MARÍA AMPARO ESCANDÓN

SANTITOS

   Latinoamérica, babel cultural, exuberante y tímida, sensual y reprimida, ha encontrado desde que fuera conquistada y ultrajada, una esperanza en una religión, que si bien formalmente se plantea como monoteísta, popularmente parte, en muchos casos, del culto a muchos santos.

     Los santos no sólo protegen sino que son el intermediario con Dios, ese ser supremo con el que si bien está establecido que nos podemos comunicar mediante la oración, se caracteriza por ser demasiado imponente como para que nos escuche. Por eso, se prefiere hablar con los santos, con quienes se establece una relación de confianza, y quienes harán siempre las veces de protectores espirituales, de confidentes, de guías y amigos. Estos santos se encuentran más cerca de Dios que nosotros y al mismo tiempo, se encuentran más cerca de nosotros que Dios, de ahí que puedan interceder por nosotros. Así creen quienes tienen fe en los santos.

    Esta fe, que también se practica en España con las mismas características, es cuestionada muchas veces por la institución eclesiástica, pero eso no ha impedido que la gente le rece a su santos, teniendo claro que son subordinados de Dios. Probablemente, la proximidad con los santos se deba a que ellos fueron seres humanos como nosotros, y así su naturaleza resulta más fácil de comprender.

    En este contexto se ubica la novela reciente de la mexicana María Amparo Escandón, pues rescata toda esa tradición de santos, con una historia llena de fantásticas situaciones, mágicas experiencias, pero sobre todo una nueva visión de la identidad latinoamericana, obtenida a través del cristal de la religión y la fe.

    La protagonista, no por casualidad llamada Esperanza, inicia un viaje espiritual y mítico en busca de su hija que se creía muerta, incitada por la aparición milagrosa de San Judas Tadeo, quien se caracteriza por exhortar a los cristianos a construir un edificio espiritual fundado en la fe, el amor a Dios, la esperanza y la oración, favorece la práctica del amor al prójimo y, además, anima a los cristianos a convertir a los herejes.

    Este viaje la llevará por los caminos más tortuosos y sórdidos, lo que sin duda se apoya en la idea cristiana de que el camino de espinas es el que lleva a la salvación, pues solo puesto a prueba y enfrentado a todas las dificultades, el ser humano logra alcanzar la salvación y la purificación.

   
Entre detalles más que culturales, lágrimas y risas se desarrolla esta inspirada historia, donde Esperanza sale en busca de su hija y al final se encuentra a ella misma. Con tono de leyenda y con implicaciones metafísicas, esta novela latinoamericana pone en escena simultáneamente lo cotidiano y lo extraordinario, lo profano y lo sagrado; y consigo lleva al lector en esta travesía por los deseos humanos que siempre se debaten entre Eros (vida) y Thánatos (muerte).

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