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ACTEÓN
Un día Acteón salió con sus compañeros a cazar ciervos. Encontraron un bello ejemplar que rápidamente se escondió en un bosque. Los cazadores lo persiguieron entre los árboles, pero en la sombra de las ramas Acteón se separó de sus compañeros y se extravió, acompañado por sus cincuenta perros . Vagó por el bosque tratando de encontrar a sus amigos y regresar a su casa, y llegó hasta un valle cubierto por cipreses y piceas. Pronto escuchó un sonido de agua, y como estaba sediento se acercó para beber. Antes de llegar escuchó risas y coros de voces femeninas. Caminando en silencio y oculto por las hierbas llegó hasta una colina en la que había una gruta de la que manaba un manantial, donde descubrió un grupo de doncellas que se estaban bañando. Esta mujeres eran ninfas del séquito de la diosa Artemisa , que había elegido ese lugar para descansar y refrescarse. Como tenía por costumbre, la diosa había llegado al manantial para bañarse después de un día de cacería. Había entregado a una de sus ninfas su jabalina, a otra su carcaj y sus flechas, a otra su arco y a otra su vestimenta. Dos ninfas le soltaban las sandalias de los pies. Acteón quedó maravillado por la belleza de la diosa desnuda y no pudo apartar de ella la vista, y lentamente se aproximó. Las ninfas se dieron cuenta súbitamente de que un hombre las observaba, y entre gritos se agruparon alrededor de Artemisa , tratando de ocultarla con sus cuerpos, pero la diosa era mucho más grande que ellas. Rápidamente Artemisa recogió agua del manantial en su mano, la arrojó a la cara de Acteón , y le gritó: "Ahora ve a contar que me viste desnuda, si es que puedes". Acteón se alejó corriendo, y se asombró de la velocidad de su huída. Llegó hasta un riachuelo y en el reflejo del agua vió que de su cabeza surgía una cornamenta, mientras sus miembros se tornaban en patas. Trató de gritar pero ya no podía hablar. La diosa Artemisa lo había convertido en ciervo . Su propia jauría, enviada por Artemisa en su persecución, no lo reconoció, le dió rápidamente alcance y se arrojó sobre él. Acteón intentó huir, pero sus perros lo mataron jauría lo mataron y lo devoraron. Aunque los compañeros de caza de Acteón lo buscaron por todo el bosque, nunca pudieron encontrarlo. Los perros llenaban el aire con sus lamentos, y llegaron hasta la cueva del centauro Quirón , quien para calmarlos modeló una imagen de Acteón , con la que encontraron consuelo. |
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