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J.R.R. TOLKIEN
EL SILMARILLION
La mitología de un pueblo no sólo muestra sus creencias religiosas populares, sino que pone al desnudo sus visiones de mundo, su ética, su filosofía, sus principios fundamentales. El Silmarillion nos traslada a los orígenes de la Tierra Mieda, sus dioses son asombrosos, y como todo inicio la maravilla de un paraíso nuevo salta a la vista. A partir de ahí, mediante genealogías, histrias separadas, canciones y poemas, el texto nos lleva de paseo por la antigua Primera Edad, conocemos el origen de los elfos y de muchas otras criaturas. Sin embargo, la magia de esta especie de Teogonía resulta de la comparación con esas criaturas mitológicas y nosotros los hombres -descendientes según el texto de los numeroneános- pues es ahí donde reside el encuentro con la naturaleza humana, nuestros grandes miedos, nuestros peores vicios como la intolerancia y la codicia, así como nuestra gran capacidad de amar, de hacer arte, y nuestro más particular rasgo en un mundo fantástico de seres inmortales, su capacidad de morir. La muerte, el don que Ilúvatar (dios creador) le obsequió a los segundos nacidos. Esto es fundamental, porque a lo largo de los fragmentos de esta narración, el tema surge una y otra vez, y muestra que la muerte a pesar de causar gran dolor, definitivamente es un motor por el cual continuamos viviendo, y deberíamos sentirnos agradecidos pues es por ella que somos capaces de apreciar la vida y de luchar por lo que consideremos importante. Con una prosa llena de poesía, las palabras de Tolkien recopiladas por su hijo Cristopher reflejan nuestros más profundos sueños y muestran que una mitología, aunque es la historia de los dioses, es ante todo humana. |