MARY SHELLEY

FRANKENSTEIN O EL MODERNO PROMETEO

   Corría el año de 1816. La noche del 16 de junio era tormentosa, oscura y fría. En la Villa Diodati, en Ginebra, concidieron Lord Byron, Mary Shelley y su amante el poeta Shelley (quien luego sería su esposo), y otros escritores. Para entretenerse después de haber leído historias de terror, el poeta propuso el reto de escribir una novela de terror. Mary Shelley a sus dieciocho años respondió al reto con una de las novelas que se convertiría en un clásico del género: Frankenstein.

    La joven escritora recordó un sueño y a partir de éste desarrolló la angustiante y humana historia del moderno Prometeo, que según muchos inaugura el género de ciencia ficción en la literatura, y que ha sido llevada múltiples veces al cine, al cómic y a la teatro.

    El texto hábilmente construido se compone de tres narraciones concéntricas y yuxtapuestas. En la primera, Robert Walton le escribe a su hermana para contarle su viaje al Polo Norte. Una de las cartas cuenta a su vez la narración de Víctor Frankenstein a Walton, la cual incluye por su parte, la narración del monstruo a Víctor Frankenstein. Su estructura de cajas chinas es el resultado del género epistolar tan utilizado en el romanticismo.

    Insertado en esa tradición romántica, este texto se caracteriza por poner sobre la mesa un tema que en estos días de genoma, clonación, cibernética y caída de mitos toma una gran relevancia.

    El joven Víctor Frankenstein, nuestro protagonista, se destaca por sus estudios científicos y pronto -ávido de conocimiento y deseoso de llegar a donde el ser humano nunca había llegado- inicia una obsesiva carrera por crear vida de lo inanimado como un dios.

    Frankenstein lo logra pero su creación será su desgracia, pues ésta es una abominación que todos rechazan. Así, la criatura, condenada al aislamiento, busca a su creador para pedirle explicaciones y éste se niega a ayudar al desesperado ser en su búsqueda de amor y semejanza, y rehusa  darle una compañera. El engendro busca venganza, destruye todo lo que era querido para su creador, y después de ser testigo de la muerte de Frankenstein (quien lo había perseguido hasta el confín del mundo), se suicida.

    En una primera lectura, el texto puede interpretarse como moralista, con la moraleja de que el ser humano no debe jugar a ser dios, pues en consecuencia se verá destruido. Sin embargo, más allá de esta lectura, el texto adquiere relevancia cuando se ve desde la perspectiva del quehacer humano, de la búsqueda de respuestas, y cuando se interpreta al pobre monstruo como una metáfora del género humano, abandonado a su suerte por un dios que tal vez se arrepiente de su acto creador.

    Por otro lado, no puede dejar de observarse la crítica a una ciencia irresponsable cuyos resultados son capaces de destruir a toda la humanidad. De igual forma, hay que tomar en cuenta la propuesta que el texto hace sobre el génesis del mal, pues el monstruo pierde su inocencia conforme se descubre aislado, aborrecido e incomprendido.

    Además, desde su título, esta novela nos indica la rebelión contra el creador, la oposición entre ciencia y naturaleza, entre conocimiento y religión, y nos muestra a un género humano capaz de caer en desobediencia por ir en busca del fuego, de la luz de la sabiduría como el mítico Prometeo, castigado por robarle el fuego a los dioses y darlo a la humanidad.

    En el romanticismo,  el sujeto que reclama libertad y poder ante la superstición, las leyes morales y los límites naturales toma fuerza y es ahí donde surge el enfrentamiento del yo con su propio creador, con su padre, con su origen y con sus capacidades.

    En esta coyuntura, Víctor Frankenstein es el típico sujeto del romanticismo decidido a obtener todo el conocimiento sin pensar en el precio o el resultado, decidido a rebelarse contra cualquier autoridad y contra cualquier limitante, y su creación hará lo propio y será capaz de cuestionar a su padre y destruirlo como venganza por haberle dado una vida sin sentido.

   
De esta forma, al final surgen preguntas que se dirigen hacia la cuestión de si el moderno Prometeo es Víctor Frankenstein o el monstruo, si Víctor es como un dios o como un simple humano que se equivoca, y si ese monstruo no seremos todos abandonados por nuestro creador a una suerte oscura y dolorosa: la vida. El lector puede elegir bajo su propio riesgo.

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