ANTONIO MACHADO

  Alfonsina Storni nació el 29 de mayo de 1892 en Sala Capriasca, en Suiza. A los cuatro años se trasladó con sus padres a Argentina. Cuando tenía catorce años, murió su padre y ella se dedicó a trabajar en una fábrica para ayudar en casa. Participó en una compañía de teatro mientras continuaba sus estudios, y luego de dedicó a la docencia. Tras el nacimiento de su hijo Alejandro trabajó en el comercio, hasta que el Consejo Nacional de Educación le otorgó un nombramiento. A partir de entonces se dividió entre la enseñanza y las cátedras de declamación en el Teatro Infantil Municipal Labardén y en el Conservatorio Nacional, donde se desempeñó hasta sus últimos días. Inició su carrera literaria en 1916 con el libro "La Inquietud del Rosal" en el estilo del romanticismo. Publicó otros libros como "El Dulce Daño", "Irremediablemente"  y "Languidez". Viajó por Europa entre 1930 y 1934, lo que produjo un cambio de estilo poético, evidente en sus mejores libros, "Mundo de Siete Pozos" y "Mascarilla y Trébol". En 1935 se le diagnosticó un tumor del que fue operada, aunque el cáncer continuó y ella pasó por períodos depresivos tras el suicidio de amigos como Horacio Quiroga, Leopoldo Lugones y Egle Quiroga. En octubre de 1938 viajó a Mar del Plata, desde donde envió dos cartas a su hijo y un poema de despedida al diario La Nación. Acabó con su vida en la playa de la Perla en el Mar de Plata el 25 de octubre de 1938. 

HE ANDADO MUCHOS CAMINOS

He andado muchos caminos 
he abierto muchas veredas; 
he navegado en cien mares 
y atracado en cien riberas.

En todas partes he visto 
caravanas de tristeza, 
soberbios y melancólicos 
borrachos de sombra negra.

Y pedantones al paño 
que miran, callan y piensan 
que saben, porque no beben 
el vino de las tabernas.

Mala gente que camina 
y va apestando la tierra...

Y en todas partes e visto 
gentes que danzan o juegan, 
cuando pueden, y laboran 
sus cuatro palmos de tierra.

Nunca, si llegan a un sitio 
preguntan a donde llegan. 
Cuando caminan, cabalgan 
a lomos de mula vieja.

Y no conocen la prisa 
ni aun en los días de fiesta. 
Donde hay vino, beben vino, 
donde no hay vino, agua fresca.

Son buenas gentes que viven, 
laboran, pasan y sueñan, 
y un día como tantos, 
descansan bajo la tierra.

APUNTES

I
Desde mi ventana,
(campo de Baeza,
a la luna clara!

¡Montes de Cazorla,
Aznaitín y Mágina!

¡De luna y de piedra
también los cachorros
de Sierra Morena!

II
Sobre el olivar,
se vio a la lechuza
volar y volar.

Campo, campo, campo.
Entre los olivos,
los cortijos blancos.

Y la encina negra,
a medio camino
de Úbeda a Baeza.

III
Por un ventanal,
entró la lechuza
en la catedral.

San Cristobalón
la quiso espantar,
al ver que bebía
del velón de aceite
de Santa María.

La Virgen habló:
Déjala que beba,
San Cristobalón.

IV
Sobre el olivar,
se vio a la lechuza
volar y volar.

A Santa María
un ramito verde
volando traía.

¡Campo de Baeza,
soñaré contigo
cuando no te vea!

V
Dondequiera vaya,
José de Mairena
lleva su guitarra.

Su guitarra lleva,
cuando va a caballo,
a la bandolera.

Y lleva el caballo
con la rienda corta,
la cerviz en alto.

VI
¡Pardos borriquillos
de ramón cargados,
entre los olivos!

VII
Tus sendas de cabras
Y tus madroñeras,
Córdoba serrana!

VIII
¡La del Romancero,
Córdoba la liana!...
Guadalquivir hace vega,
el campo relincha y brama.

IX
Los olivos grises,
los caminos blancos.
El sol ha sorbido
la calor del campo;
y hasta tu recuerdo
me lo va secando
este alma de polvo
de los días malos.

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