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RAY BRADBURY
FAHRENHEIT 451
Del maestro Ray Bradbury, escritor más conocido por su gran novela Las crónicas marcianas, nos llega este texto que muy a menudo se encasilla dentro de la literatura juvenil, por lo que de alguna manera es desprovisto de su carácter revolucionario y es por lo general, incorporado al sistema. No obstante, siempre hay algunos disidentes que encontramos en textos que muchos consideran inocentes, ideas que despiertan nuestro deseo de libertad. Tal es el caso de Fahrenheit 451. Con un título nada casual -pues esa es la temperatura en la que el papel arde- esta novela puede abrir las puertas del cuestionamiento y del análisis para muchos lectores. La narración se desenvuelve en un futuro, donde todas las personas disfrutan de los medios de comunicación en masa, están estupidizados, son "felices" (en tanto ignorantes) y no hay guerra. La sociedad se encuentra totalmente homogeneizada, no hay diferencia que enriquezca las relaciones humanas y de hecho pensar no es una opción. Conforme la historia avanza y Guy Montag -que es el personaje principal- entra en contacto con rebeldes que lo hacen ver una realidad muy distinta a ese Mundo Feliz (parafraseando a Aldous Huxley) en el que él creía que vivía, el lector -a su vez- irá descubriendo que tal felicidad es un verdadero fraude, pues es impuesta. Nuestro protagonista se siente realmente atribulado cuando empieza a cuestionar su circunstancia, pues él mismo es un peón en el ajedrez del sistema y es bombero. Pero no es un bombero ordinario, pues en lugar de apagar los incendios, los provoca con el objetivo de quemar los libros. Casualmente, en uno de sus trabajos, Guy Montag es llevado al extremo cuando la mujer que vive en el hogar que van a incendiar, prefiere quedarse y ser consumida por las llamas que abandonar su hogar y sus libros. Después del incendio, Guy Montag descubre un libro que sobrevivió a las llamas y se lo lleva a su casa. Ese es el paso que el personaje da para dejar, en un instante, de pertenecer al status quo y así pase a hacer uno de los que lucha para defender su libertad y su derecho a pensar. De ahí en adelante la lectura irá tocando fibras que, probablemente en nuestra sociedad masificada y relativamente parecida a la visión de Fahrenheit, se encuentran opacadas o incluso atrofiadas, y mediante la emotividad, el raciocinio y momentos de verdadera poesía llevará a los lectores a preguntarse por su felicidad y por su circunstancia actual, y además, hará que el más reticente reflexione sobre su actitud en un mundo que tal vez hemos dejado escapar de nuestras manos. Bradbury escribió esta novela a mediados del siglo XX, y con una capacidad casi premonitoria, hizo una pintura bastante fiel de nuestros días. Las pantallas gigantes, los auriculares que transmiten noticias y música como de elevador, la alta tecnología robótica, los automóviles de altas velocidades, y una especie de computadoras interactivas, son los elementos que construyen la pesadilla que nos plantea esta novela, donde pensar no es un lujo, es un pecado. Los libros como tales son prohibidos, porque incitan a los lectores a pensar, a cuestionar. En el mundo Fahrenheit, se suprime el conocimiento para producir sujetos totalmente manipulables que difícilmente encontrarán alguna forma o deseo de rebelión. La ignorancia es el verdadero opio de los pueblos, la letra y la lectura la única arma que muchas veces se tiene para enfrentarse a un sistema que busca anularnos. Entonces, Fahrenheit presenta una terrible visión de futuro en la que un sistema capitalista a ultranza ha triunfado y el mundo en el que se vive es una angustiante muestra del más terrible facismo, donde ser feliz es una obligación, y la forma para serlo es no pensar. Por eso, leer este texto es más que un divertimento, es una oportunidad para reflexionar sobre nuestro momento histórico y analizar si verdaderamente vamos por el camino que deseamos o si estamos poniendo en peligro las más básicas y mínimas condiciones de vida del ser humano, como los son su libertad y su posibilidad de pensar; posibilidad de la que hemos hecho alarde más de una vez porque nos diferencia del resto de los animales. |