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La física cuántica ha demostrado que todo lo que nos rodea puede expresarse en forma de átomos y partículas. Si pudiésemos observar una pelota de tenis al tamaño del planeta, podríamos ver sus átomos tan grandes como cerezas, pero ni el núcleo ni los electrones podrían distinguirse. Si la agrandásemos hasta hacerla tocar la luna, los átomos serían del tamaño de un edificio; Poco más grande que una mota de polvo encontraríamos el núcleo y todavía nos quedaría llegar a los electrones. En el mismo núcleo existen todo tipo de partículas que se golpean, se crean y se destruyen a medida que la energía se convierte en materia y viceversa. Aún más pequeños son los "quarks", los aún por descubrir "preones" y lo que se considera el último ladrillo de la materia: el "top quark". Los físicos de altas energías se enfrentan al reto de detectar la partícula de Higgs, que se considera fundamental para descubrir el origen de la masa. Una cosa es imaginar un micromundo y otra es conocer como éste evoluciona hacia sistemas tan complejos como los seres vivos. En física y astronomía es frecuente toparse con sistemas que se autoorganizan cuando pasan de un estado predecible a otro más complejo. El Premio Nobel Prigogine, demostró que en química y biología el fenómeno resulta mucho más sorprendente. Especialmente en los llamados relojes químicos que, a pesar de tratarse de concentraciones caóticas de varias sustancias químicas, cuando se les aporta algún tipo de energía, se autoorganizan. Lo sorprendente es que las fuerzas entre las moléculas individuales de un reloj químico operan a distancias del orden de ¡centímetros!. Billones y billones de átomos comienzan a cooperar en perfecta sincronía como si respondiesen a una orden superior. Es como si un habitante de la Tierra, otro de Neptuno y otro de Sirio supiesen en el mismo instante y sin comunicación previa visible que debían ponerse a bailar. Las moléculas saben, de alguna manera que desconocemos, lo que las otras moléculas harán al mismo tiempo en unas distancias para ellas macroscópicas. Las partículas se combinan de modo enigmático entre ellas para producir átomos y moléculas complejas que, de forma aún más misteriosa, se organizan en seres vivos, los cuales, por motivos desconocidos, son cada vez más perfectos. El origen de la vida, aunque parezca mentira, es el tema de investigación principal de infinidad de científicos de renombre mundial. No están tan claros los orígenes de la vida como pudiera parecer. En sí misma, no tiene sentido, por más electricidad que le inyectemos a ciertos elementos químicos. Éstos, seguirían siendo los mismos elementos electrificados, es más, incluso fundidos entre ellos creando nuevos elementos, pero seguirían electrificados. Por otra parte, si lo miramos fríamente, no tiene ningún sentido -ni ninguna necesidad- el que un planeta contenga vida, ni siquiera vegetal, en líquenes o simplemente bacterias. Las investigaciones sobre el origen de la vida se remontan a antaño, pero no tan lejano de nuestros días, el científico español Juan Oró, en 1961, realizó unas declaraciones a la revista internacional Nature, exponiéndose abiertamente a la crítica internacional al afirmar que: "Con toda probabilidad, los primeros elementos vivos que aparecieron sobre la Tierra no fueron autóctonos de este planeta, sino que se generaron en otros puntos del Universo y vinieron a parar aquí transportados por grandes meteoritos. Hoy en día son muchos los científicos que aceptan esta teoría, por ejemplo el estadounidense Armand H. Delsemme, profesor de la Universidad de Toledo (Ohio), quien avala lo dicho por el profesor Oró y añade: "Con casi toda certeza, la mayoría de las moléculas prebióticas hoy conocidas, incluyendo el agua y los aminoácidos, fueron primero sintetizadas en el espacio y después traídas hasta la superficie de la Tierra en grandes cuerpos de hielo, con diámetros oscilantes entre uno a diez kilómetros de envergadura, impactando miles de veces consecutivas en diferentes partes del planeta. Estudios al respecto del origen de la vida en nuestro planeta, ratifican la aparición de los primeros organismos celulares complejos hace cuatro mil millones de años, "tan solo" quinientos millones de años después de la aparición en el sistema solar de nuestro pequeño planeta azul. Más atrevido es aún el Premio Nobel Francis Crik (que obtuvo el preciado galardón en 1962 conjuntamente con James Watson, por el descubrimiento de la estructura del ácido desoxirribonucleico o ADN) al defender que tras muchos años de investigación del código genético de los seres vivos, ha llegado a la conclusión de que la vida en la Tierra, fue traída deliberadamente por una supercivilización galáctica. El Premio Nobel asegura con rotundidad, al respecto de esta supercivilización, que "esos seres descubrieron nuestro mundo en formación. Entonces se embarcaron en una experiencia que hoy nos parece imposible pero que, dentro de unas decenas de años, estaremos en condiciones de emprender: crear vida inteligente. No exactamente como el Dios de la Biblia, que bajó a la Tierra a fin de modelar un poco de barro para formar a Adán, pero casi. Ellos hicieron que en ese barro original se pudiera sembrar una bacteria (o algún otro microorganismo), programado de tal manera que, al cabo de varias decenas de miles de años, desembocara en lo que somos nosotros". Muchos científicos coinciden en que la única fórmula útil para saber si la vida estuvo programada por alguna inteligencia es descubrir su expresión más primitiva. El profesor Schopf, la más destacada autoridad mundial en el estudio de microfósiles y una de las pocas personas que ha podido colocar en su cristal del microscopio seres vivos fosilizados de tres mil quinientos millones de años de antigüedad, defiende la idea de que "la vida ya estuvo presente en la Tierra durante los primeros mil millones de años de antigüedad del planeta. Lo que me sorprende más es que fósiles muy cercanos cronológicamente a la aparición misma de la Tierra muestran un aspecto bioquímica y fisiológicamente bastante complejo, incluso parece cierto que estos primeros fósiles conocidos podían llevar a cabo procesos de fotosíntesis. Exactamente iguales a los que hoy realizan la mayoría de las plantas y bacterias fotosintéticas". Su propuesta es ratificar la teoría de estructuras avanzadas que cayeron a la Tierra a bordo de meteoritos de grandes dimensiones. El más relevante especialista norteamericano en los programas de búsqueda de inteligencia extraterrestre, Frank Drake, y creador de la conocida ecuación de Drake (N=R + fp ne fl fi fc L), estima que solo en nuestra galaxia deben existir cien mil millones de civilizaciones desarrolladas, de las cuales es muy probable que diez mil estén técnicamente capacitadas para comunicarse con nosotros. "Lo difícil -afirma- es encontrarlas." Así pues, tenemos que pensar que todo el universo ha sido condicionado para que surja el ser humano en este planeta, o que la vida es un proceso común en el Universo? Si la Tierra es un planeta corriente y la vida un proceso habitual del Universo, entonces es lógico pensar que muchísimos otros lugares del Cosmos están habitados por seres vivos inteligentes. No cabe duda de que la vida no sólo es un desafío para la ciencia, sino que sus resultados validarían una y otra hipótesis sobre el origen de nuestra existencia. |
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