AJNATON

Amenofis IV (1350-1334 antes de Cristo, aproximadamente) fue faraón del Antiguo Egipto. Junto con su esposa Nefertiti se dedicó a renovar la religión egipcia, para que en vez de adorar a muchos dioses le rindieran culto a uno solo, el Sol, a quien llamó Atón. Por este hecho se le llama en ocasiones el "faraón hereje", y es considerado el primer monoteísta. Tras instituir la nueva religión cambió su propio nombre a Ajnatón, que significa "Atón está satisfecho", y trasladó la capital del imperio de Tebas a una nueva ciudad, Ajtatón, o sea el "Horizonte de Atón". Se enfrentó a los sacerdotes que intentaban mantener la adoración a los dioses tradicionales. Su reforma religiosa terminó con su muerte, y la casta sacerdotal regresó al culto de los dioses anteriores a Atón. A Ajnatón se le atribuye el Himno al Sol, que se conserva escrito en las paredes de una tumba en Al-Amarna, y en el que muchos ven la inspiración para varios de los salmos que aparecen en la Biblia. 

HIMNO AL SOL

Alaben a Ra, quien se regocija en el Horizonte, viviendo por los siglos de los siglos, el Atón Viviente, el Supremo que está en el Jubileo, Señor de todo lo que el Sol abarca, Señor del Cielo, Señor de la Tierra, Señor del Templo en Ajtatón. Y al rey del Alto y el Bajo Egipto, el que vive sobre Maat, Señor de Regalía, el que ha vivido largamente. Y a la Principal Esposa del Faraón, a quien él ama, Señora de los Dos Territorios, Nefertiti, viviendo joven por los siglos de los siglos.

Él dice:

Te levantas en perfección sobre el horizonte del firmamento,
Atón viviente, que a la vida diste nacimiento.
Cada vez que te levantas sobre el horizonte oriental
llenas con tu perfección todas las tierras.
Eres atrayente, grandioso, deslumbrante,
dominas las tierras desde las alturas;
tus rayos mantienen unidos territorios tan lejanos
como todo lo que has creado.

Puesto que eres Ra, abarcas todo lo que los rayos alcanzan,
y los controlas por tu amado hijo.
Aunque tú estás lejos, tus rayos están sobre la tierra;
tú estás sobre sus rostros,
y sin embargo tu partida no es observada.

Cada vez que te recuestas sobre el horizonte occidental,
la tierra se sume en una oscuridad que se asemeja a la muerte.
Ellos duermen en la habitación con sus cabezas bajo los cobertores
y los ojos de uno no alcanzan a ver los del otro.
Si todas las posesiones que están bajo sus cabezas fueran robadas,
ellos no lo sabrían.

Todos los leones que salen de su cueva muerden,
lo mismo que todas las serpientes,
porque la oscuridad es una manta.
La tierra está silenciosa ahora, porque él, quien los creó,
está descansando sobre su horizonte.

Pero cuando el día rompe te levantas sobre el horizonte,
y brillas como Atón en la luz de día.
Cuando disipas la oscuridad y emites tus rayos
los dos territorios están de festival,
alerta y de pie, ahora que los has levantado.
Sus cuerpos están limpios, y se han puesto sus ropas;
sus brazos se levantan para alabar tu despertar.

La tierra entera realiza su trabajo:
todo el ganado está satisfecho con su forraje,
crecen los árboles y las plantas,
los pájaros se elevan volando hasta sus nidos,
sus alas extendidas para alabar a tu alma.
Todo el ganado corvetea sobre sus patas;
todo lo que vuela y desciende,
vive en cuanto te has elevado para ellos.
Las barcazas navegan río arriba y también río abajo,
pues todos los caminos se abren al levantarte.
Los peces en el río saltan ante tu rostro
cuando tus rayos están en el mar.

