LA BELLEZA

La belleza, desde tiempos memoriales, ha sido todo aquello que nos es agradable a la vista, y por una cualidad inherente al ser humano, desde el principio de las civilizaciones, los individuos se han esmerado en resultar bellos a los demás.

Las mujeres de alta posición social, cortesanas y reinas, asumieron para sí el papel principal de los cuidados de belleza. Desde la antigua Grecia, Egipto o Babilonia, nos llegan recetas de belleza y cuidados de la piel, todavía vigentes en nuestros días.

Así, por ejemplo, nos encontramos con consejos sencillos y eficaces que nos pueden sacar de más de un apuro este verano.

Rebusquemos en el arcón de la abuela y recuperemos algunos consejos para disfrutar del sol sin riesgos.

Antes de exponerse a los rayos, conviene tomar algunas precauciones:

Evite tomar el sol de 11 de la mañana a 3 de la tarde.

Tome una zanahoria antes de salir de casa para facilitar el bronceado y no olvide protegerse los ojos con unas buenas gafas que impidan la filtración de los rayos UV-A y UV-B.

Para un bronceado sin riesgos hágase su propio bronceador. Pruebe a mezclar 10g de aceite de jojoba, 30g de aceite de palta, 30g de aceite de sésamo o de cáscara de arroz y 20g de aceite de oliva. Enváselo y aplique antes de tomar el sol. No aplicar ningún perfume, así evitará las manchas en la piel.

Cuando vuelva a casa, no olvide hidratar la piel. Tras una ducha de agua fría, rocíe su cuerpo con agua de manzanilla antes de aplicar una buena loción hidratante con colágeno, elastina o vitamina. A, según su tipo de piel . Las propiedades de la manzanilla son descongestivas. Es ideal para un alivio rápido a las pieles que enrojecen fácilmente.

Para evitar la sequedad de la piel en el rostro y la aparición de desagradables arrugas, funda al baño maría 3 cucharadas soperas de lanolina, sin que hierva y añada una cucharada sopera de aceite de girasol y otra de leche de almendras. Remueva bien, añada una cucharadita de té de esencia de almendras y aplique sobre la cara cada vez que la sienta tirante.

Si ya se quemó, rocíe con un algodón, agua de soda sobre las quemaduras solares. También puede usar, a falta de soda, agua con gas. Otro remedio es el zumo de limón y vinagre a partes iguales. Moje un paño de algodón en la solución y rellénelo con cubitos de hielo antes de aplicarlo en la zona dañada.

Para conservar el bronceado, no hay nada como los baños de té una vez por semana.

Y sobre todo, consulte al médico o esteticien sobre su tipo de piel. Es quien mejor podrá orientarle para conseguir que este verano luzca una piel sana y bronceada.

Gracia Torres