos que somos inevitablemente le tememos (si dicen que ustedes no, es porque este terror muchas veces se anida en el inconsciente de cada sujeto) porque se alimenta de nuestra vida, de nuestra sangre.

    Las criaturas que provienen del más allá causan todavía un temor ancestral en el ser humano, porque es el enfrentamiento con lo desconocido, con aquello que no sabemos qué es y que nos recuerda nuestra condición efímera, nos hace preguntar qué hay más allá, qué hay después de la muerte.

    Pero detengámosnos un poco en el texto. Jonathan Harker es un joven abogado que se ve obligado a viajar a Transilvania para realizar una transacción económica con el Conde Drácula. Jonathan va a casarse pronto con Mina, quien es una hermosa e inocente joven. El Conde después de dejar prisionero a Jonathan, va a Londres donde empieza a buscar víctimas para saciar su sed y a la vez poblar el mundo con vampiros, porque lo peor es que cuando alguien es mordido por un nosferatu, se convierte en vampiro a su vez. El profesor Abraham Van Helsing, sabio científico, debe tratar de detener a Drácula antes de que Mina corra la suerte de su amiga Lucy y sea contaminada con la maldición de una vida de oscuridad y sed sangrienta.

    Es evidente que la oposición bien/mal se encuentra completamente definida en este texto. El mal representado por una criatura que viene del más allá, que se levanta de su tumba y reniega de Dios, y el bien representado por la sagrada y luminosa ciencia, con la cual el hombre puede resolver cualquier enigma y destruir cualquier obstáculo. Al menos, tal era la cosmovisión que se tenía en este siglo, en que la ciencia hija de la razón y por supuesto de Dios, se perfilaba como la última respuesta.

    Por otro lado, es importante recordar que todavía en el siglo XIX, se sostenía la teoría de que la sangre era el alma o al menos el lugar donde podría estar, por eso la sóla idea de un ser que se atreviera a succionar la sangre de la gente era insoportable, y por otro lado muy coherente, pues claro así es como logra el nosferatu su eternidad.

    Drácula es entonces una lucha entre el bien y el mal, entre la ciencia y el oscurantismo de la ignorancia, es la lucha que ha mantenido el hombre a través de su existencia, es demostrar al fin que la humanidad lo puede vencer todo por su racionalidad.

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