Tú, que has colocado la semilla en la mujer
y creado el esperma en el hombre,
que alimentas al hijo en el seno de su madre,
y lo consuelas con algo para detener su llanto;
tú eres la nodriza dentro del útero,
dando aliento y nutriendo a todo lo que ha sido concebido.
Nace cuando sale del útero para respirar el día,
abres su boca completamente, y satisfaces sus necesidades.
Cuando el pichón en el huevo habla en el cascarón,
Le das aire para su sustento.
Cuando le das su tiempo para salir rompiendo el cascarón,
sale para celebrar su plenitud con un grito.

Qué abundante es lo que has creado,
aunque se esconda a la vista,
dios único, sin nadie a tu lado;
creaste la tierra a tu gusto, cuando estabas solo,
antes de la humanidad, de todo el ganado y los rebaños,
de todos los seres sobre la tierra, que se mueven sobre sus pies,
y todos los seres en el aire, que vuelan con sus alas.

Los territorios de Khor y Kush
y el territorio de Egipto:
tú has puesto a cada hombre en su lugar,
asignándole sus necesidades
de acuerdo con la comida de cada uno,
y el tiempo de sus vidas se cuenta regresivamente.
Las lenguas son distintas en su pronunciación,
y en sus caracteres también;
la piel de los hombres es diferente;
pues tú has diferenciado a los extranjeros.

En el submundo has creado un Nilo
que puedes hacer emerger, si así lo deseas,
para alimentar al pueblo,
pues los creaste a ellos para ti mismo, su señor absoluto
fatigándote por su causa, amo de todas las tierras.
Por ellos se levanta el Atón diurno,
grandioso en su magnificencia.

A todas las tierras distantes,
tú las has hecho vivir,
pues has creado la lluvia, un Nilo en el cielo
para que pueda descender sobre ellas
y crear olas sobre las montañas, como en el mar,
para irrigar los campos de sus pueblos.
Qué eficientes son tus designios
Amo de la eternidad:
un Nilo en el cielo para los extranjeros
y todas las criaturas que caminan sobre sus pies,
y un Nilo regresando del submundo para Egipto.

Tus rayos amamantan a todos los campos;
ellos viven cuando te levantas, y crecen por ti.
Tú creaste las estaciones
para dar existencia a todo lo que creaste.
El invierno para refrescarlos
El calor para que puedan sentirte.

Has creado un cielo lejano en el cual levantarte
para observar todo lo que has creado.
Sin embargo, estás solo,
levantándote en tus manifestaciones como el Atón Viviente:
apareciendo, brillando, lejano, acercándote;
haces millones de transformaciones de ti mismo.
Pueblos, puertos, campos, caminos, arroyos:
todos los ojos miran tu imagen sobre esas cosas,
pues eres el Atón diurno sobre el rostro del mundo.
Cuando avanzas todos los ojos están sobre ti.
Tú creaste su mirada pero no sólo para observar el cuerpo
que tú has creado.

Tú eres mi deseo,
y no hay nadie más que te conozca
excepto tu hijo el Faraón
pues lo has enterado de tus designios y tu poder.
La Tierra llegó a existir por tu mano
y tú la creaste.
Cuando te levantas, ellos viven;
Cuando te acuestas, mueren.
Eres un ciclo de vida en ti mismo,
uno vive por ti.

Las miradas se posan sobre tu perfección hasta tu ocaso:
todas las labores se abandonan cuando descansas sobre el oeste.
Cuando te levantas todo crece,
para el Faraón y para todos los que se apresuran sobre sus pies,
porque tú fundaste la tierra y los criaste para tu hijo,
quien ha surgido de tu cuerpo,
el Rey del Alto y el Bajo Egipto, el que vive sobre Maat,
Señor de los Dos Territorios, hijo de Ra, Señor de Regalía
Ajnatón, el que ha vivido largamente,
y la Principal Esposa del Rey, a quien él ama,
Señora de los Dos Territorios, Nefertiti,
viviendo joven por los siglos de los siglos

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