OCTAVIO PAZ

     El escritor mexicano Octavio Paz (1914-1998) es una de las figuras más importantes en las letras latinoamericanas. Sus planteamientos ideológicos y literarios han jugado un papel importantísimo en la literatura del siglo XX. Apoyó a los intelectuales revolucionarios durante la Guerra Civil Española. Fundó en México la revista Taller, con el objetivo de desarrollar la producción literaria de su país. Se trasladó a París en 1945, y entre 1962 y 1968 ocupó un cargo diplomático en la India. Entre sus obras más importantes están Libertad bajo Palabra, Piedra de Sol, Salamandra y Ladera Este. También se deben mencionar sus trabajos como ensayista, con las obras El Laberinto de la Soledad, y Sor Juana Inés de la Cruz o las Trampas de la Fe.

MAR POR LA TARDE

Altos muros del agua, torres altas,
aguas de pronto negras contra nada,
impenetrables, verdes, grises aguas,
aguas de pronto blancas, deslumbradas.

Aguas como el principio de las aguas,
como el principio mismo antes del agua,
las aguas inundadas por el agua,
aniquilando lo que finge el agua.

El resonante tigre de las aguas,
las uñas resonantes de cien tigres,
las cien manos del agua, los cien tigres
con una sola mano contra nada.

Desnudo mar, sediento mar de mares,
hondo de estrellas si de espumas alto,
prófugo blanco de prisión marina
que en estelares límites revienta,

¿qué memorias, qué rocas, yelos, islas,
informe confusión de aguas y nada,
qué mares, encendidos prisioneros,
dentro de ti, bajo tu pecho, cantan?

¿Qué violencias recónditas, qué labios,
conmueven a tu piel de verdes llamas?,
¿qué desoladas aguas, costas solas,
qué mares invisibles, mar, alías?,

¿dónde principias, mar, dónde te viertes?,
¿dónde principias, tiempo, vida mía,
ejército de humo y de mentira,
adónde vas, latido, carne, sueño?

¿Dónde te viertes, avidez de nada?
No soy la piedra que se precipita,
soy su caída, y más, soy el abismo,
el círculo de sombra en que se ahonda.

Tiempo que se congela, mar y témpano,
vampiro de la luna —o se despeña:
madre furiosa, inmensa res hendida,
mar que te comes vivas las entrañas.

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