AMADO NERVO

    El poeta mexicano Amado Nervo nació el 27 de agosto de 1870 en Tepic, Nayarit. Su padre falleció cuando tenía nueve años, y su madre le envió a un Colegio de Padres Romanos de Jacona, en Michoacán, que entonces gozaba de cierta fama. Quiso seguir la carrera de abogado y estudió dos años, pero el quebrantamiento rápido de la herencia paterna lo obligó a regresar a Tepic y ponerse al frente de lo poco que quedaba y a trabajar para ayudar a su familia. Se trasladó luego a Mazatlán, donde escribió en el Correo de la Tarde sus primeros artículos. Ingresó en el cuerpo diplomático; fue embajador de su país en España y en Uruguay. En el año 1894 se trasladó a la ciudad de México donde conoció a Manuel Gutiérrez Nájera y con él fundó la revista Azul . En 1900 es enviado a la Exposición Universal de París. Allí conoció personalmente a Verlaine, a Moreas, a Wilde y a Rubén Darío. Escribió cuentos, libros de viaje, ensayos y, sobre todo poesías. En su primera obra, la novela El Bachiller , muestra rasgos naturalistas, aunque en sus primeros poemarios aparezcan características modernistas. Su educación religiosa se pone de manifiesto en muchos de sus poemas. Otras obras suyas son El Éxodo y las Flores del Camino , Los Jardines Interiores , Elevación y su obra maestra, La Amada Inmóvil , publicada póstumamente e inspirada en la muerte de Ana Daillez. Amado Nervo falleció el 24 de mayo de 1919 en Montevideo, cuando fungía como Jefe de la Misión Diplomática de México en Uruguay. 

GRATIA PLENA

Todo en ella encantaba, todo en ella atraía 
su mirada, su gesto, su sonrisa, su andar... 
El ingenio de Francia de su boca fluía. 
Era llena de gracia, como el Avemaría. 
¡Quien la vio, no la pudo ya jamás olvidar! 

Ingenua como el agua, diáfana como el día, 
rubia y nevada como Margarita sin par, 
el influjo de su alma celeste amanecía... 
Era llena de gracia, como el Avemaría. 
¡Quien la vio, no la pudo ya jamás olvidar! 

Cierta dulce y amable dignidad la investía 
de no sé qué prestigio lejano y singular. 
Más que muchas princesas, princesa parecía: 
era llena de gracia como el Avemaría. 
¡Quien la vio, no la pudo ya jamás olvidar! 

Yo gocé del privilegio de encontrarla en mi vía 
dolorosa; por ella tuvo fin mi anhelar 
y cadencias arcanas halló mi poesía. 
Era llena de gracia como el Avemaría. 
¡Quien la vio, no la pudo ya jamás olvidar! 

¡Cuánto, cuánto la quise! ¡Por diez años fue mía; 
pero flores tan bellas nunca pueden durar! 
¡Era llena de gracia, como el Avemaría, 
y a la Fuente de gracia, de donde procedía, 
se volvió... como gota que se vuelve a la mar!

PASAS POR EL ABISMO DE MIS TRISTEZAS

Pasas por el abismo de mis tristezas
como un rayo de luna sobre los mares,
ungiendo lo infinito de mis pesares
con el nardo y la mirra de tus ternezas.

Ya tramonta mi vida; la tuya empiezas;
mas, salvando del tiempo los valladares,
como un rayo de luna sobre los mares
pasas por el abismo de mis tristezas.

No más en la tersura de mis cantares
dejará el desencanto sus asperezas;
pues Dios, que dio a los cielos sus luminares,
quiso que atravesaras por mis tristezas
como un rayo de luna sobre los mares.

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