Mariannik estás callada las palomas beben en tus ojos
Cada mirada tuya ha caído en la tarde como una fruta
Déjame hacerte un cuento soy un mal contador
mis historias comienzan a veces por el fin
A veces cuento cosas demasiado recientes
o cosas que aún no tienen el color de la realidad
La dulzura de tu silencio alimenta mis palabras
Mi cuento empieza a tomar una forma de cuento para tí
Había una vez
un bandido por las calles de París
Se llamaba Ben Al-Sabuni
Una muchacha caminaba por el bulevar Saint-Germain
Era blanca como tú sus cabellos como al miel en la lengua de un niño
Ella caminaba de prisa Ben Al-Sabuni iba detrás
con un puñal en cada ojo
Me estás oyendo Mariannik el bandido esperaba el momento oportuno
y la muchacha no se volvía no quería mirar
aquella sombra amenazante
Al fin en una calle vacía él la alcanzó
Ella estaba perdida no podía gritar
sus ojos veían los puñales del bandido
Ben Al-Sabuni le dijo precipitadamente te amo
pero en esos momentos ella se esfumó como una estrella sobre el río
y el cuerpo del bandido se desplomó
en el asfalto con reflejos violáceos
Pobre Ben Al-Sabuni
asesinado por el vuelo de la estrella que estaba a punto de atrapar
Su cuerpo yacía cerca de la plaza Saint-André-des-Arts
Los puñales de sus ojos habían perdido el resplandor.
En sus bolsillos hallaron cien poemas de amor
para aquella muchacha que se llamaba Kinnairam
No sé si me estás oyendo Mariannik
En París ocurren cosas extrañas
A veces la belleza se arrastra por la calles bajo los árboles
rachas de fuego del otoño papeles sin destino
Tú estás callada yo te cuento un cuento
Las palomas que bebían en tus ojos revolotean ahora sobre el Sena
Ellas son las primeras estrellas de la noche. |