
EL ORIGEN DE LAS RELIGIONES por Gracia Torres |
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Establecer los orígenes de las religiones no es posible a menos que rompamos algunos esquemas preestablecidos en nuestra sociedad. La idea de que el hombre encuentra a Dios a través de su búsqueda existencial es errónea. Por su curiosidad innata, derivada de su capacidad de razonamiento, el hombre experimenta con los elementos y la naturaleza en búsqueda de respuesta a sus preguntas, por lo que su encuentro con un hacedor de todas las cosas, es demasiado complejo para que se le ocurra a él solo como respuesta a su curiosidad. Si aceptamos la evolución de Darwin, tendríamos que buscar en qué momento el hombre se separa del resto de homínidos y por qué. Cual fue el primer pensamiento como tal? Dónde, cuándo y por qué nace la necesidad de comunicarse con un lenguaje complejo complementando el de sonidos y gestos?. Quizá deberíamos remontarnos al momento en el que el primer prehumano recuerda su sueño al despertar. Sorprendido, intenta compararlo con sus recuerdos del día anterior e incluso hasta que su memoria le permita, para poder comprender que es lo que está recordando, a qué parte de su realidad cotidiana corresponde. Realiza un ejercicio mental que puede traducirse como su primer pensamiento. Ese primer pensamiento fue una simple sensación de sobresalto, al tener un recuerdo que no sabe donde colocar. Continuando con la evolución natural, nos encontramos con un grupo de homínidos prehombres capaces de recordar sueños, capaces de saber que no forman parte de su rutina cotidiana y que no comprenden las situaciones que en los sueños se desarrollan. Ahí nace la necesidad de un lenguaje más complejo. Ya no se trata de cazar, abrigarse, defenderse, alimentarse, realizar tareas comunes... Ahora hay algo nuevo que ninguno de los gestos y sonidos con los que se comunican pueden expresar: Los sueños. Pensamientos y recuerdos abstractos. Necesitan de un razonamiento para diferenciar la realidad de los sueños, y un lenguaje abstracto con el que poder contárselo a sus congéneres. Nace el lenguaje como nueva forma de comunicación. Cada vez, generación a generación, se vuelve más complejo, conforme se incrementa la capacidad de tener pensamientos abstractos, cuya raíz encontramos en el absurdo de los sueños, y ante la necesidad de compartir su experiencia con los demás. Nacen las preguntas y la necesidad de obtener respuesta. Todo se convierte en causa de preguntas sin respuesta: El calor que poduce la exposición al sol; La sensación del viento en la cara, moviéndolo todo con su fuerza invisible; La lluvia que cae desde el cielo; El calor del fuego, su destructiva voracidad, la luz que proporciona en la noche; La luna con sus fases repetitivas y periódicas; La corriente de agua de los ríos, siguiendo siempre la misma dirección; Por qué el pajaro vuela; Por qué el pez vive en el agua; Por qué nace una flor y luego se convirte en fruto una y otra vez; etc... El hombre ya no acepta que las cosas ocurran por que sí y busca explicaciones para todo. Magnifica lo que descubre y le atemoriza lo que no comprende. Pero aún no tiene capacidad para unificar todo lo que le rodea y adorar a un solo ente creador, como hacedor de todas las cosas. Ni siquiera puede imaginar que haya seres mágnificos, a su imagen y semejanza (y que además no pueden ver), que sean capaces de crear todas las cosas, incluso a ellos mismos como capricho de dioses. Es una presunción demasiado atrevida para que se les ocurriese a seres tan primitivos como nuestros ancestros. Por lo que hace inevitable aceptar la presencia externa de seres avanzados en nuestra historia como nacimiento de las religiones, monoteístas o politeístas, dependiendo de la presencia, y los períodos de estancia, de estas entidades entre los distintos núcleos humanos y su involucración con la especie. Que la historia y la ciencia no acepten su presencia como un hecho real e importante en nuestra evolución, no significa que no existieran. Hay demasiados vestigios de su presencia en nuestro pasado como para negar su participación. Solo así tienen explicación las grandes civilizaciones de la antigüedad que nacieron de la nada. Haciendo caso a documentos, tablillas y tradiciones