TIRSO DE MOLINA

EL BURLADOR DE SEVILLA

   ¿Quién no ha escuchado del irreverente y gran seductor don Juan, ese hombre que conquistaba a todas las mujeres, que se burlaba de la autoridad divina y de la muerte, y que ha sido representado innumerables veces?

     Este arquetipo tiene su origen en la gran comedia del barroco español publicada por Tirso de Molina (fray Gabriel Téllez) alrededor de 1630. Aunque ésta no es la primera mención del personaje y se puede rastrear en las leyendas populares españolas, el texto de Tirso da forma a esta figura que, a partir de ahí, se convertiría en todo un mito.

    Desde Zorrilla con su Tenorio hasta Mozart con Don Giovanni, el Don Juan tuvo sentido para el barroco español y lo sigue teniendo hoy en día, pues no sólo representa una tradición, sino que pone en juego -sin concesión alguna- la subversión del sistema moral imperante, regido especialmente por los códigos católicos.

    Hablar de las aventuras amorosas de don Juan es llover sobre mojado. Nos interesa más resaltar el sentido filosófico que se esconde tras esta comedia escrita por un teólogo mercedario, cuyo nombre de pila era Gabriel Téllez.

    Don Juan no sólo conquista y deshonra a muchas mujeres sin miramientos; asesina al padre de una de ellas y, decide enfrentarse a la divinidad sin llegar nunca a tomarse en serio lo sagrado, elemento fundamental en la cultura española.

    Esta rebeldía o irrespeto a las tradiciones más hieráticas de sus semejantes, por encima de las traiciones a las diferentes mujeres, provocan que don Juan sea conocido como el Burlador, pues se mofa con creces y literalmente de la divinidad y de la muerte.

    La subversión de don Juan no tiene límites y es castigado por ello, sin embargo el personaje se mantiene en su postura rebelde. Esto genera, a lo largo de todo el texto, tensiones entre lo que se consideraba el "deber ser" y el total y absoluto desenfado. Así, nuestro conquistador irresistible (que adquiere tal característica posteriormente) representa no sólo la falta de honor y honrra, sino que se erige como un emblema del caos, de la contestación a la ley represora que inhibe las pasiones humanas.

    Esto hace que el texto, aunque probablemente escrito con intención moralizante -recordemos que proviene de la pluma de un religioso- nos muestre a un personaje que, a pesar de ser castigado sin reparo, resulta ser el héroe de la historia. El lector inevitablemente se verá conquistado por el encanto de un don Juan libre; no es casualidad que se convirtiera en un arquetipo y que sirviera incluso de modelo durante años para muchos hombres.

    
De esta forma, el Burlador traiciona el proyecto ideológico del texto y trasciende los objetivos didácticomoralizantes: todos en algún momento han querido ser donjuanes y todas, en algún momento, han querido ser conquistadas por don Juan para redimirlo de su perdición.

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