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MELEAGRO
Las tres diosas se aproximaron al niño. Cloto dijo que Meleagro sería noble y Láquesis vaticinó que sería valiente. Ante estas palabras Eneo y Altea se alegraron, pero la tercera Moira, Átropos, dijo que el niño moriría cuando uno de los tizones que estaba ardiendo en la chimenea en ese momento se consumiera. De inmediato Altea recogió el tizón, lo apagó y lo ocultó en un lugar secreto en el palacio. Meleagro creció y se convirtió en un hombre valeroso. Participó en el viaje de los Argonautas en busca del Vellocino de Oro, junto a Jasón y muchos otros héroes griegos, y en esa aventura ganó gran renombre antes de regresar a su hogar. Tomó por esposa a una mujer llamada Cleopatra. Todo el reino estaba complacido con su próximo rey, pues conocía su nobleza y sabía que los gobernaría sabiamente. Pero el destino decretado por las Moiras debía cumplirse. Un año el reino de Calidonia tuvo cosechas abundantes. Para agradecer a los dioses por tal fecundidad, Eneo realizó un homenaje a los dioses, ofreciendo sacrificios para cada uno. Pero los dioses eran numerosos, y desdichadamente Eneo olvidó realizar una ofrenda para Artemisa. Despechada, la diosa envió un jabalí que asoló los campos de Calidonia. La bestia destruyó el trigo y las vides, mató los ganados e hizo huir a los granjeros que se refugiaron tras los muros de la ciudad. Ante tal catástrofe Eneo envió heraldos a todas las ciudades de Grecia, pidiendo ayuda y ofreciendo la piel del jabalí como premio al héroe que lograra matarlo. Además de Meleagro, que se ofreció de inmediato, llegaron muchos otros héroes. Entre ellos estaba Jasón, quien fue el capitán de la expedición de los argonautas; Ificles, quien era hermano de Heracles; Teseo, quien había matado al Minotauro; Acasto, gran lanzador de jabalinas, y los dióscuros Cástor y Pollux, hijos de Zeus. Se presentaron también dos centauros expertos en la caza, y los tíos de Meleagro, Plexipo y Toxeo, que eran hermanos de la reina Altea. También se presentó una muchacha alta y fuerte, armada de arco y flechas. Se trataba de Atalanta, veloz corredora y excelente cazadora, hija del rey de Arcadia. Durante nueve días los héroes disfrutaron de la hospitalidad de Eneo, y al décimo inició la cacería. Sin embargo uno de ellos, Anceo, no quería participar en la compañía de Atalanta, pues no consideraba que una mujer pudiera estar a su altura. Pero Meleagro les obligó a partir, pues se había prendado de la belleza de Atalanta. Sonaron los cuernos y se inició la cacería. Los cazadores se adentraron en una arboleda buscando al jabalí. Los dos centauros, lujuriosos, se escondieron para sorprender a Atalanta y violarla, pero ella los mató con sus flechas. Pronto la compañía encontró al jabalí, gracias a su rastro de destrucción. Al sentirse acosado, el jabalí embistió a los cazadores, matando de inmediato a tres de ellos. Otro logró salvarse subiéndose a un árbol. En la confusión uno de ellos, Peleo, hirió por accidente a otro con su jabalina. El jabalí atacó a Anceo, quien hubiera muerto de no ser por una flecha de Atalanta que hirió a la bestia detrás de una oreja. El malagradecido Anceo se quejó con Atalanta, diciendo que la flecha estuvo a punto de herirlo. El cazador Anfiarao logró clavar una segunda flecha en el ojo derecho del animal, quien se volvió y atacó a Teseo, acorralándolo contra un árbol. El héroe fue salvado por Meleagro, que se aproximó por el lado derecho del jabalí, donde no podía verlo, y hundió su lanza en su pecho, atravezando el corazón de la bestia y matándolo de inmediato. Los cazadores sobrevivientes se reunieron alrededor del jabalí. Meleagro lo desolló, tomó la piel y se la ofreció a Atalanta, afirmando que su flecha había causado pronto la muerte del animal. Pero los tíos de Meleagro protestaron, diciendo que una mujer no era digna de recibir tal premio. Se produjo una terrible disputa y Meleagro, enfurecido, dio muerte a sus tíos y entregó la piel a Atalanta. Cuando regresaron a la ciudad hubo una gran alegría por la muerte del terrible jabalí. Pero cuando Altea supo de la muerte de sus dos hermanos el dolor pudo más que la razón. Sacó el tizón que había ocultado durante años y le prendió fuego. En ese momento Meleagro sintió que un calor terrible lo consumía desde sus entrañas y murió lentamente, cumpliéndose la profecía de las Moiras. |
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