verbales llegados hasta los despachos de la ciencia más moderna, nos encontramos reflejada su presencia en toda la geografía de nuestra orbe. Remontándonos a los vestigios más antiguos de nuestra historia, todas las culturas reflejan el nacimiento de la moderna humanidad de la mano de seres superiores, de carne y hueso, que vivieron entre nosotros. Lo que nuestros antepasados más primitivos llamaron dioses, conviviendo físicamente con ellos, estableciendo normas, impartiendo enseñanzas... no eran otra cosa que visitantes de otros mundos. Seres que nacen, crecen y mueren de la misma forma que lo hacemos nosotros, y cuya tecnología escapaba a la comprensión del momento. Así, seres primitivos, con una capacidad de razonamiento limitada, acatan la voluntad y las enseñanzas de otros entes, venidos del cielo, supuestamente allende nuestro sistema solar, con tecnología y conocimientos más avanzados de los contamos en la actualidad, pero que cada día que pasa, comprendemos mejor. Conceptos como viajar por el aire, comunicaciones a distancia o paseos espaciales, cada vez nos son más familiares. Es tan natural viajar en avión, usar el teléfono móvil, navegar por internet, ver la televisión vía satélite y tantas cosas más, que no nos cuestionamos como funcionan ni desgranamos la tecnología que lo hace posible. Solo están ahí y las usamos. Podemos hacer oídos sordos a las evidencias, ridiculizar a quien se atreva a defender la presencia de extraterrestres en nuestra historia más antigua, o incluso dejar en el misterio, como anécdota y cosa curiosa, los conocimientos llegados hasta nosotros de civilizaciones tan antiguas como la sumeria o la cultura dogón, que no solo hablan de seres superiores venidos de más allá de las estrellas, sino que, además, conservan conocimientos científicos y astronómicos que hasta hace poco (menos de cien años) nuestra avanazada ciencia no ha conocido, como la existencia de Plutón, descubierto a principios del siglo XX, la dualidad de la estrella sirio o la doble élice de nuestro ADN. El hecho es que si ensamblamos la pieza del rompecabezas en su lugar correspondinete, muchas de las cosas que nos parecen un misterio, tendrán sentido. La tecnología avanza a pasos agigantados gracias, principalmente, a dos personajes de nuestra historia recinte: A Gutemberg, con su invento de la imprenta de tipos móviles, que permitió la difusión de la cultura y a Thomas Alba Edison, que con sus más de mil inventos revolucionó la tecnología. A él le debemos el invento de la lámpara electrica incandescente, o bombilla; el fonógrafo; el micrófono; el kinetoscopio (una cámara rudimentaria de cine); el cine sonoro; el audífono; la batería alcalina de almacenamiento; el fluoroscopio (rayos X)... y así seguiríamos con una lista interminable de aportaciones a la humanidad. La robótica ya es sorprendente desde sus albores y la clonación es de vox populi en la calle. Hablamos de manipulaciones genéticas, de clonaciones, de reproducción in vitro, de híbridos, de fotones, de física cuántica, de la teoría de la relatividad, con la mayor naturalidad, sin cuestionarnos que si lo que pretendemos es convertirnos en Dios. Disponemos de grúas de gran tonelaje, elevadores, vehículos dirigidos por ordenadores, GPS, teléfonos inalámbricos y portátiles, internet sin cables, aviones supersónicos, misiles nucleares teledirigidos que pueden ser enviados al otro lado del mundo y errar su objetivo en +- un metro, satélites... y nos parece de lo más normal. Más que cuestionarnos la presencia de seres externos en nuestra historia, deberíamos preguntarnos por qué se fueron; por qué no se han encontrado vestigios irrefutables de su presencia, o por qué la ciencia y la política esconden este hecho. Quizá, si sabemos lo que tenemos que buscar, podamos encontrar algo. Comenzando por que es un hecho constatado que la Tierra ha modificado sus ejes de rotación en varias ocasiones; Continuando por la búsqueda de grandes islas sumergidas, como Lemuria o la Atlántida; Y terminando por las distintas glaciaciones, por no mencionar otras posibles causas, encontraremos las respuestas. Me permito transcribir aquí parte de "Sanartah, más allá de la luz" como el concepto que tendrían los antiguos de nosotros, en la actualidad, para no repetirlo.
