MIGUEL HERNÁNDEZ

      Miguel Hernández nació el 30 de octubre de 1910 en Orihuela, España. Aunque inició sus estudios en un colegio de jesuitas, lo abandonó pronto para trabajar como lechero y pastor; ya entonces era muy aficionado a la lectura de la poesía clásica española. Publicó algunos poemas en el periódico de Orihuela y en la revista El Gallo Crisis. En 1931 se trasladó a Madrid, pero regresó a su pueblo natal al no encontrar empleo. Regresó a la ciudad más adelante, mejor preparado y encuentra su lugar en el ambiente literario español. Se unió al Partido Comunista Español y durante la República tomó parte en las Misiones Pedagógicas, intentando llevar la cultura a las zonas más deprimidas de España. Durante la Guerra Civil española se alistó en el ejército republicano y asistió al Congreso internacional de intelectuales antifascistas de 1937 en Valencia. Tras la guerra fue detenido en la frontera con Portugal. Condenado a pena de muerte, se le conmutó por la de treinta años. Falleció debido a la tubercolosis el 28 de marzo de 1942 en el penal de Ocaña en Toledo. Hernández une en sus obra la calidad estética de la poesía del Siglo de Oro con una gran fuerza expresiva. Entre sus obras se cuentan Viento del Pueblo, El Hombre Acecha, Cancionero y Romancero de Ausencias y su obra maestra, El Rayo que no Cesa

TENGO ESTOS HUESOS HECHOS A LAS PENAS

Tengo estos huesos hechos a las penas
y a las cavilaciones estas sienes:
penas que vas, cavilación que vienes
como el mar de la playa a las arenas.

Como el mar de la playa a las arenas,
voy en este naufragio de vaivenes,
por una noche oscura de sartenes
redondas, pobres, tristes y morenas. 

Nadie me salvará de este naufragio
si no es tu amor, la tabla que procuro,
si no es tu voz, el norte que pretendo.

Eludiendo por eso el mal presagio
de que ni en ti siquiera habré seguro,
voy entre pena y pena sonriendo.

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