WILLIAM GOLDING

EL SEÑOR DE LAS MOSCAS

   El señor de las moscas es la obra más conocida del premio Nóbel de literatura William Golding (1911-1993).

    Sigmund Freud, el gran psicoanalista, y varios estudiosos de las ciencias sociales como Levi-Strauss y René Girard han dedicado algunas de sus investigaciones a tratar de comprender los comportamientos más violentos de la humanidad.

    La mayoría han coincidido en que la conducta violencia es tan intrínseca al ser humano como la conducta pacífica. Freud particularmente hace un estudio de las culturas tribales en su libro Totem y tabú, donde queda claramente explicado que el sujeto experimenta lo que se conoce como pulsión de muerte también llamada Thánatos, y de alguna forma, desea la muerte, desea acabar con su vida, y es por esta pulsión que todos podemos vivir y es por esta pulsión que cambiamos a lo largo de nuestra existencia.

    Pero además, varios estudios demuestran que en los orígenes, cuando el ser humano era más primitivo, es de donde provienen muchas de las actitudes y los fenómenos psíquicos del sujeto. Así, cuando el ser humano anadaba en tribus, su totem era lo más importante. Las relaciones de parentesco, su religión y su cosmovisión partían del Totem. El Totem es un objeto que simboliza la génesis mítica de todos los hombres, es como un dios, y es por él que surgen prohibiciones de incesto y leyes que dan a las tribus un sistema por el cual regirse.

    En el Señor de las Moscas, los personajes -niños que caen desde un avión en una isla desierta- se comportarán tribalmente al verse extraídos violentamente de las represiones de la civilización. Su pulsión de muerte será mayor y su totem sagrado y aterrador será el Señor de las Moscas (sobrenombre de Belcebú), una cabeza de un jabalí muerto, cuya sangre es el exquisito festín para las moscas.

     Leer esta novela es hasta para el lector más avesado un verdadero trago amargo, pues hoy no es difícil pensar que los niños puedan ser crueles o violentos, aunque basta con pensar en nuestra niñez y recordar cómo aquellos débiles por razones físicas, económicas o personales eran siempre el blanco de las burlas y las amenazas.

     Nuestra historia comienza cuando en la isla desierta, los niños empiezan a organizarse y a colaborar entre sí. Civilizada y democráticamente, eligen un líder, Ralph, para que se encargue de cuidar la fogata que será la forma en que los encuentren y los rescaten.

      Ralph descubrirá que Piggy, el muchacho gordo y de anteojos que la mayoría rechaza es todo un intelectual, y es con su consejo que intenta gobernar a su grupo con sabiduría y con verdadero sentido común, estableciendo las prioridades según las condiciones actuales.

    Sin embargo, la paz no podía durar demasiado. Jack es un niño carismático y valiente que decide que lo más importante es jugar y cazar, y que pensar en formas de llamar la atención para ser rescatados no tiene sentido, pues el mundo de los adultos, ese mundo del que han sido maravillosamente extraídos está lleno de represión. Su verdadera búsqueda es la libertad.

    Estas dos fuerzas se enfrentarán y, a lo largo de la novela, la tensión irá aumentando hasta que Ralph y Piggy se verán convertidos en las víctimas de una tribu hambrienta y enfurecida, manipulada por Jack, y serán transformados en verdaderas presas de caza.

   La angustia, la tensión y el terror harán que la lectura de esta novela sea muy intensa y se disfrute mucho, especialmente le gustará al lector que busca libros que le muevan el mundo como un terremoto.

    La clara alegoría que hace esta novela de nuestra sociedad y de nuestra naturaleza, para comprobar que el ser humano en libertad total desarrolla instintos salvajes y cae en el caos y la anarquía, es tal vez una posición muy pesimista, que se puede discutir, pero que sin duda hace reflexionar.

   
El Señor de las Moscas no es una novela de juventud por el hecho de que sus personajes sean jóvenes o más bien niños. Es literatura profunda de gran calibre que sin duda cambiará a su lector.

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