-.." Imagínate que cogemos a un aborigen de Australia o a uno de la selva amazónica y nos lo llevamos a Nueva York, o a Tokio, dentro de un avión supersónico; le subimos en un ascensor al último piso del más alto de los rascacielos y le mostramos la ciudad desde allí. Le hacemos una demostración de las más altas tecnologías en maquinaria industrial, de los super-ordenadores y de la realidad virtual. Le llevamos a la N.A.S.A. y le convertimos en observador de un lanzamiento espacial o mejor aún, en uno de sus tripulantes. La televisión y la radio también estarían incluidas en las demostraciones, así como algo tan simple como un grifo, un frigorífico o una simple lata de sardinas. Después de todo esto, lo retornamos a su tribu y le dejamos explicar todo lo que ha visto u oído mientras escuchamos a escondidas. ¿Cómo crees que podrá explicar todo lo que ha visto y experimentado si ni siquiera puede llamarlo por su nombre? -Me imagino que utilizará símiles y que su relato será tan increíble que nadie le creerá. -Y si antes de dejarlo le advertimos que algún día regresaremos a por él o su descendencia y le permitimos quedarse con algún recuerdo de su breve estancia con nosotros? -Estamos creando una nueva religión con un símbolo de adoración. Quizá no los convenciese solo con sus palabras, pero si éstas las acompaña con algo extraordinario que demuestre su veracidad, nuevos adeptos se unirán a la adoración del fetiche y el relato pasará de generación en generación desvirtuándose con el tiempo -Hice una pausa y continué - ¡Seríamos para ellos dioses! Formarían sacerdotes que se encargasen del mantenimiento y embellecimiento del mudo testigo así como de su custodia, convirtiéndose en sagrado y lo adorarían."... ..."No siendo mentira, tampoco es la verdad y cuando su propia evolución a través de miles de años les lleve a manejar los poderes que su religión adora, caerán en el vacío en que vosotros os encontráis en éste momento y nuevas respuestas serán necesarias para la continuación de la evolución humana." ... "Sanartah, más allá de la luz" Capítulo V -..."Se os mantiene encerrados en vuestro sistema solar, como un niño en la guardería, hasta que seáis mayores. Hasta que no perdáis vuestro afán de poder y conquista, no podréis acceder al resto de planetas habitados y por habitar. La espiritualidad del ser humano, es un código de barras que abre todas las puertas del conocimiento ilimitado y solo el avance espiritual, no individualmente, sino en su conjunto, es el medio de manejarlo."... -..."Si tuvieseis la tecnología necesaria, navegaríais por el espacio en busca de mayores conocimientos, encontrando mundos habitados por otras formas de vida inteligentes. Encontraríais mundos, en los que su estado de evolución fuese precario. Y no sería nada descabellado, ni influiría negativamente en su evolución, que les enseñaseis el arte del cultivo y les dieseis unas reglas básicas de higiene. Seguiríais su evolución con interés, sin influir en su desarrollo planetario, aunque mejorando su status de vida. Haríais en otros mundos, lo que actualmente estáis haciendo en países de escasos recursos o “tercermundistas”, como les llamáis vosotros y no termino de comprender por qué. "... -..."Cada vez que aparecieseis entre ellos y os dejaseis ver, creerían, sin duda, que sois dioses, o los ángeles de Dios (vuestro comandante), por no poder comprender vuestra tecnología. Seríais para ellos, los hacedores de vida y milagros que vosotros creéis que lo fuimos nosotros en la historia de la humanidad y en la creación de las religiones, que no son otra cosa que unas reglas éticas e higiénicas, aparte de la seguridad que supone, para seres altamente civilizados, el protegerse de primitivos habitantes sin ética ni moral alguna."... "Sanartah, más allá de la luz" Capítulo VII
El nacimiento de las religiones, surge como obligación de acatamiento, respeto y obediencia hacia esos seres superiores que no sabemos de sonde vinieron, pero que estuvieron ahí, en las postreras puertas de nuestra historia. Es inevitable que aceptemos la presencia externa en los tratados más remotos de nuestra civilización para comprendernos a nosotros mismos, para poder llenar el vacío de Dios en el que la humanidad se encuentra sumergido. Si los grandes poderes científicos y políticos siguen negando la evidencia, tendremos que, lamentablemente, quedarnos sin respuesta hasta que, de nuevo, regresen nuestros "creadores" y sean ellos mismos quienes nos lo cuenten. La secularización se hace obligatoria y nuevos conceptos sobre la divinidad entran en juego. A punto de convertirnos en dioses, nos preguntamos: dónde se queda Dios?. Mientras, como nuestros primitivos abuelos, seguimos magnificando lo que descubrimos y nos atemoriza lo que no comprendemos, bloqueando la entrada a nuevas aportaciones que enriquezcan nuestro concepto sobre la vida y desmitifiquen nuestra soledad en el Universo. Será que en el fondo no hemos avanzado tanto?. |
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